El Quijote ¿era un chorizo?

 

Nadie pone en duda que una lectura como El Quijote alimenta el espíritu. Lo que no sabía yo es que, bajo la marca “Quijote”, iban a resultarme tan alimenticios y tan sabrosos unos chorizos que hemos logrado encontrar en pleno Tennessee y que me han servido para aliviar la inmensa morriña que siento por la gastronomía de mi tierra.

Es obvio que cuando se vive en otro país, uno echa de menos muchas cosas. Lo primero las personas, la familia, los amigos, el trabajo, los compañeros, los paisajes, las formas de divertirse, la casa y la ciudad … en fin. Mil aspectos. Pero hay uno que, quizá porque está vinculado a una necesidad primaria que se repite varias veces al día, se hace más patente que los demás. Hablo de la comida. Las primeras semanas en los Estados Unidos, buscaba ya no solo platos saludables y sabrosos en los restaurantes (misión imposible en muchas ocasiones) sino también ingredientes y materiales básicos para poder elaborar en casa un menú mínimamente parecido al que llevábamos en casa. Complicado.

Porque, sí, verduras hay, claro que hay. Pero no saben igual. No todas al menos. En la mayor parte de los supermercados los expositores dedicados a los vegetales y a las frutas parecen un escenario de Alicia en el País de las Maravillas, un alarde de color y variedad. Pero, en cuanto le das un mordisco a la fruta o te preparas una ensalada, te das cuenta de que no saben como esperas. Quizá tenemos el listón demasiado alto en materia de productos frescos, especialmente en verduras, allá en nuestra Navarra. Pero la cosa es que a mí, las frutas de la Florida me saben más bien poco.

Lo mismo me ocurre con las carnes. Si no seleccionas con esmero, lo más normal es que estén demasiado hormonadas. Las echas a la sartén y parece que naden en una balsa de agua, porque la legislación americana permite alimentar al ganado con sustancias que en Europa hace tiempo se eliminaron del menú en las granjas. Pero es lo que hay. Del pescado ni hablamos. Hay poco y en su mayor parte, es congelado. Imaginad abastecer de pescado fresco un país tan inmenso como los Estados Unidos.

Aún así, y para ser justa, diré también que existen algunos supermercados con productos frescos exquisitos, aunque caros. Muy caros, a veces. Y pequeños mercados cerca de las zonas rurales donde puedes comprar algunas verduras, leche o huevos procedentes de granjas con animales alimentados solo con piensos naturales. Pero todo esto no es lo habitual.

Con este panorama, y si no te gustan las hamburguesas en todas sus variantes, las pizzas y la comida llena de salsas y aderezos, imaginad con qué sueña una cada vez que piensa en comida. Se me amontonan las imágenes de las verduras recién cogidas de la huerta, las ensaladas frescas, los chuletones de carne Navarra, los pescados en todas sus variantes, los ajoarrieros, los asados, las paellas… en fin. En modo salivando os diré también que, ante esta perpetua necesidad no satisfecha, se va bajando el nivel de exigencia poco a poco. Y el día en que encuentras un producto con origen o referencia a España, eso es una fiesta nacional.

jamon

Esto nos ha ocurrido en varias ocasiones. Por ejemplo, la primera vez que encontramos un jamón medianamente comestible lo celebramos por todo lo alto. Isabel, Javier, Miguel Ángel y Arantxa se han especializado en localizar los mejores quesos con denominación de origen española. Fue una alegría encontrar clementinas valencianas, a precio de oro eso sí. Por no hablar del momento en que, cada vez que localizamos el objeto de nuestro deseo culinario, compartimos el hallazgo con el resto de la pequeña comunidad navarra y española con quienes convivimos en esta zona del sur de los Estados Unidos. La información acerca del tesoro descubierto corre como la pólvora por el guasap, el Facebook, twitter, linkedin y todos medios posibles.

clementines

De esto sabe mucho nuestro particular gurú en Chattanooga, el profesor Juan Antonio Alonso. Es uno de los españoles que más experiencia vital acumula en los Estados Unidos, así que se las sabe casi todas. Y es experto en detectar las delicias de la tierra en los más variados y diversos supermercados, grandes y pequeñas superficies… por encontrar, Juan ha encontrado incluso turrón en pleno Chattanooga. Ahí es nada.

Ahora bien, si hay un producto que echamos de menos sobremanera es el chorizo. Hace unas pocas semanas, alguien descubrió que habían comenzado a distribuir en un supermercado cercano un producto muy parecido al chorizo. Los más incrédulos enseguida pensaron que, una vez más, era el sucedáneo italiano. Ese primo especiado del chorizo llamado pepperoni, que no es lo mismo, por mucho que aquí lo pongan en todas partes como “chorizo”.

quijote

Así que probamos el recién descubierto chorizo. Y sí, para empezar, el nombre prometía: Chorizo Quijote. Y después, la cosa fue probarlo y volver a recuperar uno de los sabores más castizos que uno guarda en el imaginario culinario de la tierra. Delicioso. Exquisito. Manjar de dioses para exiliados y demás fauna alejada del terruño.

Bueno… seguro que si me lo dan a probar hace unos meses, en casa, habría dicho que era un chorizo más. Pero aquí, ¡ay, aquí! Con decir que estas últimas semanas han puesto dos nuevos expositores con chorizo en el supermercado donde lo compramos, porque hemos incrementado la demanda en ese establecimiento seguro que un 400% con respecto al consumo habitual. Y creo que todo es obra del puñado de españoles que vivimos en este vecindario. Lo que hace la morriña. Ya dicen que no hay como salir de casa para valorar más lo que uno tiene. Y qué gran verdad es.

Ya veis que últimamente, mis lecturas rondan lo gastronómico. Y hoy la lectura y la sopa de letras tienen sabor más bien a cocido castellano. Lo de si el Quijote era un chorizo no iba con segundas. Aunque más de uno lo haya pensado al leer el título de esta entrada… No, esta vez hablamos de auténticos chorizos embutidos y de aprendices de quijotes al otro lado del Atlántico.

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2 respuestas a El Quijote ¿era un chorizo?

  1. Itziar Peñas dijo:

    Estuvimos 4 años allí y creo que no miento si digo que nunca eché de menos la comida de aquí…Igual soy poco exigente, pero comíamos muy Bien.Nuestras lentejas, garbanzos, alubia verde (redonda eso si), pollo, lomo de cerdo( más tierno y sabroso que el de aquí) y esa deliciosa ternera de Tennessee con la que hacíamos unos estofados con cus cus de rechupete(el cus cus es árabe pero acompaña a la carne muy bien).Por no hablar de las patatas de Idaho, manzanas de todas clases, frambuesas, moras, uvas, y ya por hablar de todo, sus tartas de queso, pastel de zanahoria….
    Además aprendimos a comer cosas nuevas deliciosas como los “wraps” rellenos de deliciosos ingredientes o las ” breakfast potatoes” o los “Pancakes” con “Maple syrup” … Ah! y me queda nombrar su suculento salmón , los nuggets de catfish, y ese salmón de Alaska que con unos pimientos verdes nos lo devorábamos…Ay(suspiro)no sigo porque estoy empezando a sentir esa mezcla de hambre y morriña….

    • galindob dijo:

      Gracias Itziar por tus palabras y tu comentario. Al final, la morriña y la nostalgia parecen ser una cuestión de ida y vuelta… Y como bien dices, siempre está la sabiduría del refranero para acordarnos de aquel “A donde fueres, haz lo que vieres”.

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