Lectores de verano

Las bicicletas son para el verano. Ya lo decía Fernando Fernán-Gómez. Y los libros también.  Esta semana la Sopa de letras se sirve con un menú más veraniego. Viene con una serie de ingredientes que aportan sabor, color y contenido a estas tres recomendaciones literarias en primera persona.

Mikel García Otamendi es un lector omnívoro, voraz, compulsivo y exigente. Tiene 38 años, es fotógrafo y  su mirada como lector es casi tan acertada y certera como lo es su mirada tras la cámara. “No leo todo lo que cae en mis manos  porque soy de los que piensa que tenemos un tiempo limitado para la lectura, como para la vida, así que me gusta escoger bien lo que leo. Por esa misma razón no me gusta releer los libros. No tengo manías ni un marco definido a la hora de hablar de mis gustos bibliófilos. Leo lo que despierta mi interés, lo que me emociona, lo que me transmite algo que creo que merece la pena, lo que me recomiendan a veces mis amigos. La cosa es leer”.

A Mikel no le gusta leer en la calle porque ver pasar la vida por delante puede llegar a distraerle y le hace levantar la vista del libro, así que prefiere hacerlo en interiores, en lugares especiales como esta cafetería donde me lo encuentro. Y estoy de suerte porque hoy lleva en la mochila un libro muy especial para él.

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‘Snuff’, del novelista satírico estadounidense Chuck Palahniuk. Y no es un libro cualquiera porque además lo tiene dedicado. “Me fascina el estilo y el punto de humor negro que pone Palahniuk en sus novelas. Son historias diferentes, escritas desde una perspectiva diferente y con una forma de contar que no se parece a nada. A la vez, hay una lírica oculta en esas historias, una forma de poesía debajo de lo irreverente, es un tipo de escritura que me resulta muy atractivo. Te ríes y es como una bofetada a la vez. Es un escritor duro que indaga en el lector y hasta a veces parece que te agrede, pero se mete contigo de una forma inteligente que lejos de enfadarte, hasta te puede llegar a hacer reír. No creo que pueda recomendar la obra de Chuck Palahniuk a todo el mundo. Pero también diré que es un autor único y que no hay que perderse”.

Le gusta tanto este autor que, hace siete años, llegó a pedir a la editorial que el propio escritor le autografiara un libro. Y lo logró, como me muestra orgulloso para la foto. No es para menos, yo también lo estaría, y más aun teniendo el cuenta que lo que le escribió sigue destilando la misma irreverencia y tiene el mismo aroma gamberro de sus novelas.

Le pregunto qué está leyendo ahora. Suelo leer varios libros a la vez. Estoy con un libro de Ryszard Kapuscinski, ‘Un día más con vida’, donde narra la descolonización portuguesa de Angola en 1975 y sus consecuencias; y también estoy leyendo ‘Frankenstein’, de Mary Shelley. Me encanta cómo se escribió esta historia, porque la idea del libro nació una noche de junio de 1816, en una casa alquilada por Lord Byron a orillas del lago Lemán, en Suiza, donde se dieron cita varios escritores y amigos. Allí no solo nació la idea de Frankenstein sino que también de esa noche salió otra gran novela de terror: Drácula. Parece ser que en una noche de invierno, casi incomunicados por la tormenta y la nieve, se pusieron a contar y escribir historias y, sin duda alguna, les vino a ver la inspiración”.

Pido a Mikel que nos recomiende un libro. “Te recomiendo un libro muy de verano que leí hace poco y que me gustó por muchas razones: ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ , de Joël Dicker. Creo que es una de esas novelas que tiene calidad, es interesante y entretenida a la vez. Vaya, que lo tiene todo para gustar a casi todo el mundo y es perfecta para leer en los largos días del verano”.

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A Chelo Alfajeme me la he encontrado en la calle. No he tenido que salir a buscarla sino que ha sido un agradable y espontáneo hallazgo. Está sentada en un banco a la sombra, concentrada en su libro, disfrutando de la tarde de verano. Y no puedo más que pararme delante de ella e interrumpirla un instante para preguntarle qué lee.

Mi sorpresa es mayúscula cuando me cuenta que está leyendo un libro que ella misma escribió hace años para su primera nieta. El título del libro es ´Marta y sus cosas´. “Siempre me ha gustado escribir y también leer. Desde niña. Y tengo varios libros escritos. Este que he bajado hoy a la calle y que estoy releyendo es el primero que escribí a mi nieta mayor y donde cuento pequeñas anécdotas y detalles de ese momento de mi vida y de la vida de ella. Son impresiones a veces muy personales, pero están trufadas de fotos y comentarios que ahora mismo que estaban haciendo revivir la primera infancia de mi nieta. El libro además está manuscrito. Me trae muy buenos recuerdos”, me cuenta.

Charo me cuenta que entre sus pasiones está la escritura, la lectura y también las labores de costura, como el ganchillo, “Aunque en verano paso más tiempo en la calle y disfruto de todo lo que puedo hacer al aire libre, porque el tiempo lo permite y a mí me gusta mucho estar afuera. A menudo hago como hoy: cojo un libro y me bajo a leer a un banco a la sombra en mi calle. Disfruto de todo a la vez: el libro, la luz, el estar al aire libre, el fresco de la tarde… Una maravilla”.

Chelo tiene 90 años, un largo historial de lecturas en su memoria y le pido que nos recomiende uno de todos los libros que ha leído en su vida. “Si tengo que sugerir un libro para estos días de verano, creo que elegiría ´Cinco horas con Mario´, de Miguel Delibes. Es un libro que me impresiona por lo bien que recoge las emociones de una persona y por cómo se puede resumir una vida entera en el transcurso narrativo de esas cinco horas”.

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Leer a John Fante a los 22 años es lo que está haciendo estos días el sociólogo pamplonés Pablo Echeverría, que lleva consigo a todas partes la novela ‘Hermanos de vino’, del más maldito de los escritores estadounidenses del siglo pasado. “Es una casualidad que esté leyendo a John Fante porque, como ves, es una edición vieja que tenía por casa y cayó en mis manos casi por casualidad. Aunque te diré que nada más leer la sinopsis, el libro me interesó y me está gustando mucho”.   Pablo me explica que la novela habla sobre todo de las relaciones familiares en un entorno problemático y en especial es la historia de un padre y su hijo. ‘Hermanos de vino’ cuenta  la historia de Henry Molise, un escritor de cierto éxito que vuelve a su hogar natal, en San Elmo, para mediar en una discusión familiar y debe enfrentarse a los problemas de fondo de una sociedad conflictiva y falta de valores.

Me cuenta que él siempre ha sido muy lector pero que últimamente por cuestiones de trabajo y de estudio ha dejado un poco de lado la lectura. Ahora, en verano, aprovecha para dedicarle un poco más de tiempo: “No solo porque el día tiene más horas de luz, y a mí me gusta leer con luz natural, sino porque tengo más tiempo libre que dedicar al ocio y la lectura es una de las actividades que más me gustan”.

Le pido una recomendación y vuelve a John Fante: ‘Este mismo libro que estoy leyendo ahora es el que voy a recomendaros. Porque me parece una buena metáfora de la vida. Es un libro con una historia dura y sin embargo a ratos me hace reír, quizá por la crudeza con que dice las cosas el escritor. Hace cierto eso de que la vida a veces es como una comedia en plano general y un drama en plano particular. Esa es la sensación que me genera esta novela y por eso creo que la recomendaría, porque de vez en cuando deberíamos recordar que la vida es eso, una comedia, y que está en nuestra mano saber disfrutarla, a pesar de las circunstancias más personales que a veces nos agobian”.

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