Lo que mueve el mundo

A algunos les mueve el dinero, el poder o la fama. A otros, el amor, no tanto en su acepción romántica sino humanística y solidaria, aquella que hace referencia a esa fuerza motor que nos convierte en mejores personas. Ya lo dijo Freud, y Kirmen Uribe lo ha hecho suyo en su última novela, que ha titulado precisamente Lo que mueve el mundo.

Hace unos días pasó por el Club de Lectura de Diario de Navarra para presentarnos este libro que aborda el tema del exilio y cuyo título original es Mussche: el apellido del escritor belga Robert Mussche, miembro activo de la Resistencia en la II Guerra Mundial que es el principal protagonista del libro. Y que sí, él también se movió en las aguas de la vida impulsado por el amor a los demás. Hasta el punto de poner el amor propio y el de sus allegados en un segundo plano.

kirmen

Kirmen es un hombre de mar. Nació en Ondarroa y pertenece a una de esas familias de pescadores que ha vivido generación tras generación en torno al Cantábrico. Se le nota en la mirada, y en las maneras. Tiene algo de marino, es humilde y sagaz, a la vez que es una de esas personas que intuyes valientes bajo su frágil caparazón. Tiene el aire sólido del que mantiene los amarres atados a sus raíces, pero no deja de soñar mientras mira hacia el horizonte.

Tras sorprender hace tres años con Bilbao- New York- Bilbao, obra que le valió el Premio Nacional de Narrativa, Kirmen Uribe ha vuelto a la escena literaria con un nuevo experimento narrativo, sembrado de hallazgos y donde el lector encuentra la cara y el envés del engranaje literario.

El texto conforma la aventura personal y vital de Robert Mussche, joven escritor belga que acogió en su casa de Gante a Karmentxu Cundín Gil, uno de los miles de niños que salieron en mitad de la guerra civil española desde el puerto de Bilbao en busca de una vida mejor. Nos cuenta la historia de un héroe y su reverso, el antihéroe que todos llevamos dentro. Pero es además, un alegato literario que pretende reivindicar una Europa culta, generosa, idealista y solidaria que, a pesar de todos esos valores, actualmente está en crisis. Entre líneas, el escritor esconde el sutil aroma de la esperanza: porque no es ni la primera ni la última vez que Europa ha sufrido una crisis y siempre ha renacido de sus cenizas, como el ave Fénix.

Para escribir el libro se ha basado en hechos reales aunque ha tenido que ir tejiendo los vacíos que dejaban la historia y los documentos de la época, y darles forma con la memoria y el recuerdo de quienes lo vivieron y aún lo cuentan. Y lo hace hilando hacia delante y hacia atrás: amparándose en la historia y en la ficción, a la par que ha incluido mucho de su adn personal, como ya hizo con su anterior novela.

Hay un viaje de ida y vuelta también en este libro. En el aspecto narrativo, la novela comienza con el viaje de la esperanza que supuso la partida del buque Habana de Bilbao cargado de miles de niños hacia centro Europa. Y termina con el viaje del horror que realizó el trasatlántico Cap Arcona, donde perdería la vida Robert Mussche.

robert Mussche

El viaje interior debe reconocerlo cada uno que se acerque a la historia y es el viaje que ha supuesto también para el propio Kirmen escribir esta novela: “visité a la hija de Robert Mussche en Gante y me di cuenta de que su historia la había vivido también yo mismo”. Resultó que iba buscando una historia y la historia le encontró a él.

Ha pasado meses inmerso en una historia y en una novela que le ha permitido trasladarnos algunos de los horrores que puede vivir un ser humano: la pérdida de un ser querido, la guerra, la vida en un campo de concentración, el exilio o el abandono de un hijo. Pero en ese camino, resulta que ha encontrado también algunos de los más grandes regalos que puede darnos la existencia: la amistad, el amor, la paternidad o la paz.

Fue emocionante cuando, a punto de terminar su charla con los lectores en la biblioteca de Diario de Navarra, Kirmen nos contó lo que le dijo Carmen Mussche, la hija de Robert. Tras estar largos años sin hablar de su padre, conoció a Kirmen y supo de su proyecto de libro. Fue entonces cuando empezó a reconstruir en su memoria la figura del padre, lo que probablemente le ha ayudado a cerrar sus heridas.

En una de las muchas conversaciones que compartió con ella, Carmen confesó a Kirmen:Ahora siento que el círculo se ha cerrado. Mi padre acogió a una niña vasca con la esperanza de darle una vida mejor y ahora un escritor vasco en su libro ha acogido a mi padre”.

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