Horas extraordinarias

 

El final no fue del todo feliz, pero al menos los jueces pusieron de su parte para mitigar el descalabro.

No todo ha de ser espeso ni las noticias tienen por qué acogotarnos siempre y llegar con la factura puesta. Pasan muchas cosas en el mundo. Sucesos como el presente te hacen ver la justicia de otra manera. El caso es que un tribunal australiano ha ordenado que se indemnice a una funcionaria pública, dicho sea pública con todo el respeto, que sufrió un accidente mientras practicaba relaciones sexuales. Ocurrió durante un viaje de trabajo, y el pleno de los magistrados del Tribunal Federal de Australia rechazó una apelación de la Agencia de Compensaciones Laborales, cuyo argumento sostenía que la cita amorosa de la funcionaria no formaba parte de sus obligaciones oficiales.

En su fallo, los magistrados enfatizaron que no importaba si la empleada había pasado la noche manteniendo relaciones sexuales, jugando a las cartas o haciendo calceta, porque ella todavía estaba trabajando. Y aquí me reconcilio con la justicia porque hay menesteres, conforme pasan los años, que son cada vez más un trabajo; incluso de obligado cumplimiento.

La funcionaria había sido enviada por una oficina gubernamental a un viaje de trabajo y se lesionó al caerle sobre la cara una bombilla mientras mantenía relaciones sexuales con un amigo. Al principio, el amigo atribuyó el griterío a su arte de alcoba, es decir, a la lógica consecuencia de saber hacer bien las cosas, pero su ego ufano sufrió un tremendo varapalo al comprobar que él no era el generador de los aullidos sino unos cuantos vatios salidos de madre (por favor, respetemos la intimidad y dejemos de imaginar la escena).

Ella quedó con la nariz y la boca heridas, y este accidente le causó problemas de ansiedad y depresión, así como la imposibilidad de trabajar por un tiempo. Y todavía habría de añadirse el daño psicológico resultante de que te caiga una bombilla en la cara y te obligue a ser una víctima más del coitus interruptus, que te deja a medias porque para eso es interruptus, y no hace falta saber latín si hay una mínima voluntad de traducirlo.

Pero, mira, ya nos vendrían bien unos jueces como éstos en nuestros juzgados de lo social, donde, por cierto, jamás entenderán que la posición sobre un plano acolchonado entre dos trabajadores es adecuada para que corra el reloj durante la jornada laboral, y hasta los quinquenios, siempre que hayan sido enviados en comisión de servicio. Ni siquiera admitirían una timba de póquer como horas extras. Habrá que conformarse y pensar que Australia nos pilla lejos, que está bocabajo -sólo hay que mirar el mapamundi- y que lo mismo funciona todo al revés. Lo mismo allí no existe el absentismo y se tienen que fastidiar e ir todos los días al tajo, vete a saber. Demasiado bonito lo pintan.

En nuestro país, un caso como el de la funcionaria de marras hubiera terminado con la chirigota incrementada hacia la labor del sector público, ya bastante puesto en canción, y  la posible expulsión de la trabajadora por estar a lo que se celebra en lugar de atender a la faena propiamente dicha.

Aquí, las bombillas sólo se pasan de rosca para darle vidilla y cuerpo al recibo de la luz.

 (Gracias por la visita. Regreso el domingo, día 23)

En Twitter: @PZudaire

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