Ese 5 de julio que tanto me ha enseñado

Querido lector, querida lectora…hoy voy a contar una parte de la historia de mi vida.

No es un 5 de julio de hace muchos años, no, voy a hablar de este mismo año. Debido a circunstancias de la vida (y a que hace unos años me saqué el carné de moto) le eché valor (prefiero la seguridad del coche, qué se le va a hacer) y de la forma más tonta la “burra” de un amigo se cayó sobre mi pie derecho.

En principio, y gracias a esa morfina endógena que libera el cuerpo y que minimiza el dolor (supongo que te sonará aquello de “ahora estás en caliente, pero en frio te dolerá más” es gracias a esa sustancia) creí que se trataba de un golpe sin mayores consecuencias. Cuando el hielo del congelador de mi casa en el pie no me aliviaba apenas, consideré que era el momento de acudir a Urgencias. A la pata coja y empapado de sudor (recordarás el calor que hizo aquella semana) recibí con creces toda la atención y empatía que necesitaba de ese maravilloso personal, desde el celador hasta el personal de rayos X, pasando por las enfermeras. No, no es hacer la pelota. No sé si me tocó “gente maja” con ese ánimo pre-sanferminero en Pamplona, pero nada que ver con lo que había escuchado de otras personas (en ese momento aprendí que aunque atiendas al público de forma maravillosa siempre, siempre se queda uno con ese momento malo). Me hablaron de rotura de dos metatarsianos, esa parte del hueso del pie que une el dedo con el empeine y de escayolarme…no me lo podía creer: era la primera vez que me ponían una escayola. “Has tenido suerte- me dijo la traumatóloga-porque si se te hubiera roto el dedo pequeño, el yeso debería cubrirte también la rodilla…”. Y después, las indicaciones: cuatro medicamentos, no apoyar el pie, mover los dedos…dos meses con muletas y otro sin poder ir al trabajo predijeron…volví a casa y me senté en el sofá.

Y ahí empezó mi calvario personal. Soy una persona muy activa y el último año ha sido especialmente movido, con lo que deseaba que llegara el verano para dedicar todo el tiempo posible a mi familia…paseos, risas, terracitas, playita…Llevaba todo el año diciendo a mi familia que tenía ganas de descansar, de desconectar con ellos, pero veía que todo eso se truncaba mientras gastaba esa primera tarde con el mando del televisor en la mano y con el pie derecho enyesado apoyado en una silla…no me lo podía creer…yo, que soy de esos que cuando paran de hacer cosas, siempre ve algo por hacer en casa… y ahí estaba, sentado frente al televisor haciendo zapping…”lee algo, que has dicho muchas veces que te apetece leer una novela, que hace años que no tienes tiempo” me dije a mí mismo…y entonces me di cuenta de que estaba deprimido: no quería hacer nada…los días empezaban a pasar y yo solo era capaz de ir con las muletas desde el ordenador hasta el sofá y viceversa…apenas comía, me pegaba horas en la cama mirando el techo solamente por no levantarme y tener que coger esas muletas…

Estarás pensando que soy un exagerado…pues de verdad he de decirte que algo que ya sabía es que esa sensación de estar deprimido es subjetiva, depende de cada uno, y cada uno se deprime por lo que quiere…y yo me sentía así…lo que está claro es que esa sensación no debía de durar mucho, ni siquiera los dos meses que debía estar con muletas sin poder hacer lo que tenía planeado para este verano…

Y recordé lo que yo mismo escribí un día en este mismo blog…algo que se resume en que si no se cumplen tus expectativas, cámbialas y hazlas más realistas…y me decía a mí mismo que decirlo es una cosa y hacerlo es otra…

Me di cuenta que cuesta hacerlo…y también me di cuenta que se puede…

Me he dado cuenta de que me cuesta pedir cosas porque siempre he sido “autosuficiente”…estoy aprendido a pedir, incluso estoy aprendiendo a dejarme mimar…es curioso que la teoría me la sabía e incluso he dado consejos a pacientes en este tipo de asuntos que les han venido muy bien, pero ¡ay! cuando le toca a uno mismo…

Tenía ganas de compartir contigo estas reflexiones porque fíjate, pegarme el verano con el que más expectativas tenía de los últimos veinte atado a unas muletas me ha servido para conocerme más, para crecer como persona…imagina lo que puedes llegar a conseguir si te ocurre algo más grave…seguro que puedes sacarle algo positivo pronto…y si no lo crees, inténtalo…ya he usado esta frase en otra ocasión:

“No te digo que sea fácil, te estoy diciendo que valdrá la pena”.

Carlos Moreira. Psicólogo del Teléfono de la Esperanza de Navarra

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