Una americana con burka

 

Rita Ordaz tiene 22 años, es de Florida y estudia último año de Teología en una universidad de Tennessee. Ella es cristiana pero viste con convicción el burka y suele acudir a sus clases con un pañuelo cubriendo su cabeza. Con este gesto, pretende echar abajo los prejuicios contra los musulmanes, a la vez que siente que honra a Dios con uno de sus lenguajes: los mandatos del Corán.

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He quedado con ella para entrevistarla en una sala de la universidad y, cuando llego, ya está esperándome. No puedo verle más que los ojos porque la cubre un burka casi  integral, o niqab, que tan solo deja a la vista ojos, manos y zapatos. Le pregunto si puedo hacerle fotos y me dice que sí porque ella no es musulmana. Si lo fuera, fotografiarla sería pecado.

Quiero saber por qué una chica como ella, nacida americana, con padre mexicano y madre ecuatoriana, familia y tradición cristiana, residente en Florida y estudiante en Tennessee, anda por el campus vestida como una musulmana conservadora. “Es una cuestión de principios”, me explica, “La religión es algo muy importante para mí. Tengo pasión por todas las religiones y me interesa todo acerca de ellas: su historia, sus orígenes, los ritos… Además, siempre que puedo, vivencio en la medida de lo posible cada una de sus liturgias. Vestir el burka me acerca a Dios y me hace sentir que estoy honrándole”.

Sin embargo, la familia de Rita no tiene apenas relación con el mundo musulmán. Sus padres son cristianos y tan solo una tía suya se convirtió al Islam tras casarse con un hombre de Jordania, “pero nunca llevó burka, tan solo velo para cubrirse la cabeza”. Ha sido una amiga suya de Pakistán, quien le ha conseguido el vestido que lleva. “Yo soy cristiana adventista y llevo el burka como gesto, pero conozco gente muy valiente aquí que cumple el mandato religioso. Hebah Ahmed es una musulmana que nació en Chattanooga y que usa en su vida diaria el niqab. Yo le respeto enormemente y he aprendido mucho de ella”. Rita me explica que a ella, sus padres la respetan pero no siempre la entienden. “Mi madre cree que es algo interesante esto que hago, y que forma parte de un momento de mi vida, de búsqueda de principios. Pero mi padre no puede entenderlo del todo y se sigue cuestionando si es bueno que su hija vista una prenda que algunos hombres obligan a llevar a sus mujeres”.

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Comenzó a llevar el pañuelo en la cabeza hace unos cuatro años. El burka lo viste desde hace dos: “Yo me siento tan cómoda vistiéndolo que a veces no me doy cuenta de que lo llevo hasta que observo que la gente me mira y se vuelve por las calles del campus. De hecho, me siento protegida de la mirada de los demás, especialmente de los chicos. Y libre de la tiranía del aspecto físico. También siento que estoy cumpliendo con Dios. Una de las mejores cosas de esta universidad es que muchos de los estudiantes han hecho obra misionera en países extranjeros, a veces en el Tercer Mundo, entonces no se asustan mucho cuando me ven porque entienden las diferentes culturas”.

Pero, no todo son sensaciones positivas. En ocasiones, Rita siente el miedo, el desconcierto y el rechazo de algunos de sus compañeros:Aquí en los Estados Unidos existen muchos prejuicios contra los musulmanes y es muy difícil llevar una vida de acuerdo al Corán. Después de los atentados del 11 de septiembre, el pánico y el rechazo hacia todo lo que suene al Islam ha ido a más. Vistiendo el burka, algunos compañeros de residencia han llegado a decirme si era una terrorista, si pensaba matarles o si les iba a poner una bomba. También me han comentado que se sienten incómodos al hablar conmigo porque no pueden ver mis gestos, ni mi boca, tan solo los ojos y eso no les gusta”.

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En un momento de la conversación, Rita enciende su ordenador y me señala un power point que suele mostrar a veces a algunas compañeras interesadas en el Islam. Me sorprende que, aquí en Tennessee, en pleno Bible Belt (el cinturón de la Biblia, como llaman a los estados del sur), no solo no impidan a Rita entrar en un aula con el burka o el pañuelo, sino que permitan y respeten que tengan cabida otras sensibilidades distintas a la cristiana.

Para Rita, todas las religiones se parecen más de lo que puede parecer de fuera. “Quiero lanzar una llamada de atención hacia la religión, en términos generales. No es tan distinta una monja cristiana de una mujer que se viste según la tradición Amis o una musulmana con hijab o burka”, dice Rita. Pero también añade que no siempre se entiende así. Algunas amigas y compañeras le reprochan que vistiendo el burka, ella misma se silencia, “me dicen que no tengo voz, que estoy oprimida, que pierdo derechos como mujer y como ser humano. Pero yo siempre les digo que es una opción, es mi opción, aunque también entiendo que en algunos países es una obligación y eso hace que sea más complicado entenderlo”.

Para millones de mujeres musulmanas, cubrirse es honrar al padre, al esposo y a los hijos. Deciden hacerlo así, seguir las tradiciones de su familia y de su cultura y eso es más que respetable. No me gusta que llevar el burka o el pañuelo sea una imposición. Eso es hacer una lectura interesada del Corán, y en algunos lugares, se hace para controlar a la población”.

La escucho mientras admiro su tesón y el compromiso que pone en lo que está haciendo. Pienso que hay valentía también en su gesto. Y me quedo con una frase que deja caer en medio de la conversación: “No todos los musulmanes son asesinos. Al fin y al cabo, el talibán es al islamismo como el Ku Kus Klan es al cristianismo. Son extremos dañinos que no representan a todos”.

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¿Hay solución para la controversia sobre el uso del pañuelo en las aulas?, le pregunto. Ella puede llevarlo porque esta universidad de los Estados Unidos le permite hacerlo, pero le recuerdo la seria polémica que se vive en otros lugares, como algunos países de Europa, al respecto. No me gusta que en países como Francia se prohíba a las chicas llevar el hijab. Es como si a un cristiano le prohibiesen llevar su crucifijo. Cuando los gobiernos prohíben a las chicas llevar el velo, dicen que es para proteger a las mujeres, pero yo creo que es otra forma de control”.

“La solución pasa por el respeto”, termina diciéndome. “La razón de fondo para el rechazo aquí a los musulmanes es el odio y sobre todo porque, después del 11 S, toda la gente en este país tiene una opinión negativa acerca de todo lo que suene al Islam. Y tienen miedo. A veces pánico. En los Estados Unidos ya ha ocurrido antes con otros: primero fueron los rusos, antes los japoneses.. siempre hay alguien a quien temer y odiar. Es triste que no consigamos aprender. La solución pasa por dar a conocer, explicar, hacer familiar lo diferente. Es lo que intento yo hacer aquí con mis compañeros”.

Gracias, Rita. Muchas gracias.

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2 respuestas a Una americana con burka

  1. Gloria dijo:

    Te felicito Rita y me gusto que tengas mucho interés en conocer las diferentes religiones, eres una chica muy inteligente y respetuosa, te quiero

    Gloria Victorino

  2. Gavina dijo:

    Me parecemuy bien que ejerza su libertad a vestir como quiera, pero otros también tenemos que exigir se respete nuestro derecho a saber quién se oculta tras un burka o un pasamontañas. Cuanod voy a un país musulmán respeto sus normas morales y también de seguridad. Por favor, respeten las nuestras cuando vengan a vivir en nuestros países con religiones, normas de seguridad y cultura distintas de las suyas. El respeto debe ser bidireccional.

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