¡Ladrad, ladrad, malditos!

Los años 80 están de moda. Proliferan las recopilaciones musicales, los blogs con tufillo nostálgico e incluso los diseñadores de alta costura coquetean con los aires retro de esa década, en un guiño al pasado que parece querer convertir el tiempo en gelatina.

Pero no. El tiempo pasa, es sólido como cemento armado y ya dice el refranero que “agua pasada no mueve molino”, salvo que uno utilice la corriente de esa inercia que nos empuja en el tiempo para navegar y seguir avanzando; evolucionar y crecer.

Es el caso de Santiago Auserónuno de los músicos más interesantes que nos dejaron los años ochenta. Alma mater de Radio Futura, metamorfoseado en canino al convertirse en Juan Perro y hoy en día, musicólogo, estudioso y maestro para jóvenes y no tan jóvenes promesas. De la música y de las letras.

 La inquietud de Auserón por la música hay que buscarla en su ciudad natal, Zaragoza, en la época en que su padre trabajaba en la base militar americana. Cuenta que aquel trabajo paterno le permitió el acceso a discos que quizá no eran muy comunes en los hogares españoles. Discos en inglés que le hicieron conectar con un alma musical y le llevó a reconocer algo propio, a pesar de la distancia, en aquellos ritmos.

Santiago Auserón por definición y méritos propios, es un músico que ha crecido y que en los últimos 30 años ha desarrollado músculo como escritor. Se ha forjado una interesante y fértil faceta como autor siguiendo la “huella sonora” de la música hispánica, que enlaza directamente con aquel pálpito de los discos escuchados en su primera juventud en inglés.

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En esa semilla negra de inquietud hay que situar su último libro, probablemente lo más interesante y potente que ha escrito hasta el momento: “El ritmo perdido”, un tratado musical y biográfico sobre el influjo negro en la canción española, editado por Península.

¿Qué tiene de especial este libro? ¿Qué nos cuenta Auserón en esas cerca de 400 páginas? Además de hacer un repaso casi biográfico a su despertar musical y cultural, nos demuestra que cuando ritmos musicales como el blues, el rock, el soul o el son cubano empezaron a cruzar el Atlántico en los 60 y 70 para llegar a las radios de los españoles, pocos sabían que aquellos ritmos eran ritmos de vuelta. Que todas esas músicas que llegaban con sello “made in USA”, y que habían sido asumidas y digeridas por el folclore americano habían pasado antes por la Península Ibérica por la vía africana.

En esta aventura de la búsqueda casi a ciegas, guiado por el oído y por su fino instinto de sabueso musical, ha encontrado grandes lagunas en la historia que le han permitido asomarse a realidades que hasta ahora no se habían investigado. Y nos regala hallazgos inmensos como el hecho de que en el siglo XVI en España abundaban los negros, tanto esclavos como libertos, que trajeron consigo su impronta musical. Con el paso de los siglos, desaparecieron y su huella apenas fue perceptible salvo en el rastro que habían dejado en nuestras músicas populares o en las marcas indelebles de los grandes de la literatura del siglo de Oro, como Lope de Vega, Cervantes, Góngora o Quevedo, que también desfilan por este embriagador tratado.

Porque el libro nos cuenta que en pleno siglo de Oro había modas conocidas como bailes de negros que pervivieron durante 4 siglos hasta desaparecer por motivos políticos de la época. Quedaron, porque todo queda, en rastros que heredaron los gitanos y que luego dieron paso, claro, al flamenco.

Este empeño y su clarificador trabajo le han valido el Premio Nacional de Músicas Actuales. Y el aplauso de muchos de sus seguidores que han descubierto que Juan Perro sigue ladrando con fuerza, ahora también negro sobre blanco, en este libro.

 Santiago Auseron pasó por Pamplona la pasada semana como un auténtico huracán. Participó en los actos del décimo aniversario de Civican y dejó patente su elegancia y su amplio bagaje cultural. Como buen aragonés, con viva retranca y sencilla cercanía, demostró a su público que Juan Perro sigue más vivo que nunca, al ritmo de “ladrad, ladrad, malditos”.

 

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