Me gusta, no me gusta

No hay lectores mejores ni peores, hay lectores distintos y peculiares. Cada uno con sus gustos y disgustos. ¿Te has preguntado alguna vez cuáles son las cosas que te gusta hacer y las que aborreces, en lo que se refiere a tu relación con los libros? Lo mío son manías, sin duda.

La principal, el bis a bis con el libro, previo a la lectura. Antes de dedicarme a dar sentido a la lectura, no me privo de oler, tocar y mirar el libro por cada uno de sus costados. Hay una amiga que exagerando el tema, decía que ella esnifaba las páginas antes de leerlas. Porque a los que nos gustan los libros, nos suele gustar degustarlos previamente y uno de los placeres sensoriales que ofrece el libro es su olor a papel y tinta. Indescriptible ese aroma para quien no suele apreciarlo. Para los que lo hagan, sabéis que podría inventarse una cátedra de aromas literarios.

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Lo mismo diría de esa experiencia que supone el tacto y el disfrute visual de una encuadernación cuidada, de un gramaje adecuado, de una tipografía agradable, por no hablar de una portada que sirva de delicado y preciso aperitivo para introducirnos en el tono y en el tema del libro.

En lo que se refiere a esos momentos antes de empezar la lectura, los hay que prefieren siempre retirar las sobrecubiertas, en el caso de que el libro las tenga, y que por nada del mundo señalarían con un lápiz o bolígrafo un apunte, ni serían capaces de doblar la punta de un página para marcar donde dejaron un capítulo. Más bien al contrario, se sirven de multitud de marcapáginas (véase aquí la entrada Lo confieso, soy fetichista) y suelen anotar citas y frases, con lo que el libro a veces aparece lleno de post it y marcajes externos que le dan un cierto aire de pavo real literario. Ya sabéis que, libro marcado, libro vivido.

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A mí me gusta leer la sinopsis del libro, no veo gran problema en asumir alguna pista en torno al tema, los personajes y las cuestiones principales de la novela. Pero hay lectores que consideran casi un sacrilegio el hecho de destripar parte del desarrollo incluso del desenlace de su experiencia literaria. Los hay (lo he visto) que forran el libro para no verse tentados de echar un vistazo a la contracubierta.

Y el silencio. Yo lo prefiero, desde luego. Una lectura sin mucho ruido siempre es mejor para adentrarse en la historia y en el clima del libro, que una situación que distorsione o me ocupe los sentidos en otra cosa que no sea el contenido de esas páginas en las que estoy inmersa. Pero como para gustos, los colores, hay lectores que prefieren acompañarse con buena música o son capaces de sumergirse en una historia en medio de las situaciones más cotidianas, como el autobús, el metro, el bullicio piscinero de agosto o incluso una terraza de verano. A mí me gusta más leer por la noche.

Otra de las grandes cuestiones en esto de las preferencias lectoras se plantea a la hora de elegir entre el libro analógico o el libro digital. Yo diría que me van ambos formatos. Creo que cada momento o situación puede hacer que prefiramos un formato antes que otro. Pero algunos lectores lo tienen muy claro y siguen firmememente anclados al modelo papel. Y a la inversa. Hay lectores que han probado el libro digital y su capacidad de almacenar cientos de libros en el espacio de uno de papel, y se han rendido a sus encantos.

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Si entramos en el apartado posesivo de prestar o no los libros, ya bordeamos terreno pantanoso. A la mayoría de los lectores no les gusta prestar libros, más aún si son libros de esos que nos han dejado huella y apetece releer de vez en cuando. También el hecho de qué hacer con los libros, una vez leídos, es un tema interesante para analizar y debatir. Los hay incapaces de deshacerse de todos los libros que tan buenos momentos les han aportado, pero a veces se impone la necesidad de hacer espacio en casa, por ejemplo. Y nada mejor que las donaciones. Nunca un libro a la basura, por muy reciclable que sea el contenedor de papel al que pensabas arrojarlo.

Por último, una cuestión de principio y fin. ¿Eres de los que no pueden dejar un libro a medias por muy malo que sea? Pues no te cortes. Se puede dejar un libro a medias. Es mas, deberíamos dejarlo tan pronto como descubramos que no nos aporta, que no nos gusta, que no tiene la calidad suficiente… la razón es de sobra conocida. Con tanto libro bueno por leer, y nuestro tiempo de vida limitado, aprovecha ese tiempo en abordar lecturas que realmente merezcan la pena.

 

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