La radical apuesta de Félix G. Modroño por la escritura

Hay escritores que convierten su afición por las letras en una profesión. Otros se dedican a escribir en su tiempo libre a la búsqueda de un equilibrio entre ocio y oficio. Y luego están los que permiten que la escritura sea algo radical y definitivo para ellos, algo que inunde casi de forma natural y hasta salvaje todos y cada uno de los aspectos de su vida, como ha hecho Félix G. Modroño.

Escribir me lleva a ver la vida de otra manera, más rica y profunda, con mucha más perspectiva. Me lleva a no ser un mero espectador, sino a ser actor y estar más que presente a cada paso. Escribir para mí es una experiencia controvertida y poderosa,  en la que a partes iguales sufro y disfruto. Soy muy exigente conmigo mismo, a veces incluso más que con los demás y no concibo el hecho de escribir si no tengo algo que contar“.

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Así se refiere Félix G. Modroño a la escritura y así se define a sí mismo como escritor: “Vivo un momento personal y profesional de redescubrimiento vital, una especie de proceso introspectivo. Hasta hace un mes residía en Sevilla y, tras más de 26 años en Andalucía, me estoy mudando a Zamora, la tierra donde están las raíces de mi familia y donde me estoy reencontrando conmigo mismo día a día. De forma paralela a esta movilidad física, en los últimos meses he tomado una drástica decisión apostando por la escritura y renunciando a mi trabajo como director de banca. Creo que necesitaba este cambio. Soy consciente de que es una apuesta fuerte, pero también sé que estoy apostando por lo que de verdad me interesa: la escritura, y en plena madurez quiero dedicarle todo el tiempo que pueda a lo que me hace feliz que es escribir“.

Félix tiene alma de nómada. Eso le ha ayudado a lo largo de su vida a adaptarse a los distintos cambios a los que se ha tenido que ir amoldando desde muy niño debido al trabajo de su padre y luego, al suyo propio. Nació en Vizcaya, estudió en Don Benito (Badajoz)AlicanteSalamanca, ha vivido buena parte de su vida adulta en Sevilla y otras ciudades del sur, su familia proviene de Zamora, pero él se siente de Portugalete: “Por encima de todo, soy portugalujo, es allí donde siento que está la principal parte de mí, mi infancia y los recuerdos de mis años definitivos los conservo en ese rincón de Vizcaya. Tanto, que uno de mis libros, ‘La ciudad de los ojos grises’ está dedicado a Bilbao y a sus gentes. Luego, más allá de los gentilicios y etiquetas, por esa vida nómada que he llevado, siento que soy ciudadano del mundo, siempre he sabido adaptarme a lo que me traía la vida, he tenido que aprender a no anclarme a nada, y en parte todo eso ha hecho que haya sabido aceptar bien los cambios.

De niño devoraba libros, hasta el punto de que la biblioteca de Villalpando, el pueblo de mis padres, me la he leído entera, pero también me gustaba mucho el deporte, en concreto el baloncesto. Me encantaban aquellos veranos en los que el tiempo se detenía en aquel pueblo de Zamora, donde los niños aún éramos niños de verdad, jugando al aire libre y disfrutando de la naturaleza. Quizá por eso ‘El Camino’ de Delibes es uno de mis libros favoritos, porque me trae aquellos ecos de mi infancia en el pueblo. Creo de verdad que, quien no ha tenido pueblo de niño, se ha perdido algo importante”.

La escritura llegó a su vida accidentalmente y no es una metáfora. Félix escribe desde niño, pero fue un accidente de pádel que afectó la visión de su ojo derecho, lo que le obligó a permanecer inmóvil durante casi dos meses, empujándole de forma indirecta a replantearse muchas cosas y a retomar su pasión de escribir. Tras una larga carrera en el mundo de la banca, su determinación, las circunstancias en las que le puso la vida y la respuesta cada vez más positiva a sus novelas le llevaron a tomar la decisión que hizo realidad hace unos meses de dedicarse plenamente a la escritura.

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Fue precisamente ese aplauso cada vez más unánime de los lectores y de la crítica, sumado al hecho de lograr varios premios con sus relatos, lo que le animó a escribir su primera novela ‘La sangre de los crucificados’ que se publicó en 2007, inaugurando la saga de las aventuras del doctor Fernando de Zúñiga. En 2009 publicó ‘Muerte dulce’; en 2012 ‘La ciudad de los ojos grises’, para continuar con ‘Secretos del arenal’ en 2014 y con ‘Sombras de agua’, publicada recientemente en 2016.

Si hay un elemento que es común en sus novelas, ese quizá sea el hecho de que tienen una ciudad como protagonista de la historia, más allá de los propios personajes: “Me gusta que así sea, no se trata tan solo de un escenario donde transcurre la acción, sino que la ciudad, bien sea Bilbao, Sevilla o Venecia, tiene un fuerte componente protagonista que imprime carácter y personalidad a la novela y hasta a los personajes de carne y hueso”.

Su novela más clara en este sentido es “La ciudad de los ojos grises”. Una historia en la que Bilbao tiene mucho que decir, pero que además cuenta con una fuerte carga emocional porque Félix escribió la historia mientras su madre estaba enferma, meses antes de fallecer: “Es una novela muy especial para mí en ese sentido. De la misma forma que la ciudad de Bilbao determina la historia de ‘La ciudad de los ojos grises’, soy consciente de que mientras escribía esa novela dejé la huella del amor y la admiración que siento por mi madre en cada una de esas páginas. Probablemente fue algo inconsciente, pero creo que es  algo que los lectores perciben de alguna manera porque constantemente recibo comentarios y referencias acerca de esa historia, y casi todas ellas hablan de emoción“.

Y mientras me habla de su madre, Félix G. Modroño se emociona: “Ella me enseñó a leer cuando yo tenía tres años. Y quizá porque me parezco mucho a ella, físicamente y en el talante, y en la forma de ver la vida, sentí de una forma especialmente dolorosa su pérdida. Lo que hay en mí de buenas cualidades se lo debo en buena parte a mi madre. Cuando murió entendí que ahora tendría que llevarla muy dentro“.

Y sin embargo, esa pérdida no fue en balde, sino que dio paso a una nueva etapa y al descubrimiento de otra faceta en su desarrollo como escritor: “Con la enfermedad y muerte de mi madre comencé a perder pudor. Y eso fue algo definitivo para mí. Creo que para escribir son necesarias tres cosas fundamentalmente: leer mucho, tener disciplina y dejar el pudor de lado desnudándote y siendo honesto frente al lector. A todo ello también me enseño mi madre, incluso con su muerte me dejó una enseñanza muy importante para la vida y para la escritura”.

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Todos los personajes de sus novelas tienen algo de él, pero si hay uno que le define, como su alter ego, ese es el doctor Zúñiga: “Me siento bastante identificado con él y es un personaje que nació en un momento muy especial. Cuando tuve el accidente, acababa de visitar el Hospital de la Caridad de Sevilla y quedé especialmente marcado por dos de los cuadros de Valdés Leal que allí se exponen, en concreto por ‘Las postrimerías’ que recogen una selección de imágenes impactantes, pintadas en 1672, de marcado aire barroco, algunas son incluso brutales, que me llevaron a reflexionar mucho acerca de la naturaleza humana. Y enseguida enlacé esa impresión con una leyenda de 1682 (diez años después de cuando fue pintado el cuadro) que cuenta la historia de un imaginero que mataba a sus víctimas para observar sus gestos de dolor e inspirarse en ellos más tarde a la hora de esculpir los cristos crucificados. Con aquella historia surgió el doctor Zuñiga, que es el contrapunto de ese asesino”.

Y es cierto que el doctor Zuñiga tiene mucho de Félix, como probablemente Félix tenga algo del personaje de sus novelas. “Los dos vestimos de negro. Yo lo hago en parte también como contrapunto a la otra parte de mi vida, mi faceta profesional en la que tenía que vestir tan a menudo traje y corbata. Cuando me libero, me gusta sentirme cómodo y el negro me lo facilita, al igual que le ocurre al doctor. Quizá en esto podamos también ver una cierta dualidad, como una contradicción, un retrato del alma humana. La mía y la de mi personaje. Con nuestras luces y con nuestras sombras, esas que hablan de miedos, fantasmas y dudas”.

Hoy Félix está en boca de muchos y aparece en las páginas de D2 de Diario de Navarra tras participar junto con otros escritores en un coloquio en el marco de Pamplona Negra.

Su agenda es intensa estos días porque no cesan las actividades que le reclaman para presentar su novela ‘Sombras de agua’. Entre sus páginas navega una historia ambientada en Veneciapero no la Venecia estereotipada, sino la ciudad real, desnuda de adornos, en toda su realidad y con toda su historia a cuestas”. Además, esta novela atesora para Félix dos viajes a esta ciudad italiana, quince meses de documentación, nueve meses de redacción y la reivindicación de un personaje real que se había tragado la historia: Elena Corner Piscopia, la primera mujer que obtuvo un doctorado universitario y a la que muy pocas personas conocen. “Elena Corner tiene un papel decisivo en la novela, ya que no le han dejado tenerlo en la Historia. Es una de tantas mujeres olvidadas y a través de su personaje he querido volver a darle vigencia y reivindicar, de alguna manera, a tantas y tantas mujeres como ella“.

Le digo que me parece necesario ese gesto. Como me parece necesario él, este escritor valiente y honesto que ha tomado como bandera la tarea compleja y apasionante de poner negro sobre blanco, no solo las historias que pueblan sus libros, sino su propia vida y su propia historia.

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Una respuesta a La radical apuesta de Félix G. Modroño por la escritura

  1. Ena Haven dijo:

    Me ha gustado mucho saber que la honestidad, la valentia y la disciplina marcan el camino del exito para un talentoso escritor. En hora buena.

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