Que no nos quiten el sueño

Reconozco que me está costando escribir este verano. La verdad es que miro alrededor y siento que nos hemos despistado bastante entre toallas de colores, cervecitas y baños en la playa, que vaya calor que hace. Y es que las vacaciones ya se sabe, pone entre paréntesis casi todo, que luego llega el otoño y hasta el año que viene. Y así, anestesiamos la vista y el oído hasta desorientar a la perplejidad, entre cabezadas varias al final del telediario. La perplejidad de comprobar que la tragedia de enjambres (se dice así Mr. Cameron, ¿no?) de cientos, miles de personas, sí en negrita y aunque moleste, que tratan de dejar atrás la miseria y el miedo a través de mares cercanos, dura en los titulares de prensa, en nuestra memoria y en la responsabilidad de quienes nos representan, lo que la fiesta de la boda del mánager de algún que otro futbolista. Bueno, menos.

Y que este año no se lleva el color naranja en nuestras costas, está claro. Ya se sabe, son modas. Una temporada el añil y otra el verde fosforito. El naranja, no. Al menos no aquí, porque en otros lugares sí que se impone bastante en las playas, al lado del mar y de rodillas. Pero ya se sabe, estamos en verano y lo que necesitamos es descansar y dejarnos de malos rollos, que para disgustos los que nos dan algunos cazadores. Y no estamos para que nos quiten el sueño. En vacaciones no.

 

Alfonso Echávarri Gorricho

Psicólogo. Coordinador de Programas de ASITES en Navarra

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