Navegando en adicciones

Del infierno de las drogas es difícil salir. Lo cuentan quienes han estado sumergidos en ese mundo de degradación y muerte. Pero algunos testimonios confirman que, con fuerza de voluntad y con apoyo, es posible. Es el caso de la escritora Monique Holeyfield. Tras 20 años de adicciones consiguió dejar atrás su pasado para convertirse en escritora de éxito y terapeuta. Hoy, sus libros y su vida son un auténtico ejemplo de superación.

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“Escribo desde que era una niña. Me encanta escribir. Cuando me di cuenta de que las palabras tienen poder decidí apoyarme en ellas para ayudarme a mí misma y para ayudar a los demás. Los libros pueden llegar a las manos de muchas personas. Y es por eso que, tras rehabilitarme como drogadicta y poner en marcha mi actividad como terapeuta, quise ayudar a otros muchos que no llegaban a mi oficina a través del testimonio de mis libros. Me gusta escribir muy descriptivamente, por lo que el lector puede sentirse como si estuvieran en la burbuja conmigo. Creo que utilizo las palabras para ayudar al lector a ver, oír, oler y sentir lo que describo”.

Es así como entiende la escritura esta mujer de 56 años, natural de Connecticut pero que actualmente vive en Chattanooga, Tennessee. Tras una infancia dura en el seno de una familia desestructurada y tras pasar más de 16 años de su vida consumiendo crack y otras drogas, vivió un punto de inflexión al estar a punto de morir en un ajuste de cuentas. Fue entonces cuando sintió que llevaba años acumulando experiencias destructivas y que era el momento de salir de ese agujero para empezar a recuperar su vida:

“Llegué a un punto en el que las drogas ya no eran más que un estado plano, sin disfrute, sin placer de ningún tipo. Hacía tiempo que estaba decidida a dejar todo atrás porque de alguna manera, sentía que me merecía algo mejor. No puedo decir ni una sola cosa buena que me sucedió mientras estuve metida en las drogas: Recuerdo fumar crack durante casi tres días seguidos y darme cuenta de que el desagradable y nauseabundo olor que notaba venía de mí y mi marido porque no nos habíamos duchado en todo ese tiempo. Me acuerdo de que nos cortaban la luz durante meses por no pagar los recibos y a veces nos echaban de apartamentos, perdíamos los trabajos y no teníamos más remedio que marcharnos a otra ciudad. Recuerdo un día horrible en que mi madre tuvo que oír cómo un puñado de hombres armados irrumpían en mi apartamento mientras estábamos hablando por teléfono, a la vez que yo sentía el gatillo de una pistola en mi sien. Recuerdo la dejadez máxima de vivir en una casa invadida de ratones y ratas, tantos que se les podía oír a caminando por las paredes en mitad de la noche y verlos colgando de las cortinas”.

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Sin embargo, salir de ese submundo no es fácil. No lo es para nadie y menos aún si tu pareja o tus padres y familiares más cercanos están también navegando esas mismas aguas: “No es fácil cuando las personas con las que vives son ladrones, prostitutas, mentirosos, manipuladores, drogadictos y alcohólicos, especialmente cuando uno mismo se da cuenta de que es alguna de esas cosas también. Era duro darme cuenta de aquello y escuchar mis propias mentiras saliendo de la boca de los demás”.

Para empezar la rehabilitación, Monique tuvo que separarse de su marido y alejarse de su familia y centrarse en ella misma, reconstruirse desde cero, como explica: “Tuve que descubrir quién era, dónde quería ir, lo que tenía que dejar atrás y lo que tenía que hacer para encontrar la serenidad. Eso significaba también enfrentar la verdad del pasado, de todos los errores cometidos, de la pérdida de una buena parte de mi vida. Al final tuve que aprender que yo era alguien digno de ser tratado con respeto, sobre todo por mí misma“.

La rehabilitación le ofreció además la posibilidad de retomar los estudios, formarse y salir de aquel horror fortalecida y renovada, algo que tan solo unos pocos consiguen: “Recuerdo uno de los primeros días en los talleres de rehabilitación cuando uno de los especialistas nos dijo: ‘De los 40 que estáis en esta sala, tan solo uno de vosotros será capaz de dejar definitivamente las drogas’. Recuerdo que al escuchar aquello pensé con todas mis fuerzas que yo iba a ser esa persona que conseguiría salir adelante.  Sentí que tenía una oportunidad y que si no hacía bien las cosas bien podría terminar muerta o en la cárcel”.

Y lo logró. En los años de rehabilitación consiguió su especialidad en Psicología de las Adicciones por la Universidad de Capella (Minnesota) y maduró la idea de poner por escrito su vida. Luego llegarían sus dos libros, “Letters from prison” y “Swimming in addiction” en los que recoge sus memorias de una forma epistolar, literaria y novelada.

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Actualmente trabaja como Psicólogo clínico en un centro de salud mental local, además sigue escribiendo y ofrece periódicamente charlas como terapeuta especializada en drogas. También participa en varios medios de comunicación. Su historia es la historia de una superviviente, de una persona que no se resignó a un destino de muerte y degradación y decidió darse una segunda oportunidad en la que además, ahora sirve de ayuda a mucha gente.

Cuando alguien con problemas de adicción busca mi ayuda, yo les digo que estoy en recuperación para que sepan que entiendo la lucha y que no voy a juzgarlos. Enseguida les hago saber que yo también llevo mi propio equipaje, mi propia carga. Una vez que saben que he caminado en sus zapatos, intento hacer que se sientan cómodos y me dicen cosas que no dirían a cualquiera. Es importante haber pasado por eso también para poder ayudar ahora y poder contarlo en un libro que sirva de ayuda a otras personas”.

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Monique es una persona sabia. Te mira a los ojos y te transmite una especie de calma y de luz que imagino que sale de muy adentro, de algo profundo que en algún momento ella fue capaz de transformar.

 Termina diciéndome que no reniega de su pasado. Solo lo asume como parte de un aprendizaje, como parte del crecimiento vital que a ella le ha tocado asumir: “Curiosamente muchas de las cosas malas que he experimentado no sólo me han preparado para ser hoy quien soy, sino que siento que también me han impulsado a llevar a cabo las muchas cosas que he podido hacer ya desintoxicada. Así que quizá sin el mal que viví en el pasado, no podría tener el bien en el que vivo ahora”.

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