En el café de la juventud perdida

A la luz de la tarde de uno de los primeros días de otoño transcurre esta historia. Es la historia de una conversación, y del encuentro y el entendimiento entre dos generaciones, más allá de todo estereotipo o barrera impuesta por la edad. Les separa casi medio siglo, pero les une la sincera necesidad de compartir sus distintos puntos de vista, y las ganas de escuchar y conocer de verdad a quien tienen enfrente.

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‘En el café de la juventud perdida’ es el título de un maravilloso libro del francés Patrick Modiano cuya  historia se desarrolla en París, en torno al café Le Condé y a una joven muchacha a la que todos llaman Louki, pero a quien nadie conoce en realidad. Es un libro que habla de la nostalgia por lo vivido y por lo que nunca se vivió, habla de refugios y de miedos, también de aquellas vivencias breves y extraordinarias que dan sentido a toda una vida.

 “A mí nunca me ha parecido el otoño una estación triste. Las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca me han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir”, dice Modiano en un momento de la novela. Y es verdad. A mí también el otoño me inspira y me alienta a la vida. En especial, estos primeros días de otoño en que la luz tiene brillos inauditos y la brisa ya trae la frescura que anticipa el frío. Son días que, lejos de entristecerme, me hacen pensar en el futuro, en nuevos proyectos, en sorprendentes encuentros llenos de vida. Y eso es lo que quiero contar hoy.

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Quiero plasmar en unos párrafos la magia del encuentro en un café de Pamplona de un grupo de jóvenes curiosos y ávidos de conocimiento, Leila Chivite, Juan Albarrán e Iñigo Lorente, con un profesor jubilado, Jesús Hernández Aristu, lleno de experiencias y de vida. Todos comparten su interés por la buena conversación y por la Sociología (no obstante, tres de ellos son sociólogos), pero lo que más me gusta descubrir es que les brillan los ojos de igual forma cuando intercambian ideas e impresiones; y les late la misma pasión por la vida, más allá de cualquier condicionante o diferencia entre ellos.

Así que saco mi libro de Modiano y rescato algunas frases de ‘En el café de la juventud perdida’ que quiero compartir con ellos y ponerles encima de la mesa para escuchar todo lo que tengan que decirme al respecto.

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  • ¿Es cierto que “En la vida hay fronteras imposibles de cruzar”, como apunta Patrick Modiano en la novela? Y si lo es, ¿cuáles son para vosotros esas fronteras?

Jesús Hernández Aristu: Yo tuve que lidiar durante muchos años, en mi juventud, con fronteras y límites típicos de una sociedad poco desarrollada, cuando en España pasamos de la pre modernidad a la post modernidad, sin una evolución que hiciese más sencillo ese tránsito. La falta de libertad, la vigilancia absoluta por parte de la sociedad y de la familia marcaron las vidas de muchas personas durante décadas y a mí me tocó vivirlo muy de cerca.

Leila Chivite: Me considero una persona joven poco representativa de la generación a la que pertenezco. Yo me he pagado la universidad y me independicé a los 17 años, pero somos una generación con muchos límites y fronteras que, a veces, no nos atrevemos a cruzar. Tenerlo todo nos ha dejado la frontera (a veces infranqueable) de la insatisfacción.

Iñigo Lorente: Es cierto. A veces solo somos capaces de ver lo material y nos fijamos en la barrera económica, que está ahí ciertamente, pero es una barrera que no nos deja ver otras porque por detrás está la barrera de las expectativas impuesta por el capitalismo. Te hacen querer tenerlo todo y pronto, te generan y te generas unas necesidades que no siempre son reales y deforman la realidad hasta el punto de que muchos jóvenes viven frustrados.

Juan Albarrán: Nos hace falta valorar más el esfuerzo. Nos quejamos, muchas veces porque vivimos anestesiados  porque lo tenemos todo y seguimos viviendo con nuestras familias que nos cubren las necesidades básicas. La limitación comienza en la infancia y, al llegar a la edad adulta, no nos damos cuenta de que ese vivir anestesiados es nuestra principal frontera que no nos atrevemos a cruzar.

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  • Modiano da en el libro un magnífico antídoto contra los miedos cuando escribe queNo hay mejor sistema para que desaparezcan los fantasmas que mirarles a los ojos”. ¿Estáis de acuerdo?

Leila: Si eres capaz de observarte y llegar a conocerte, entonces estás preparado para afrontar tus miedos. Yo puedo tener miedos como todo el mundo, pero sé que tengo los recursos para enfrentarlos e incluso superarlos. El haber tenido ocasión de vivir de cerca la muerte y el concepto de finitud del ser humano creo que me ha ayudado a entender que todo lo demás en la vida se puede afrontar y solucionar de una u otra manera. Eso me ha ayudado a relativizar todo mucho más.

Jesús: Creo que lo que quieres decir, Leila, es que la vida es como un paréntesis entre dos eternidades. Y deberíamos entender también así nuestros miedos para aprender de ellos. No hay que despreciar los miedos porque son señales del organismo a las que hay que prestar siempre atención, ya que nos están dando información muy útil sobre nosotros mismos y el momento vital en que nos encontramos, y eso puede ayudarnos a aprender y a conocernos mejor.

Juan: Estoy de acuerdo con lo que decís. A mí también me ha tocado vivir y enfrentarme a algo grave, como es un accidente de tráfico, y eso me ha ayudado a valorar todo a mi alrededor mucho más. Cuando te toca algo así de cerca, aprendes a relativizar.

Iñigo: Creo que hay momentos en la vida que te hacen recapacitar y empiezas a valorar lo que de verdad tiene valor. A los 14 años me tocó aprender a valorar la salud porque estuve a punto de perderla. Y luego, más adelante, en la adolescencia perdí a un buen amigo en un accidente de tráfico. Ese hecho me obligó a mirar a los ojos a la muerte y aprendí a valorar lo importante, a enfrentar muchos de mis miedos y creo que fue un gran aprendizaje.

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  • A caballo entre el ruido y el silencio, en la novela de Modiano se puede leer Llega un momento en que ya no hace falta oír a nadie”, ¿Creéis que es cierto?

Iñigo: Personalmente, a veces necesito no oír a nadie, en un sentido estricto. Entiendo el silencio como una conexión conmigo mismo, como una especie de necesidad. Necesito mis momentos de soledad para encontrarme. Además, mi caso es un poco especial porque hasta los 17 años he estado permanentemente acompañado de mi hermano gemelo. Luego me fui a estudiar a Bilbao y eso marcó un antes y un después. Seguramente ahí descubrí la importancia de estar solo y lo útil que puede llegar a ser el silencio.

Leila: Pero nunca hay que dejar de escuchar a los demás… La escucha es una fuente de aprendizaje constante.

Jesús: Eso es cierto, pero si le damos la vuelta, hallamos el valor del silencio. El silencio entendido como algo sabio, como una llave para alcanzar la paz. El silencio para mí es ese lugar que está más allá de todo lo habido y por haber, una forma de nirvana. El silencio puede ser entendido como una desconexión de todo lo que nos rodea, el abandono de todo lo que nos tiene sujetos y amarrados a tantas y tantas cosas que a veces nos limitan. Así que el silencio puede ser una especie de desprendimiento y hasta de liberación.

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  • “A veces se te oprime el corazón cuando piensas en las cosas que habrían podido ser y que no fueron”, dice Modiano. ¿En qué momento de la vida ocurre esto?

Leila: Lo que no ha podido ser hay que dejarlo atrás. Eso es lo que creo yo. No caben lamentos ni miradas hacia atrás más que desde un punto de vista lúdico que te haga reflexionar y disfrutar de ese sentimiento agridulce que te deja el hecho de haber vivido. Creo que la nostalgia es una fantasía y como tal debería ser tratada.

Jesús: La nostalgia debería ser algo así como la pimienta que adereza la carne, una chispa que nos asalta y que hasta nos estimula, pero que no nos hiere.

Juan: Yo pienso siempre más hacia el futuro, casi nunca hacia el pasado…

Iñigo: A mí el recuerdo de lo vivido (o no vivido) me hace preguntarme por los “porqués” de lo que pasó…

Jesús: La historia (como la vida) no mira hacia atrás. Lo que ha sido, ha sido ya. Y ha sido de la mejor forma en que podía ser. Así que esa debería ser nuestra reflexión. Y, de hecho, aunque Iñigo se cuestione por los “porqués”, creo que sería más interesante preguntarse por el “para qué” de esa experiencia o vivencia concreta…

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  • “A veces nos acordamos de algunos episodios de nuestras vidas y necesitamos pruebas para tener la completa seguridad de que no los hemos soñado”. ¿Esta frase nos habla de las certezas?

Jesús: Y también nos habla de los sueños. Me ha pasado en ocasiones soñar cosas que me han sucedido más tarde, y supongo que también puede ocurrir a la inversa. Los sueños son muy poderosos porque nos ayudan a encontrar nuestro camino.

Juan: Yo creo que esta frase del libro de Modiano  habla también de la felicidad. Y al hilo de esta reflexión, apunto lo que dice otro escritor, Vicente Verdú, ya que es una de mis citas de referencia: “la felicidad está reñida con la perfección, pues las ansias de perfección desencadenan en un íntimo infierno permanente”.  Para mí la felicidad es sentirme bien conmigo mismo. La gente a veces identifica felicidad con éxito y no es así. Lo importante creo yo que es dar sentido a lo que haces y encontrar la mejor versión de nosotros mismos.

Iñigo: Para mí la felicidad está marcada por el entorno. Por ejemplo, que mi familia tenga buena salud, que todos nos sintamos a gusto me ayuda a mí a ser feliz. A la inversa, si ellos no estuvieran bien, no creo que yo pudiera ser feliz tampoco.

Leila: La felicidad seguramente está constituida por muchos pequeños momentos felices. Pero esos momentos felices deben estar intercalados con otros que no lo son tanto porque si no, no tendrían sentido los buenos. Creo que sí, como dice Iñigo, la felicidad es social también, aunque puedas experimentarla individualmente.

Jesús: La felicidad no es nada para mí. Yo entiendo el concepto “felicidad” como una forma de estar en el mundo más que como un sentimiento determinado. Así que yo soy feliz siempre. Puedo sufrir, tener dolor, conmoverme con el sufrimiento de los demás o ante las más diversas injusticias, pero siempre soy feliz. Soy consciente de estar en un mundo imperfecto, pero eso no me hace infeliz porque la voluntad de apreciar la vida y disfrutarla en todo momento y condición es lo que mueve mi día a día. Ese es mi motor interno y eso es lo que me gustaría también contagiar a los demás de alguna manera.

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Gracias a los cuatro. Ha sido un café donde la juventud, más que perderse (haciendo referencia de nuevo al libro de Patrick Modiano) se ha encontrado con lo mejor de la edad madura. En el intercambio, los tres jóvenes son un poco más sabios hoy, y el profesor es un poco más joven, y todo gracias a la escucha.

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Una respuesta a En el café de la juventud perdida

  1. Ena HAVEN dijo:

    Los pensamientos y opiniones de ellos acerca de la felicidad me han sido interesante. La personalidad de cada uno de ellos da los pincelajes a las ideas que ellos expresan. El concepto de estar feliz por que vivo, me da a pensar que podemos cambiar nuestras obscuras circumstancias solo pensando en las que nos hagan mas felices.
    Yo aun diria que la gratitud interna, o dar gracias a un poder espiritual , tambien acompana la felicidad.

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