Princesas con pincel y partitura

Érase una vez una editorial que, cansada de los estereotipos femeninos que se ofrecen a las niñas a través de los cuentos de princesas donde prima el aspecto externo, decidió cambiar el modelo y ponerse a contar historias de ‘antiprincesas’. Cuentos que hablan de mujeres reales, abanderadas de la cultura y de la historia latinoamericana, con el objeto final de promover valores más cercanos al talento, al arte y a la belleza interior.

Se trata de la colección de cuentos que lleva el nombre de ‘Antiprincesas’, obra de Nadia Fink, publicada en los últimos meses por dos editoriales argentinas que, además de ofrecer un nuevo modelo de mujer a las niñas lectoras de estos cuentos, ha sembrado la polémica en un sector tan delicado como el del libro infantil.

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‘Sudestada’ es una revista de cariz político y cultural en la que trabaja Nadia Fink. Y ‘Chirimbote’, una nueva editorial infantil argentina con ganas de revolucionar el panorama y plantear temas desde nuevos puntos de vista. El proyecto de las nuevas heroínas de cuento surge del impulso de ambas, trabajando juntas para que las niñas tengan nuevos modelos en los que verse reflejadas. Dicen estar “cansadas” de princesas perfectas, sumisas y sufridoras. Se manifiestan claramente anti-Disney y anti-Barbie y promueven un modelo de mujer que ofrezca a las niñas la posibilidad de ser lo que ellas quieran ser.

Recuerdan que es un hecho que no todas las niñas tienen aspecto de princesas y eso a veces las hace sentirse excluidas. Tener más modelos en los que verse reflejadas puede ayudarlas a crecer y desarrollar sus talentos y habilidades. De ahí que, lo que más distingue a estos libros ‘Antiprincesas’ es que se enfocan no en la belleza, ni en la vida romántica o sentimental de las protagonistas sino en sus capacidades intelectuales y en su obra.

Plantean un punto de reflexión muy interesante. Yo, cuando era niña, quería ser Rapunzel. Pero otras niñas de mi época querían ser Blancanieves o Cenicienta o Bella… Nuestra infancia está llena de princesas rosas y príncipes azules, bellas y frágiles jóvenes de perfecta belleza, zapatos de cristal, hadas madrinas, brujas maléficas, sirenas sin voz y finales felices aderezados de perdices. Muchas nos preguntamos si esto habrá tenido algún tipo de repercusión en nuestras vidas, y si habremos o no interiorizado un rol de mujer débil, entregada, cuidadora, dulce y sumisa, amparada en la idea de fragilidad y perfección asociada a lo femenino, y cuyo único objetivo parece ser el de encontrar el amor de un varón. ¿Qué habría pasado si en vez de estos estereotipos femeninos, hubiéramos crecido interiorizando perfiles de mujeres guerreras que salvaron la vida de pueblos enteros, artistas que aportaron una nueva mirada al arte o investigadoras que soñaran con encontrar cura a enfermedades como por ejemplo Marie Curie? ¿Seríamos las mismas? ¿Sería igual la Historia con mayúscula?¿Enfrentaríamos males endémicos de nuestra sociedad hoy como el culto a la belleza, el techo de cristal en las empresas o la utilización de la imagen de la mujer en la publicidad? ¿y nuestras pequeñas y personales historias, serían las mismas..?

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La colección que recoge la vida y obra de estas nuevas heroínas se inauguró en junio con un libro sobre la pintora mexicana Frida Kahlo. El segundo cuento publicado contó la historia de Violeta Parra, la cantautora y artista chilena. Y este mes de octubre se publica el tercer cuento de la colección sobre Juana Azurduy, la heroína boliviana de las luchas de independencia. Entre la larga lista de mujeres que podrían protagonizar las próximas entregas están las poetisas argentinas Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik.

“Había investigado las vidas de Frida y Violeta para la revista, y me preguntaba cómo podíamos hacer para contar sus historias a los niños”, cuenta la autora, Nadia Fink. Además, suele explicar que a ella le hubiera gustado tener más historias femeninas en las que inspirarse y por eso le surgió la idea de ofrecer una amplia variedad de modelos a las niñas. Modelos no exentos de dificultades, puesto que algunos momentos de la vida de las protagonistas de ‘Antiprincesas’ fueron duros e incluso trágicos.

Fink dice que aunque no se ha puesto el acento en los aspectos más dramáticos de la vida de estas artistas, eso está ahí y sí se ha puesto el acento en el legado cultural y el testimonio vital que han legado a la sociedad. Apunta que es bueno mostrarles a los niños que “la vida también es eso”, que hay dolor, que no todo es color de rosa y que en la vida “no hay que esperar a ser rescatado” sino salir adelante apoyado en sus propios talentos y buscando salida a sus propios conflictos. De la misma forma Fink dice que es curioso cómo muchas niñas tienen madres que son médicos, arquitectos, ingenieros o abogados y sin embargo, cuando tienen que disfrazarse, elijen un disfraz de princesa.

El primer cuento de la colección narra la historia de la pequeña Frida. Una mujer que, desde niña, demostró carácter rompiendo con el primer mandato de su época cuando dejó claro su fuerte deseo de acudir a la escuela. A pesar de que en aquellos años lo habitual era que solo los varones estudiaran, Frida no dudó en exigirle a su papá que la llevara al colegio.

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Parece claro que las antiprincesas quieren enseñar a las niñas a romper los estereotipos y a trascender lo impuesto, pero frente a este sólido argumento no han tardado en aparecer voces que acusan a la colección de tener un sesgo feminista e incluso político. Hay quien dice que no es bueno dirigir a los niños y que con esta colección se están tergiversando los puntos de vista y sesgando las perspectivas para “crear niñas y futuras mujeres antisistema”. Quienes apuestan por esta línea crítica señalan que el nombre de ‘Anti’ es ya un marchamo negativo de ir contra algo que no consideran adecuado; y mantienen que hoy en día las niñas pueden leer todo tipo de historias y que conforme crecen tienen opciones de elegir y de ser lo que quieran ser sin que nadie les obligue.

La editorial también tiene una colección de ‘Antihéroes’ entre los que se cuenta la vida de Julio Cortázar y al final de cada libro, se incluyen una serie de actividades para que, tras leer el libro, los niños exploren su lado artístico siguiendo el ejemplo de las y los protagonistas.

No creo que sea fácil cambiar de un día para otro los estereotipos o conseguir que las niñas no queden eclipsadas con el brillo y la belleza de las princesas tradicionales que copan la publicidad, el cine y la iconografía infantil. Sin embargo, estoy convencida de que es bueno añadir más perfiles y más nombres propios en los estantes de cuentos para los jóvenes lectores. Nombres que les den herramientas para ser fuertes y desarrollar sus talentos.  En definitiva, para ser quienes son, ni más ni menos.

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