Regreso a la tierra de la infancia

Janie Dempsey Watts es jovial, vivaz, locuaz y está llena de energía. Es escritora y adora los caballos. Tras vivir cerca de 35 años en Los Ángeles (California), hace no mucho decidió trasladarse con su familia de vuelta al estado de Georgia, la tierra de sus padres y el lugar donde quedaron los recuerdos de su infancia. La fuerza de esas memorias la ha llevado a escribir su última novela titulada ‘Regreso al cruce de Taylor’, donde las tensiones raciales del sur de los Estados Unidos se entralazan con la historia de personas que transitan estos lugares a lo largo de medio siglo.

Verano de 1959. En una pequeña ciudad de Georgia vive Abed-Harris, un joven granjero de color, de 19 años, hábil en el manejo de los toros que se enamora de Lola James, de 17 años, cuando ella llega a la ciudad para trabajar para una familia vecina. El amor de la joven pareja crecerá en medio de las tensiones raciales del sur de los Estados Unidos, hasta que un ataque violento les desgarra, amenazando su mundo, y dando un vuelto total a sus vidas.

Esta es la historia de la novela ‘Return to Taylor´s Crossing’ (Regreso al cruce de Taylor), donde Janie Dempsey Watts narra entre líneas, la historia de su propia infancia.

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Portada de la novela de Janie Dempsey Watts, ‘Return to Taylor´s Crossing’

Hoy Janie me ha invitado a visitarla en su granja. Conectamos rápidamente, me habla de su vida en California, de las muchas diferencias que existen entre aquella y esta zona del país. Me habla de sus recuerdos y de cómo llegó un momento en que sintió que tenía que regresar y escribir esta historia: “Fue como un proceso de redención, de justicia. Como una forma de recordar lo que sucedió en el pasado y cómo nos afectó a tantas personas, marcando nuestras vidas y hasta el rumbo del país. Porque a veces no hay que olvidar las tragedias o el dolor, para no volver a cometer los mismos errores del pasado”.

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Este es el diario en el que Jenie escribió de niña el terrible suceso de la desaparición de su amigo, tras el ataque sufrido por el Ku Klux Klan

Hablamos mucho de su novela, me enseña los diarios en los que escribe desde niña, pero también paseo con ella por las tierras que pertenecieron a sus antepasados y me habla de sus raíces galesas y de la gran influencia que tuvo en ella su abuela paterna. Caminamos entre bosques, nos adentramos en el cementerio donde reposan sus abuelos y bisabuelos, los primeros pobladores de estas tierras, me muestra las huellas de los indios cherokee en las riberas del río y en las montañas, y conozco a sus caballos, que la conectan directamente con la tierra de la que procede y con la niña que fue.

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En estas orillas Janie jugaba de niña y recuerda que no era extraño encontrar las puntas de flecha con que cazaban los indios cherokee

Decía el gran poeta Rainer Maria Rilke que “La verdadera patria del hombre es la infancia”. Probablemente porque es en ese tiempo de nuestra vida donde queda enterrada una semilla que germina a lo largo de los años y que nos define hasta el fin de nuestros días.

Janie Dempsey Watts recuerda con viveza un capítulo concreto de su infancia que la marcó para siempre: “Cuando yo era niña, vivíamos en esta zona del estado de Georgia. Mi padre era farmacéutico y su oficina de farmacia estaba en Chattanooga, a unas millas de aquí, pero cada fin de semana y cada verano viajábamos a este lugar, a la granja de la madre de mi padre (la abuela Watts). Montábamos a caballo y visitábamos a toda la familia. Recuerdo que la abuela tenía empleado a un hombre afroamericano muy amable y servicial, de unos 19 años, que trabajaba en la granja y que también solía cuidar de nuestros caballos. Cuando yo tenía alrededor de cinco años, una noche el Ku Klux Klan llegó a su cabaña. Aquellos hombres lo golpearon, prendieron fuego a su hogar, lo arrastraron fuera, y le dijeron que no volviera nunca más. Mi familia sufrió enormemente con aquel suceso. El crimen fue investigado pero los atacantes no fueron capturados. Aquel joven nunca volvió ni se supo más de él”.

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Las amplias tierras de las montañas de Georgia que pertenecieron a sus abuelos y bisabuelos, primeros pobladores de este estado del sur de USA

Ese es el origen de la novela ‘Return to Taylor´s Crossing’, que Janie acaba de publicar: “La novela está contada desde seis puntos de vista diferentes. Desde la perspectiva de tres personas de color y otras tres blancas, y se extiende por un período de 50 años, aunque su extensión es de sólo 284 páginas. En el fondo, la novela es una historia de amor ambientada en la era de los derechos civiles, con escenas que transcurren en la actual Chattanooga y también la montaña, pero el detonante de toda la narración está en aquel hecho real que yo nunca he olvidado”.

La novela fue publicada el 27 de octubre de 2015, y ganó el primer premio en el Concurso de Novela Gremio de Escritores de Knoxville. Además, ha sido finalista en el Premio de Ficción Frank Yerby, que forma parte del Festival Literario de Augusta. (Frank Yerby fue un destacado escritor de ficción afroamericana), y semi-finalista en el concurso de Escritura Creativa William Faulkner, en su edición de 2015. El libro también ha sido nominado para el galardón Autor del año, que se concede en Georgia. Su primera novela ‘Moon Over Taylor’s Ridge’ (Cresta de la luna sobre Taylor), fue publicada en 2012.

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La novela ‘Return to Taylor´s Crossing’ ha obtenido el primer premio en el Concurso de Novela Gremio de Escritores de Knoxville, entre otros galardones.

Algunos críticos comparan a Janie Dempsey Watts con Harper Lee, por su habilidad para estructurar una trama humana, amparada en un profundo conocimiento de los problemas sociales y raciales que se sufrieron en los Estados Unidos entre los años 1950 y 1960. Su gran acierto, probablemente, es haber sido capaz de escribir una historia que conecta el pasado con el presente, porque toca las raíces de las desigualdades raciales y las injusticias que plagaron una pequeña ciudad ficticia del sur, mientras contempla sin maquillaje una parte de la historia de este país. Una época que todavía avergüenza a los estadounidenses hoy en día, por las implicaciones que sigue teniendo en la actualidad.

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Dedicamos parte de la mañana a alimentar a los caballos. Son hermosos y sabios. “En su calma- me dice Janie- hay algo que ha dejado el tiempo. Un residuo de todos los seres vivos que han pasado por aquí. Los caballos son, al igual que los árboles y las montañas, testigos mudos de la historia de estas tierras y en ellos encuentro una energía que me hace sentir muy bien“. Es contagioso. Agradezco la oportunidad de poder dar de comer a estos bellos animales, acariciarlos, observarlos… Su presencia me hace sentir bien y en paz. Al igual que le ocurre a Janie cada día, como parte de una liturgia que la une más aún a este lugar.

Antes de marcharme, Janie me ofrece té helado y okra frito, preparado con la misma receta con que lo cocinaba su abuela. En mi cabeza bullen historias del pasado. Son los ecos de un tiempo difícil, que aún duele en estas tierras. He pasado cerca de dos horas escuchando a esta gran mujer. Sus recuerdos y sus historias son excepcionales. Siento que no solo sus novelas recuerdan a los grandes escritores del sur como Harper Lee o William Faulkner, sino que cada minuto que he compartido con ella hoy ha sido como tener la oportunidad de transitar momentos y lugares que bien podrían haber formado parte de ‘Matar a un ruiseñor’ o de ‘Absalom, Absalom’.

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