69) Buenos días, idiotas (*)

Colgados de
la evidencia

Suben la luz, el transporte, los peajes, el teléfono -auténticos abusos, por la ridícula revalorización de salarios y pensiones-, y todo indica que 2012 fue una broma ante este 2013.

Lo mejor de la evidencia es que resulta evidente, y aunque la vistas de seda, evidencia se queda. No es ninguna perogrullada esta afirmación, basta pensar en la confusión generada por las verdades -relativas- o las mentiras -subjetivas- para darse cuenta de la gama de grises extendida entre el blanco y el negro. Pero ante un asomo de engaño o una sospechosa verdad, la evidencia acaba con toda discusión o matiz, interesado o no. Ahora mismo, cuando el atronador ruido de los compromisos adquiridos con los ciudadanos no es ni siquiera un murmullo, la evidencia nos devuelve a la dura realidad.

Lo normal es que vivas tranquilo, sin ponerte a pensar ni en la evidencia ni en su padre, estas cosas sólo se nos ocurren a gente más o menos ociosa que coloca una palabra encima de la pantalla y comienza a rebozarla de ideas. Hay que estar muy mal para hacer esto de albardar palabras, pero tampoco se inflige daño a nadie. O sí, qué sé yo.

El caso es que un buen día se te dispara la mente. Por ejemplo, comienzas a rumiar cuántas veces en tu vida te habrá desnudado la evidencia, porque, no se engañen, esa certeza está por todas partes y te puede propinar buenos garrotazos. Si buscas trabajo, hinchas el currículo y hasta osas poner que tu inglés es de nivel medio; luego, la evidencia te coloca en tu sitio y quedas a la altura del betún porque ese nivel medio no da ni para pedir una pinta de cerveza al camarero de un pub. O sales con una chica y cuentas milongas que, tarde o temprano, la evidencia echará por tierra. Es verdad que, en ocasiones, la evidencia tarda mucho en aparecer y da tiempo a que el engaño cuaje y se vuelva, incluso, productivo en tu beneficio. Pero no hay que confiarse demasiado, llegará el día en que la evidencia llamará a tu puerta y te desplumará.

Sí, la evidencia llama dos veces, o más. A Zapatero -¿se acuerdan de José Luis?- la evidencia lo dejó con el trasero al aire, y todas sus palabras se volvieron huecas en cuanto ella asomó por el horizonte. Todavía peor, ella, la evidencia, ya andaba por aquí con sus números rojos cuando Jotaele se empeñaba en negarla. Al final, ella se impuso, y el hombre se tuvo que ir en busca de otros errores que no fueran tan evidentes.

Pero los políticos no aprenden, aunque yo no creo que sean tontos, eso es muy fácil decirlo. ¿Acaso somos los listos quienes madrugamos para meternos ocho horas en una fábrica? No, tontos no son. Más creo que no aprenden porque no quieren, no les interesa, viven mejor así y si un día llega la evidencia, se la disfraza de sorpresa o de niño de primera comunión, qué más da, y se capea el temporal. Siempre hay por ahí algún aserto perdido y aparente para utilizarlo y, encima, quedar cojonudamente. Por ejemplo, ése que reza: Rectificar es de sabios. Jódete, además de jeta, va a resultar que es inteligente.

Lo dijo hace poco un ministro: A veces, gobernar es repartir dolor. Hala, ahí queda eso, y tendrá razón porque ser gobernados, señor ministro, es también un poco-bastante pertenecer al escabroso mundo del masoquismo. Lo que pasa es que siempre acaban por repartir el dolor en forma inversamente proporcional a la capacidad de sufrimiento, es decir, se aplica el látigo a quien ya está harto de recibir, a quien tiene el depósito rebosante de penalidades. Eso, que es evidente, no lo ha dicho el señor ministro, aunque hubiera sido de justicia reconocerlo. De justicia, también, el ministro.

Hoy, estamos gobernados por la alternativa al evidenciado Jotaele, pero éste de ahora ya se mueve también en pelotas, desvestido por la evidencia. Sus promesas han ido cayendo al vacío durante la travesía del viejo 2012 sin que le asomaran los colores. A Mariano, la evidencia le da para revolverse e insistir en que sus intenciones eran buenas. Lástima que esos impulsos fracasados no den para una mierda a la hora de echar mano al bolsillo.

No lo duden, es otro sabio que ha rectificado, siempre que rectificar incluya entre sus significados poner al pueblo mirando a Cuenca. Y ahí seguimos en 2013, avisados y esperando nuevas embestidas. Que, evidentemente, ya han comenzado.

(Gracias por la visita, regreso el domingo)

 

(*) No hay animus iniuriandi y sólo se apela a los idiotas porque somos mayoría y, así, el blog cobra etiqueta universal

 

 

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