Un año en la vida de una mujer (bíblica)

¿Qué estaría cualquier escritora dispuesta a hacer para escribir un libro? La joven de Tennessee, Rachel Held Evans, de 31 años de edad, ha estado un año sin cortarse el pelo, llamando ‘señor’ a su marido, sometiéndose a él, aislándose durante la menstruación y poniendo en práctica una actitud piadosa, tal y como literalmente dicta la Biblia, para escribir el libro titulado “Un año en la vida de una mujer bíblica”.

La aventura vital de Rachel comenzó el 1 de octubre de 2010, cuando decidió ponerse manos a la obra con este experimento. Cuenta en su blog que llevaba tiempo intrigada por el resurgimiento ultraconservador que llevó a muchas de sus amigas a abandonar su carrera para asumir roles tradicionales de género en el hogar y en algunos ámbitos de la vida pública y privada. Evans decidió experimentarlo por sí misma, contarlo en un libro y de paso “dinamizar el debate sobre cómo se interpreta y se aplica la Biblia en la actualidad”.

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De carácter fuerte y extrovertido, y creencia cristiana evangélica, Rachel se declara feminista y asegura que no había cosido un botón en su vida antes de embarcarse en este proyecto. Se define como una mujer normal “con una floreciente carrera, un matrimonio igualitario y una casa desordenada. Apoyo firmemente a la mujer en todos los niveles de liderazgo y desconfío de cualquiera que afirme que la Biblia presenta una sola forma correcta de ser mujer. Llevaba tiempo preguntándome cuál era exactamente la feminidad que promulgaban los textos sagrados y, como cada cual le daba su propia interpretación, decidí comprobarlo por mí misma”.

Dicho y hecho, durante un año estuvo siguiendo a rajatabla las instrucciones de la Biblia para las mujeres lo más literalmente posible. Su objetivo era seguir una virtud diferente cada mes:  someterse a la voluntad de su marido, dedicarse a las tareas de la casa (para lo que tuvo que aprender a cocinar), ser madre (de forma figurada), vestir con modestia (haciéndose su propia ropa), tener un espíritu afable y apacible, apartarse de todo el mundo los días que duraba su menstruación, cubrir su cabeza durante la oración, no cortarse el pelo, no enseñar en la Iglesia, no cotillear y no ejercer autoridad sobre el hombre. Incluso se acostumbró a llevar un cojín de asiento dondequiera que fuera para evitar sentarse en sillas ajenas “e impuras”.

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Asegura que algunos de estos preceptos fueron especialmente duros de seguir: “Durante mi periodo y siete días, es decir, un total de 12 días, yo era ‘ impura’, lo que significaba que no podía tocar a ningún hombre o mi marido para esos 12 días. No podía dar un apretón de manos, compartir banco ni abrazar a nadie “, dice Evans, ” ni siquiera podía pasar la sal en la mesa “. Llegó incluso a vivir durante días enteros en una tienda de campaña en el jardín de su casa.

“No me gusta que la Biblia sea utilizada como munición contra las mujeres”, afirma. “Creo que mucha gente se ha beneficiado de la idea de que la Biblia restringe a las mujeres en sus roles y me apetecía traer el debate a la escena pública, incluso revisar ciertas creencias aún sumergidas en nuestra sociedad”.

El libro ha levantado ampollas en esta zona de especial sensibilidad a los temas que tienen que ver con la religión. Ya hay algunos grupos religiosos que se oponen de manera directa al libro y a la interpretación que hace Evans de la Biblia. Se trata de grupos ultraconservadores que se han formado en las últimas décadas en esta zona sur de los Estados Unidos (denominada la Bible Belt –la zona del cinturón bíblico-), como el Consejo de la masculinidad y la feminidad bíblica organizada en 1987 para “abordar las preocupaciones sobre la influencia del feminismo” en las iglesias evangélicas, ya que –aseguran- “los hombres y las mujeres son iguales a la imagen de Dios, pero mantienen diferencias complementarias en papel y la función. “

Algunos han acusado a Evans de “burlarse ” de la Biblia con su experimento. Los hay también que aseguran que el punto de vista de Evans sólo puede llegar a aquellos que ya están de acuerdo con ella. Su respuesta es clara: “Mi propósito al embarcarme en este proyecto no era menospreciar o burlarme de la Biblia, ni tampoco glorificar a sus elementos patriarcales”, explica Evans, “tan sólo abrir un debate sobre el papel de la mujer y plasmarlo en un libro”.

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“El poder no es algo que se deje ir fácilmente y soy consciente de que mi libro molesta”, dice, “La pregunta es: ¿De verdad vamos a seguir usando la Biblia para silenciar a las mujeres? “.

La propia Rachel ha explicado que a través de su experimento intentó poner de manifiesto un punto importante que está siendo muy debatido: “A veces, los cristianos optan por respetar aquellas partes de la Biblia que les conviene. Y las que no les gustan, no. Y además, quería dejar muy claro que hay más maneras de ser una mujer de fe que lo que algunos evangélicos han seleccionado de la Biblia”.

El libro aquí es uno de los más leídos. La polémica que arrastra tiene algo que ver. Pero desde luego la valentía de esta escritora y la apuesta por vivir un experimento literario de esta magnitud aportan un valor añadido a un libro que no deja a nadie indiferente. Y que ha puesto el dedo en la llaga en esta zona de los Estados Unidos donde la religión es intocable. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Pues eso.

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Una respuesta a Un año en la vida de una mujer (bíblica)

  1. Juan José Donázar dijo:

    Interesante el tema.

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