Cuando juega el miedo

En el electrónico, 17-21. A favor. El zaguero rival, tocado, malvive en el partido con la mano derecha muy mermada. Todo se les ha puesto de cara. Además, sacan para ganar. El delantero colorado trota hacia el frontis para poner la pelota en juego con la confianza de que ese será el último tanto. Pero no es así. El delantero azul es tozudo. Tozudo y muy bueno. Se resiste a perder y evita el primer ‘match-ball’. 18-21.

A partir de aquí, las dudas comienzan a anidar en las mentes de los colorados. Ya han perdido dos partidos por 22-21 recientemente, dos de los últimos siete jugados.

19-21. Pío, pío… en ese nido construido por el miedo a perder ya hay hasta un pajarito que ha salido del huevo y que molesta; todavía se le escucha a lo lejos, pero no calla.

20-21. Pío, pío, pío… La concentración de los colorados deja de estar en el frontón, entre las paredes grisáceas y desnudas del Bizkaia. Vuela detrás del maldito pájaro, que ya se ha hecho adulto y se pasea por esos rincones oscuros del cerebro que el trabajo mental previo, las horas de trabajo y las victorias rearmadoras habían cerrado bajo siete llaves.

21-21. El monstruo alado ha abierto las celdas prohibidas y de ellas ha salido una plétora de fantasmas. Ya no hay ruido. Bajo un silencio irreal, más bien una especie de eco amplificador, las mentes de los colorados escuchan solo a su propia voz repasando frenéticamente, como si fuera un mantra, todas esas acciones en que pudieron hacer algo que no hicieron. Y esos recuerdos se mezclan con esos 21 iguales jugados recientemente que terminaron en derrota, en decepción. No quieren revivir esas sensaciones, las odian, y eso alimenta su miedo. Tienen miedo a perder.

21-22. El zaguero de la camiseta roja ha estrellado la pelota en el colchón superior y la derrota se ha consumado, otra vez. De nada sirve todo lo andado, lo jugado y lo luchado. Ni que el partido se hubiera puesto de cara con la lesión de uno de sus rivales, ni tampoco que estuvieran tan cerca de la victoria. Los ganadores dicen “ánimo, bien jugado”, pero esas palabras no calan en los derrotados, no traspasan la coraza cosida por la rabia y la sensación de culpabilidad.

Afortunadamente, el paso de los días irá ablandando esa coraza y, gracias a los entrenamientos, los fantasmas, uno a uno, volverán a sus celdas. El próximo partido, además, llegará pronto y empezará 0-0. Será una ilusión nueva, una oportunidad de acertar y fallar sin que cada error sea una tragedia. Ya sea solo por eso, su mente sentirá un alivio infinito y será capaz de centrarse en el juego, en esa dinámica que años de práctica han convertido en una rutina: resto, me planto en el 5; pelota arrimada, corto de aire; aquí gancho, allí parada.

El Campeonato de Parejas, ese en el que los protagonistas de este post están inmersos y en el que han padecido los tres golpes en plena mandíbula, ofrece un amplio margen para la redención. Todavía no hay nada perdido. Solo queda levantarse y seguir peleando. Desde estas líneas, ¡ánimo!*

* Berasaluze II y Albisu encajaron el domingo su tercera derrota por la mínima en el Parejas 2014, al perder por 21-22 contra Martínez de Irujo y Barriola. El resto de lo leído en este post es una recreación veraz, quizá posible, de lo que pudieron vivir y sufrir en este encuentro.

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