Dedicatorias de libros con mala uva

La mayoría de los lectores no pasamos por alto ese breve párrafo que encontramos en la segunda o tercera página de un libro, la dedicatoria, porque suele ser un mensaje cifrado lleno de información. Y es que, en la dedicatoria, el escritor no solo plasma su impronta en forma de homenaje a quien va dirigido, sino que, entre líneas, se puede deducir mucho de la vida privada del autor, de su carácter, de su forma de pensar e incluso de la persona a quien va dirigida la dedicatoria.

Dedicar un libro no es obligatorio, desde luego. De hecho, algunos de los grandes autores de la literatura como Dickens o Proust apenas dedicaron sus libros. Otros escritores se han limitado a dedicar a sus familiares o amigos con nombre propio algunas de sus obras, bajo el socorrido “A mi madre”, o “Para fulanita”. Sin embargo, hay una interesante lista de dedicatorias originales y especiales que merece la atención de cualquiera interesado en la literatura y en esos espacios paralelos que se crean entre los vértices del escritor, el lector y el libro.

No hace mucho cayó en mis manos una edición de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, que contenía la siguiente dedicatoria: “Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera“. Ya había escuchado hablar de semejante ironía del celebérrimo autor de . La Colmena. Pero, a raíz de ese hallazgo, decidí investigar un poco más y descubrí numerosos artículos sobre este suculento asunto. El blog eraseunavezqueseera.com recopila muchas de estas citas y las historias que hay detrás.

Resulta que la primera edición de La familia de Pascual Duarte estaba dedicada al dramaturgo Víctor Ruiz Iriarte. En 1973, la dedicatoria fue sustituida por la que vemos arriba. Y en 1995, con motivo de la Feria del Libro de Madrid, ABC Cultural invitó a una veintena de autores a realizar una dedicatoria. En esa ocasión, Cela rizó el rizo y convirtió la irónica frase en algo aún más audaz: “A mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera. Mantengo la dedicatoria por rigurosas razones de necesidad y de seguridad, puesto que todavía no los enterré a todos”.

La-familia-de-Pascual-Duarte-dedicatoria

Esta claro que algunas dedicatorias pueden llegar a contener altas dosis de mala uva. Y, si no, que se lo pregunten a George W. Bush a quien Pedram Amini dedicó el libro Fuzzing: Brute Force Vulnerability Discovery con las siguientes palabras: “Dedico este libro a George W. Bush, mi comandante en jefe, cuya impresionante carrera a pesar de su incompetencia lingüística me inspiró a creer que yo podría escribir un libro”.

Otro ejemplo de dedicatoria con segundas intenciones es la de E.E.Cummings, quien tenía una colección de poemas titulada 70 Poemas, que fue desestimada por varias editoriales. Finalmente, pidió prestados 300 dólares a su madre y publicó el libro con el nombre de No gracias y lo dedicó a las 14 editoriales que lo habían rechazado. Para más deleite, los nombres de esas editoriales formaban una urna funeraria, como se puede ver:

no-thanks

A veces, una dedicatoria de este tipo puede también estar trufada de cariño hacia la familia, como la que dedicó Joseph J. Rotman en su obra Fundamentos de la topología algebraica: “A mi mujer Margarnit y mis hijos Ella Rose y Daniel Adam, sin los cuales habría terminado este libro dos años antes”. O la de Jaime Campmany, en El pecado de los dioses: “A Conchita, mi mujer desde hace cuarenta años. Nuestro amor es ya casi un incesto”. Y ¿qué me decís de la dedicatoria de Neil Gaiman en su obra titulada Coraline?: “Empecé este libro para Holly, lo terminé para Maddy”. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Incluso, en ocasiones, puede leerse la rabia entre líneas, como es el caso de Tobias Wolff. En su libro titulado Vida de este chico, escribió la siguiente dedicatoria: “Mi primer padrastro solía decir que con lo que no sé se podría llenar un libro. Aquí está”.

Pero no siempre el sabor de una dedicatoria escrita con mala uva es amargo. Las hay con mucha gracia, como la que escribió Shannon Hale en Austenland:”A Colin Firth. Eres un gran tipo, pero estoy casada, así que creo que debemos ser sólo amigos”.

B1M_2CCCUAEFE-1

Aunque definitivamente, la dedicatoria con más mala uva y más disuasoria que he encontrado es la del libro La casa de las hojas, de Mark Z. Danielewski, quien ni corto ni perezoso dejó escrito: “Esto no es para ti”.

Pues nada más que añadir.

lamanofirmando

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *