Carajillo de pacharán

 

Alguien dijo que el carajillo es estridencia y griterío vulgar de sobremesa, el destemple del café y el chillido del licor.

Hoy nos situamos geográficamente, pero este post puede extenderse a otros lares. Es todo tan asquerosamente previsible… Hablemos de la política navarra, revuelta y embroncada, encanallada como casi siempre, y afirmemos, en función de los hechos, que es más política que navarra; es decir, importa menos la DO, el apellido, que el sustantivo. De lo pedestre que resulta, quiere decirse. No en vano han sido imputados cuatro de sus siete presidentes comunitarios, y uno de ellos terminó en la cárcel, de manera que no vale de mucho aquí echarse flores forales u otras zarandajas de idiosincrasias irrenunciables. Esto es lo que hay: carne débil frente a rutilantes tentaciones y una vulgaridad cansina en la respuesta pecadora; como digo, parecida a cualquier otra del amplio mosaico que nos presenta el país en asuntos de turbiedad, política y social. (Si acaso, peculiaridad sería que en esta tierra son más de temer los políticos puestos a dieta que los cebados: aquí las dietas sólo adelgazan al contribuyente).

Este repudiable comportamiento reiterado, en ocasiones sólo dirigido contra la ética (casi nada) e instalado a buen recaudo en la legalidad vigente, establecida por ellos mismos, se justifica de muchas maneras. Una de ellas habla de una comunidad pequeña. Pero muy atomizada en siglas políticas, con un componente extra de vascos y anti-vascos, lo cual hace muy difícil su gobernabilidad. Mentira, el discurso. Habría que partir de la premisa sagrada de que cada cual puede pensar y votar lo que le dé la real gana, y obligación de los políticos es llevar a buen puerto y amalgamar la disparidad de criterios en aras del progreso, del entendimiento y, por encima de todo, del buen gobierno de los administrados. No será fácil, claro, pero se supone que ellos se presentan a ejercer la política para servir. Ahí tienen un reto apasionante, salvo que eso les importe un pimiento y sea su amagada voluntad la de alcanzar el poder y no soltarlo así se hundan todos los puentes de Calatrava. Si es que resta alguno en pie.

Junto a la ética hecha trizas, la locuacidad penosa de los políticos navarros arde en pasiones partidistas, en las que son maestros, y carece de pensamientos generosos y más universales que la cicatera defensa de las propia marca. Por ahí se van las promesas de anteponer a los ciudadanos por encima de sus intereses particulares como políticos, hasta llegar a negar las evidencias, caer en el y tú más u ofrecer el espectáculo lamentable y demagogo de sin mí, el fin del mundo. Cuando, si echamos la pelota al suelo en una mínima reflexión, sabemos que ser peor que otro ni se justifica ni ennoblece; y conocemos, asimismo, que no hay político en el mundo cuyo desembarco en la inexistencia pueda suponer la debacle.

Y, luego, claro, estamos nosotros, los que votamos y nos rebotamos, los que bailamos el agua a unos y negamos el pan a otros, perdonamos las vigas a los nuestros y nos dedicamos a amplificar el tamaño de las pajas ajenas. Nosotros, tan culpables, por tolerar que nos toreen como si fuéramos becerros de capeas, sin experiencia alguna; nosotros, que, por encima de todo, tenemos en común el hecho de ser ciudadanos y el derecho a exigir ser gobernados sin dolo; y, sin embargo, caemos en la misma trampa y anteponemos los apellidos a los hechos, las trifulcas a los logros. Nos sumamos a las siglas, anteponemos lo equivocado, y así nos va.

¡Ay, carajillo de pacharán!, lo mismo podrías ser de orujo, brandy, chinchón o de aromas de Montserrat. La barra de este país es larga, da para mucho. Demasiado.

 (Gracias por la visita. Regreso el domingo, día 2)

En Twitter: @PZudaire

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Una respuesta a Carajillo de pacharán

  1. Iñigo Alli dijo:

    Se equivoca conscientemente clasificando a todos los políticos de igual modo y generalizando el comportamiento de unos cuantos en detrimento de todos.
    Llegué a la política hace un año y medio.
    Porque quería y quiero “cambiar desde dentro” las políticas en apoyo a las personas con discapacidad como mi hija, y como ella a todas las personas con discapacidad de Navarra, a las personas en exclusión social, a los niños en desprotección, a las familias más vulnerables…
    Me hice político para servir. Para visualizar la sociedad navarra de dentro de diez años que sueño y tomar hoy las decisiones para lograrlo.
    Me hice político para transformar mi entorno desde la humildad, escuchando, atrayendo el talento de expertos y desde la escasez.
    Y me siento orgulloso de decirme político, aunque muchos como vd quieran estigmatizarnos. Y quiero que sepa que estigmatizar duele, como me duele cuando algunos, con mala fe o por desconocimiento, clasifican, estigmatizan y “separan” a mi hija por tener una discapacidad.

    Estos 17 meses me habré equivocado muchas veces, pero le aseguro que siempre he intentado ayudar a las personas y emprender desde dentro.

    Iñigo Alli

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