Algo no funciona

Que muchas cosas no funcionan en este mundo es fácil de ver y de sentir. Tres de la tarde y cualquier telediario mientras el café.  Escándalos diversos, asesinatos, secuestros, enfermedad, hambre, refugiados e indiferencias varias frente a todo esto y más. Y con ese cuerpo que se te queda, a volver a tus tareas, que ya habrá un poco más de ración por la noche, a las nueve, para ir bien a gusto a dormir.

Que muchas cosas no funcionan en nuestra sociedad, también es sencillo de observar. No voy a pararme a relatar todo lo que sabemos de sobra y que habitualmente es motivo de tertulias bajo parámetros de opinión. Me gusta hablar de lo que sé. Y lo que sé es que ayer un equipo de fútbol de nuestro país ganó una importante competición. Vaya por delante la enhorabuena. Y como es habitual cuando ocurren estas cosas asociadas al éxito deportivo, da comienzo el particular baile en el que todos quieren dejarse querer y ser queridos. Contratos, revisiones de contratos, revisiones de las revisiones de contratos y un sinfín de letras pequeñas que, por lo menos a mí, que siempre he pensado que lo que se firma hay que cumplirlo, me causa, por decirlo de alguna manera, estupor. Bueno, a lo que iba. Pues resulta que a tan solo una escasa hora de finalizado este encuentro de fútbol, ya se estaba hablando de la renovación del entrenador “al alza”, de los esfuerzos que haría el club por retenerle y bla bla bla y que pasaría de cobrar tres millones de euros a siete. Creo que cuando escuché esto mis cejas llegaron a tocar la parte alta de mi cabeza. Puedo decir que llegaron hasta la coronilla, que es como se llama esta zona. Sí, hasta la coronilla. A continuación me acordé de un buen amigo que tengo,  que no es ni entrenador ni jugador de fútbol, sino científico, y que está obsequiando a la sociedad con su sabiduría, con su cuidada  formación, con sus esfuerzos y con buena parte de sus mejores años y lo que me contó sobre los temores que tenía de perder la investigación por falta de financiación. La investigación y su puesto de trabajo, porque gran parte de los puestos de trabajo de los investigadores se sustentan en fondos destinados a tal fin. No fondos, no investigación. No investigación, no investigadores. No investigadores, no investigación. No investigación, no fondos. Y vuelta a empezar.

De tres millones de euros a siete. Algo no funciona bien en esta sociedad. A todo esto, no creo que mi amigo sea noticia ni a las tres ni a las nueve.

 

Alfonso Echávarri

Psicólogo. Coordinador de Programas de ASITES en Navarra

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