Sanfermín en Tennessee

La fiesta a la que asisto hoy pide cumplir con un requisito: todo el mundo debe acudir vestido de blanco y rojo, y estar dispuesto a celebrar un especial sanfermín en esta ciudad del estado de Tennessee. Alrededor de 250 personas participarán, invitadas a un evento en el que se anuncia chupinazo, sangría, paella, fuegos artificiales y pañuelos rojos. ¡Viva Sanfermín!

Los anfitriones de la fiesta, Patrik Mayer y Laure Debouttiere, se despiden de esta forma de sus incontables amigos, tras 5 años y medio viviendo en la ciudad de Chattanooga. Y la razón de que hayan elegido el tema de sanfermín es que antes de vivir aquí, pasaron varios años viviendo y trabajando en Pamplona. De ahí su amor por la fiesta navarra.

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Son unos magníficos anfitriones, pero además grandes embajadores de los sanfermines. Han conseguido que todos estos americanos y ciudadanos del mundo (porque en esta fiesta se da cita gente procedente de decenas de países distintos) se empapen de la tradición pamplonica y vistan de blanco y rojo. Un poco sui generis, sí, de acuerdo, pero con entusiasmo y grandes dosis de buena voluntad, la marea de amigos que se acercan a casa de Patrik y Laure, cumple con los colores y viene dispuesta a vivir una tarde-noche de auténtica “pamplonada”, como algunos llaman aquí a los sanfermines.

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Al llegar, han previsto que todos los invitados reciban un pañuelico rojo con los nombres de ambos grabados, que la gente recoge y se anuda en la muñeca o guarda en los bolsos y bolsillos, tal y como les van explicando, a la espera del chupinazo. Se sirve sangría y vino y todo el mundo conversa animado antes del lanzamiento del cohete, que llega como se había anunciado, una hora después del inicio de la fiesta. Patrik pide a los asistentes que salgan al jardín porque el chupinazo está a punto de lanzarse.

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Para semejante tarea, se ha escogido a uno de los navarros, Miguel Angel, que hace los honores mientras todo el mundo levanta los pañuelos al alto y corea el grito de “sanfermín, sanfermín”.

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(Fotos de Casey Brock)

Porque sí, en ese grupo, hay seis navarros, entre los que me cuento. Vernos tan lejos de nuestra tierra y en medio de este gentío vestidos como en nuestra fiesta, y coreando al santo nos hace sentirnos como en casa. Es una sensación extraña y muy agradable a la vez. Además, nos sentimos embajadores y llevamos varios días eligiendo bien la ropa, hemos encargado las fajas a Pamplona, complementos como el periódico por si llega el momento de correr el encierro (eso sí, como hasta aquí no llega Diario de Navarra en papel, hemos tenido que conformarnos con el Chattanooga Times Free Press y Usa Today), el gorro de paja para la corrida en el tendido de sol y hasta la bota de vino. El kit completo.

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A Miguel Angel, con eso de que le han encargado tirar el chupinazo, no le falta detalle. Ni el corazón de neón con luz parpadeante ni los collares de cuentas que uno compraría cualquier noche en las calles del casco viejo de Pamplona le van a faltar. Lo tiene todo preparado.

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Tras el chupinazo, la fiesta de la paella. Se sirven raciones de paella valenciana elaborada por una familia española residente en Chattanooga, pinchos de tortilla de patata, bacalao con pimientos, tostadas de jamón y dulces varios. Incluso los dulces cumplen con el blanco y rojo. Es sorprendente el cuidado por el detalle que esta familia ha puesto a la hora de organizar la fiesta.

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Los invitados conversan, bailan, comen y beben, y sin darse cuenta están creando un mini sanfermín a la americana, que a ojos de un navarro es un fenómeno casi de carácter sociológico, emocionante y sorprendente a la vez. Estamos muy acostumbrados a ver las calles de Pamplona llenas de americanos y guiris de toda procedencia y pelaje, pero no sé si es tan normal presenciar que un puñado de navarros y amantes de los sanfermines sean capaces de alborotar un sábado por la tarde, todo un vecindario de Tennessee coreando al santo morenico.

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Un mestizaje castizo y gringo, fresco y entrañablecosmopolita y casero a la vez, que a mí me hace sacar fotos sin parar. Quiero inmortalizar esta fiesta, poder contarla y explicarla. Porque desde luego que no creo que sea nada habitual.

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Hacia las 10 de la noche se lanzan fuegos artificiales en el jardín. Aquí, ya cerca de los 30 grados de temperatura a esta hora, en pleno mes de mayo, no hace falta llevar la chaquetica, como en Pamplona. De hecho se agradece la buena temperatura para poder charlar y me toca explicar a más de uno el por qué de las fiestas. Me preguntan por la vestimenta, por la tradición, por la razón de lanzar un cohete para iniciarlas. Y como no, me preguntan por el encierro, la pieza clave de los sanfermines para muchos americanos que siguen sintiendo una atracción irresistible por esa pugna a vida o muerte entre el hombre y el toro.

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En esta fiesta no hay toros. Menos mal. Porque a estas alturas de la noche, a los tres mozos de Pamplona, Roberto, Javier y Miguel Angel, solo les faltaba tener que dar ahí el do de pecho. Aunque, las prácticas las tenían preparadas. Por si las moscas, y por si la situación se ponía exigente y había que ejercer de mozo sanferminero en Tennessee.

Al final, no hace falta. Y aunque hoy no sea escalera, aunque queden aún cerca de dos meses para sanfermín, os aseguro que para nosotros, la fiesta ya ha comenzado. Va por vosotros y por la morriña que se siente desde fuera de casa al oler ya los sanfermines. ¡Felices fiestas!

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Una respuesta a Sanfermín en Tennessee

  1. YOLANDA ARMENDARIZ dijo:

    Un saludo, desde Noain; bonito reportaje!!!Ya veo que estais disfrutando de vuestra experiencia americana!!!

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