¿Una directiva en la selva?

En el futuro, no habrá líderes femeninas. Habrá sólo líderes”. Es lo que propone la número dos de Facebook, Sheryl Sandberg, en el libro Lean In: Mujeres, Trabajo, y el afán de liderazgo. Un alegato por la igualdad y el desarrollo laboral femenino, que lanza a los cuatro vientos un buen puñado de incómodas verdades, pone el dedo en la llaga en un tema que sigue siendo aún tabú en el mundo de la empresa y ha conseguido sonrojar a más de uno en el país de las oportunidades.

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¿Y quién es Sheryl Sandberg? Es, probablemente, una de las mujeres más influyentes en este momento en los Estados Unidos. Ocupa el flamante cargo de directora de operaciones de Facebook desde 2008. A sus 43 años ya ha ocupado los puestos más variados. Ha sido asistente de investigación de Lawrence Summers en el Banco Mundial; consultor de gestión en McKinsey; jefe de gabinete en el Departamento del Tesoro; y además ha trabajado durante seis años y medio en Google donde alcanzó el puesto de vicepresidente de ventas y operaciones globales en línea. También ha llegado a la cima del mundo en Silicon Valley, donde la escasez de mujeres entre las filas de los científicos de la informática más puntera sigue siendo patente y notoria. Pero Sheryl es también madre de dos niños y ha tenido que compaginar su trabajo fuera de casa con el del hogar. Quizá por eso, el libro no está exento de humor, compasión, inteligentes guiños a hombres y mujeres, y mucha frescura.

La carrera de Sandberg como líder en cuanto al avance de la mujer en la empresa, comenzó con su charla en la plataforma TED en 2010, en la que expuso su mensaje lean in que pronto se convirtió en un fenómeno viral. El libro, que recoge el mismo título, se basa en los temas de esta exposición en TED, reforzada por extensas referencias a trabajos académicos e incluso a la literatura popular.  En el libro ofrece algunas claves que a ella le han funcionado para poder sortear las mil y una zancadillas que ha encontrado a lo largo de su carrera en su camino para ascender puestos. Aconseja a las mujeres “convertir a su pareja en un verdadero socio“. En este caso, cuenta cómo ella y su marido establecieron patrones de igualdad y reparto de tareas al principio de su relación en temas como el cuidado de los niños. Aún con esa ayuda, su frase “La empresa es una selva, no una escalera“, describe a la perfección lo complicado que puede llegar a ser el camino a un ascenso laboral para una mujer con hijos.

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Sin embargo, Lean in no es un mero alegato feminista. Ni un compendio de quejas con olor a plañidera. Es más bien una reflexión social, económica y muy real sobre la situación que muchas mujeres han vivido o viven en sus empresas. También, un retrato muy personal de las dificultades que encuentran cuando intentar alcanzar un alto puesto en la escala empresarial, institucional o social. El libro se ha vendido como churros: el primer día de ventas en Amazon alcanzó el primer lugar de la lista de best sellers. 

Sandberg lanza un mensaje importante para las futuras generaciones. Dice que “los estereotipos de género introducidos en la infancia se refuerzan a través de nuestras vidas y se convierten en profecías autocumplidas. La mayoría de los puestos directivos están ocupados por hombres porque las mujeres no esperan alcanzarlos”. Pone el dedo en la llaga también, más allá del género, en los estereotipos de raza, que siguen siendo un escollo en algunos países como los Estados Unidos: “Nuestra cultura tiene que encontrar una imagen sólida del éxito femenino que esté alejada de la imagen del icono masculino, y en segundo lugar, no tiene por qué ser una mujer blanca colgada al teléfono, sosteniendo a un bebé que llora”. Además, insiste en el alto precio que pagan muchas mujeres desde el inicio de su carrera por el estigma mal entendido de su propia condición femenina: “Muchas veces, comprometemos nuestros objetivos profesionales para hacer espacio a los esposos y a los niños que ni siquiera existen todavía”.

Lo más importante, según Sandberg es tener seguridad en una misma. Ella describe las muchas ocasiones a lo largo de su carrera en que se ha sentido profundamente insegura y presa de la incertidumbre: “Todavía me enfrento a situaciones que temo porque creo que están más allá de mis capacidades. Todavía tengo días en que me siento como un fraude. Y todavía a veces me encuentro hablando con otras mujeres que se sienten inseguras, mientras los hombres sentados a mi lado no. Pero ahora sé cómo tomar una respiración profunda y mantener mi mano hacia arriba. He aprendido a sentarme a la mesa y mirar a todos de igual a igual” .

Sandberg cita a otras mujeres poderosas que comparten sus propias inseguridades: Todo se reduce a la confianza, asegura, y es más fácil tener confianza si te das cuenta de que tus modelos, jefes y referentes tienen un montón de dudas que, de forma innata o autoaprendida, han conseguido superar”.

El libro es un éxito de ventas y de crítica que cuenta con el aplauso de muchos lectores. Sin embargo, Sandberg ya ha tenido que enfrentar varias críticas a su discurso. Uno de los argumentos en su contra sostiene que es fácil realizarse profesionalmente y encontrar un equilibrio entre el trabajo y la familia, si se es una persona graduada en una escuela de élite como Harvard. Para acallar a los que la acusan de elitista, el dinero recaudado con la venta del libro se destinará a LeanIn.org, una organización creada por Sandberg que ayuda a las mujeres a cumplir sus objetivos, mediante el aprendizaje de la experiencia de otras mujeres y la educación en temas como liderazgo o desarrollo personal.

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Para terminar, me quedo con una frase de Sandberg que comparto: “Estoy firmemente convencida de que el mundo sería un lugar mejor si la mitad de nuestras instituciones estuvieran dirigidas por mujeres y la mitad de nuestros hogares por hombres.”


 

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2 respuestas a ¿Una directiva en la selva?

  1. José Luis dijo:

    Quizá tenga razón, pero no estamos acostumbrados a estos razonamientos.
    Un saludo.

  2. Amo de casa dijo:

    El Mundo sería un lugar mejor si todas las personas tuvieran igual acceso a la educación e igualdad de oportunidades en su carrera profesional. Sin importar sexo, raza o cualquier elemento que nos diferencie. Así nos dirigirían los mejores. No hombres ni mujeres.
    Los hogares serían mejores si fueran gestionados por ambos cónyuges con iguales derechos y responsabilidades.
    Discriminar positiva o negativamente a alguien para dirigir una institución no es la mejor manera de que las mismas funcionen.

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