Tras las huellas de don Quijote

Más allá de leer El Quijote y conocer la obra de Cervantes, los estudiantes de la Escuela de Artes y Ciencias de Chattanooga, Sam Meagher y Annette Robbins emprendieron hace un par de meses el viaje de su vida y se lanzaron a conocer el país de sus sueños. Su estancia en España este verano ha dejado en ellos un puñado de buenos amigos, toneladas de recuerdos y una huella imborrable, capaz de tender puentes y saltar océanos para acercarse a nuestra cultura.

Todo comenzó en el verano de 2012 cuando Jennifer Raulston, profesora de la Escuela de Artes y Ciencias de Chattanooga, se puso en contacto con el colegio Gredos San Diego Moratalaz, cerca de Madrid. Aunque mantenían desde años atrás un intercambio con un colegio de la localidad de Tono, en Japón, hace tiempo que perseguían la idea de desarrollar también un intercambio con un colegio en España. Dicho y hecho. Al poco de comenzar las conversaciones y conocerse ambos centros educativos, un grupo de estudiantes de Gredos estuvo de intercambio en Chattanooga y otro pequeño grupo de americanos viajó a Madrid en mayo, junto con las profesoras Jennifer Raulston, Erin Bas y el director del centro, Jim Boles. Convivieron con familias de Madrid en plena inmersión, como uno más de la familia. “Ahora ya soy un poco español de corazón. He aprendido tantas cosas nuevas y lo he pasado tan bien que volvería allí ahora mismo”, decía uno de los estudiantes.

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Viajar para aprender. Aprender para conocer. Conocer para madurar. Ese podría ser el resumen de su aventura: “Este viaje y este programa representa para estos jóvenes estudiantes una oportunidad única de conocer una cultura cuyo idioma e historia estudiamos en CSAS desde el grado de educación infantil. Pero, además, esta experiencia de vivir con una familia no tiene comparación. Es más que el viaje en sí, la inmersión en el lenguaje, el entendimiento de las costumbres de una familia y de una cultura y el desarrollo de unas amistades que puedan durar toda una vida. Eso es lo que nos parece que de verdad aporta“, dice la profesora Jennifer Raulston.

Y vaya que sí aporta. No hay más que preguntar a Sam y a Annnette por su viaje. “Todo fue perfecto. La gente de España, la comida, los amigos, los monumentos, las ciudades… todo. En algunos lugares me pareció estar viviendo en una novela, como dentro de El Quijote. Especialmente en algunos pueblos de La Mancha donde vimos los famosos molinos de viento. Creo que no voy a poder olvidarme nunca de esta experiencia”, me cuenta Sam.

Annette me habla del jamón, de todos los tipos de jamón que probó y de Ávila: “El casco antiguo de la ciudad, la zona amurallada y el aire medieval me fascinaron. Me interesa todo el arte religioso de España y este viaje me ha dado la oportunidad de conocer muchísimos sitios increíbles”.

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El viaje les ha abierto los ojos a una cultura diferente a la americana, pero también les ha abierto puertas a querer seguir aprendiendo y estudiando. “Quiero desarrollar mi proyecto de estudio sobre ‘La importancia de saber español’. A veces en los Estados Unidos algunas personas no creen que sea importante estudiar otro idioma y, desde mi punto de vista, es importantísimo. No solo para el futuro laboral, sino que sobre todo te ayuda a comprender a los demás, a ser mejor persona”, dice Sam, que se plantea incluso escribir una carta al superintendente de las Escuelas de esta zona de Tennessee pidiéndole que se incremente el número de horas de estudio de español y otros idiomas en las aulas. “Creo que con la dedicación actual de una hora o dos a la semana no es suficiente”, añade.

De la misma forma, Annette está pensando en centrar su proyecto de fin de estudios en el terreno cultural: “No me gusta la idea de ser una persona cerrada de mente. Después de este viaje a España, mi perspectiva se ha ampliado en muchos aspectos. Quisiera escribir mi proyecto sobre cómo los extranjeros ven los Estados Unidos ahora y cómo los veían hace 20 años. Me interesa la perspectiva cultural en todos sus aspectos“.

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Para el director de la Escuela de Artes y Ciencias de Chattanooga, Jim Boles, “el mundo es muy grande y exponer a los estudiantes a otra cultura, otro lenguaje y la experiencia de un país distinto debería ser obligatorio en el proceso de su crecimiento educativo y personal”. Jim es una persona con grandes inquietudes culturales para su centro escolar y el impulsor definitivo de este proyecto. Después de viajar a Costa Rica hace años y comenzar a estudiar español “no quiero que nuestros alumnos piensen que todo su mundo termina en esta escuela, o en su vecindario, o en la ciudad o incluso en el estado y este país. Hay mucho más ahí afuera y eso les puede aportar una gran riqueza. A eso aspiramos. A que sean conscientes de esa realidad y a que la valoren en toda su diversidad“.

Este verano, Jim pudo experimentar por sí mismo la inmersión cultural en Madrid: “Un par de tardes salí solo y me encontré con gente dispuesta a ayudarme. Fue divertido y muy enriquecedor. Aún cuando no podíamos entendernos correctamente con el idioma, nos hacíamos entender porque había voluntad para ello. Incluso hice amistad con una familia que me ayudo a pedir la cena en una pizzería y con el camarero de un local con el que me entendía a través de gestos cuando se nos terminaba el vocabulario en común. Ese tipo de experiencias te exponen a los demás y te muestran que no nos separan tantas cosas. Ni el idioma ni la procedencia, porque lo que nos une como seres humanos es mucho más grande y es lo que de verdad cuenta”.

Los estudiantes ya están planeando volver a vivir esta experiencia el verano próximo. Sus amigos Victor Martínez, Luis Pastor, Enrique Retana, Marta García, Sergio Ruiz, Enma Geikie o Micaela Labrador, entre otros los están esperando. Y su familia española, también.

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