Y ahora, ¿Qué hago yo para ayudarte?

Seguro que esto que vas a leer a continuación, es un fragmento de los tantos que puedes extraer de los capítulos de tu vida en los que te has encontrado en una situación similar…Imagina que te llama tu íntima amiga María, aunque perfectamente podría ser Juan. Como una de tantas veces… quiere contarte otra situación dramática de su vida. O su calvario, como ella misma lo define. Los mismos comportamientos, con similares emociones y sentimientos; idénticos resultados. Un “sinvivir”, entre lágrimas e insultos hacia sí misma.

Y, en ese mismo momento, al otro lado del teléfono, tu estómago se revuelve, la angustia empieza a apoderarse de ti. En segundos, toda la lucidez que tenías antes de descolgar el teléfono desaparece. No sabes qué decir, qué hacer… Empiezas a buscar en tu saco de los recuerdos; comentarios, frases o situaciones similares que a ti te han servido, y han conseguido apaciguar, por unos instantes, tu tormenta emocional. Recurres a las palabras y frases prototipo: “tranquila”, “no te preocupes”, “todo se solucionará”… Que de forma mágica, reavivan la llama de la angustia de la otra persona, y por ende la tuya… Porque quien realmente quiere estar tranquilo y solucionar semejante follón , eres tú mismo… Ya protagonista del laberinto emocional de tu íntima.

 Ahora con distanciamiento, quiero que pienses en qué es lo que realmente necesita tu amiga con esa llamada de auxilio. ¿Realmente requiere una solución inmediata: un abanico de recetas? ¿Tienes tú el poder o la varita mágica para solucionar su vida?. Lo cierto es que, os conocéis desde hace tiempo y ella siempre te cuenta el mismo tipo de drama. Y, hasta el momento, tus consejos de deber y poder, no han servido de nada…

 ¿Qué te está pidiendo entonces en esa llamada?. ¿Por qué a ti?.

Es aquí donde te invito a la reflexión para que no huyas, o por el contrario, pases un mal trago, cada vez que intuyes una llamada de este tipo… Y te doy también la enhorabuena, porque si tu amiga se acuerda de ti en esos críticos momentos, es porque le das seguridad y tranquilidad. Lo justo y necesario para apaciguar su caos emocional, y sentirse un poco mejor… No te está pidiendo soluciones racionales, ni que juzgues su estado emocional, ni que critiques su comportamiento… Tan solo necesita saber que toda su angustia, puede descansar tranquila en un colchón apacible, y eso está en ti mismo.

 Al final, esa persona, como cualquier ser humano, necesita lo que quizás le haya faltado desde sus primeros años de vida: seguridad, tranquilidad, aceptación y amor incondicional. Los cuatro imprescindibles de un vínculo seguro.

Arianne Irisarri

Psicóloga del Teléfono de la Esperanza de Navarra

 

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