Una noche mágica en Elizondo

A veces la vida te regala momentos mágicos. Momentos que lo único que puedes hacer es disfrutarlos y vivirlos.

Uno de esos momentos fue ayer por la noche. Había acudido a Elizondo a escuchar a la Coral Andra Mari en un concierto enmarcado dentro de los actos que desde el mes de diciembre se vienen desarrollando en la localidad baztanesa en homenaje al director y maestro Juan Eraso. Con dicho concierto se cerraban los actos que homenajeaban al citado músico y que habían comenzado con una mesa redonda y un concierto a cargo del Orfeón Pamplonés, en el que tuve el honor de participar.

Sin embargo, la noche de ayer tuvo un aliciente especial ya que, al término del concierto fui invitado a la cena que se ofreció a la Coral Andra Mari y me ubiacaron en una mesa en la que estaban sentados tres de los hijos del homenajeado Juan Eraso.

Sobremesa interesante. Me tenían que obligar a comer porque yo estaba pendiente de lo que me contaban los hijos acerca de su padre. Tuve así el placer de recordar, o en mi caso conocer, al Juan Eraso padre, músico, persona. Conocí anécdotas familiares, las ideas de Eraso sobre la música, su orgullo para aceptar proposiciones laborales que rechazó y que cualquier otro hubiera aceptado sin pensarlo dos veces…

Conocí también una interesantísima anécdota ocurrida con el Orfeón Pamplonés y un reputadísimo director de orquesta francés…

En fin…como digo. Noche mágica. Además la luna llena acompañaba adornando el cielo con una luz de la cual, de regreso a casa mi pensamiento quiso creer que había sido el propio Juanito Eraso quien había encendido esa lámpara maravillosa en forma de luna para iluminar la velada cumbre de su homenaje.

También me iluminó el flash de un radar al exceder un poco la velocidad…pero las multas se pagan…..noches como la de ayer ni tienen precio ni se pueden pagar.

Óscar Salvoch

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A propósito de “Tosca”

Los próximos días 8 y 10 de febrero el Orfeón Pamplonés participará en el montaje de la ópera “Tosca” que se pondrá sobre las tablas del Auditorio Baluarte con la firma del conocido regista Giancarlo del Mónaco, hijo del mítico tenor Mario del Mónaco. Por Oscar Salvoch, orfeonista.

…pero…¿”Tosca”?…o ¿¿”La Tosca”…??

Pues la diferencia está en que “Tosca” es la ópera escrita por Puccini, con libreto de Illica y Giacosa basándose en la obra teatral “La Tosca” de Victorien Sardou. La razón por la que en la obra original el apellido de la protagonista se vea con el artículo delante responde, obviamente, a la tradición en el mundo de la ópera de anteponer el artículo al apellido de las “prime donne”…Recordemos a la célebre soprano del siglo XIX, Adelina Patti, conocida como “La Patti”; y más posteriormente “La Callas”, “La Caballé”…y tantas otras. Así que “La Tosca” no podía ser menos ya que no hay que olvidar que Tosca es el apellido de la célebre cantante protagonista de esta obra llamada Floria Tosca.

Pues bien. “La Tosca” vio la la luz en el año 1887. Unos años después Puccini asistió a una representación de esta obra de teatro tras la cual escribió a su editor Giulio Ricordi diciéndole: “Veo en Tosca una ópera que parece escrita especialmente para mí; no es excesivamente larga, es dramáticamente eficaz y permite una música plena”.

Conviene apuntar que, a pesar de la afirmación de Puccni sobre que “no es excesivamente larga” el compositor eliminó nada más y nada menos que dos actos de la obra original.

Anecdóticamente, al enterarse Verdi, que entonces contaba ya ochenta y tres años, de que Puccini trabajaba en el libreto de Tosca le dijo a Ricordi: “Puccini tiene un buen libreto. Dichoso el compositor que lo tenga en sus manos”.

Pero Puccini, perfeccionista hasta la exageración, no comenzó a componer la ópera hasta dos años después de haber visto la obra por primera vez. Viajó a Roma para recorrer los lugares originales en los que se desarrolla la acción e incluso tomó nota de la afinación de las campanas de Sant´Andrea para que sonaran tal cual en su obra, tal y como aparece en una anotación en la partitura.

Finalmente la ópera se estrenó en el Teatro Conztanzi de Roma el 14 de enero de 1900. Desde entonces la ópera es una de las más representadas en el mundo.

“Tosca” es una ópera dada a muchas anécdotas. Divertidas, curiosas, dramáticas e incluso vergonzosas. Desde una vez que para hacer la escena del fusilamiento de Cavaradossi el responsable de atrezzo cargó una de las escopetas con munición real resultando el tenor herido en un muslo (afortunadamente) hasta aquella en que la Caballé, debido a su volumen y peso, en vez de arrojarse por las almenas al final de la ópera bajó tranquilamente por una escaleras puestas al efecto por detrás del decorado…

Tampoco la producción que se hizo en el pamplonés Teatro Gayarre en 1999 y que tuve el placer de participar como miembro del coro estuvo exenta de anécdotas. A la hora de empezar quien tenía que subir el telón no estaba en su sitio….la soprano tenía prisa por matar a Scarpia y no le dejó decir su frase, o en el Te Deum el barítono Vicente Sardinero se había arrodillado justo donde baja el telón y de no ser porque se dio cuenta a tiempo el telón, que en ese momento baja muy rápido, según indica la partitura, hubiera recibido un tremendo “telonazo” en la cabeza.

Que nadie se pierda la “Tosca” de este año….desde el Orfeón, como siempre, estamos ilusionados en la representación de esta ópera a pesar de que Puccini nos dio poco trabajo en esta obra.

Espero poder contar más anécdotas sobre esta ópera…hay tantas…

Óscar Salvoch

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Una tarde genial en el Liceu

 

Pues aquí estoy para contaros una tarde increible que tuve la suerte de vivir el pasado 13 de enero de 2013 en el Teatre del Liceu en Barcelona, y así me estreno en este blog.

Aunque la economía no está para dispendios me permití el lujo de comprar un par de entradas para escuchar la ópera “Iolanta” de Tchaikovski en Barcelona. Esa misma ópera ya la habían puesto en el Teatro Real la temporada pasada y, a pesar de tener abono en el Real, no asistí a esa ópera porque no la conocía y me parecía que sería un pastelazo de Tchaikovski (con todos mis respetos).

En este caso, el Liceu te daba unos atracativos más para asistir…sinceramente, la presencia de Anna Netrebko…pero también la presencia de la orquesta del Teatro Marinsky , coro del Teatro Marinsky y una “manada” de rusos como solistas entre los que destacaba la ya citada soprano y todos bajo la dirección de Valery Gergiev…en resumen, una verdadera ensaladilla rusa…ópera, compositor, orquesta, coros, solistas, director….todos rusos…no me la podía perder…

Así que gracias a un amigo mío que trabaja en el Liceu conseguí unas entradas estupendas a mitad de precio….y para allí que me fui con mi pareja, nuestra hija y mi madre,  a la que nombré “canguro de honor en horas de ópera”.

No voy a hablar de lo maravillosa que resultó la ópera, en versión concierto….estaba equivocado…”Iolanta” es una gran ópera. preciosa…

Tras la representación, mi buen amigo del Liceu me había incluído en la lista de acceso a camerinos….y para allí que me fui. Fotos con Anna Netrebko, con el tenor de nombre irretenible, firmas de autógrafos…y ya de paso quise resarcirme de un asunto pendiente que me quedó…y es que cuando el Orfeón Pamplonés estuvimos en New York cantando Mahler con Gergiev quise tener el recuerdo de aquella otra gran experiecia…cantar la “2ª de Mahler” en el Carnegie Hall, con Gergiev y la orquesta del Marinsky fue la bomba y quise inmortalizarlo con una foto con Gergiev aunque por diferentes razones no pude así que me volví de New York sin haber podido acceder al maestro….

Pero en Barcelona era la mía….tenía acceso a camerinos….y ahi estaba él…me acerqué con la intención de recordarle lo de New York pero es que ese aspecto tan temible que tiene Gergiev me cortó…así que le pedí que me firmara el programa, me hice una foto con él y con un timido Spasiva me despedí…

Estoy seguro que si le comento algo del Orfeón Pamplonés se hubiera alegrado…..pues nada….lo dejaremos para la próxima…

Oscar Salvoch

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Canciones de villanos

Ni cantaban a la navidad ni eran religiosos. Los villancicos se llaman así porque los cantaban los habitantes de las villas o villanos, y eran por tanto cantos populares. Nos lo cuenta Igor Ijurra, director del Orfeón Pamplonés. El día 27 de diciembre, a las siete y media de la tarde, Ijurra dirigirá al Orfeón en la ronda de villancicos que arrancará de la avenida pamplonesa de Carlos III para, pasando por la Plaza de San Nicolás y Plaza del Ayuntamiento, acabar cantando desde el balcón de su sede, en la Plaza del Castillo.

Por Igor Ijurra. Casi todos hemos cantado algún villancico, pero creo que pocos conocen el origen de estas melodías que, año tras año, llegan a nuestros oídos en tan señaladas fechas. Es la forma poética tradicional de España, Latinoamérica y Portugal.

Las primeras composiciones que pueden denominarse con este nombre surgieron hacia la segunda mitad del siglo XV, durante el renacimiento, como una evolución de formas musicales populares mucho más antiguas. Su nombre tiene probablemente su origen en que son composiciones populares, cantadas por los villanos o habitantes de las villas, generalmente campesinos u otros habitantes del medio rural.

El villancico en esta época ya consistía en una forma musical y poética que alternaba coplas con estribillo. Su melodía principal se hallaba en la voz superior y normalmente estaba destinado a ser ejecutado por un solista al que le acompañaban dos o tres instrumentos. Eran cantados en fiestas populares, originariamente sin temática específicamente religiosa, y los principales temas eran los acontecimientos recientes del pueblo o la región y el amor cortés.

Hacia el siglo XVI, debido a que las autoridades eclesiásticas empiezan a considerar la conveniencia de introducir en la liturgia composiciones en castellano (buscando acercar al pueblo a los misterios de la fe católica) el villancico va cambiando su temática sobre el amor cortés para ir centrándose en temas de tipo religioso. De esta manera, en los albores del siglo XVII se empieza a utilizar en los responsorios de maitines de las principales fiestas litúrgicas.

Durante el siglo XVII, la interpretación de villancicos se hace cada vez más frecuente, a pesar de las prohibiciones por parte de la Iglesia. La prohibición se debía a que estas canciones (diálogos que recreaban la sorpresa de los pastores ante el nacimiento de Jesús) se convertían a veces en pretexto para realizar divertidas parodias.

En el siglo XVIII, el villancico recibe una gran influencia italiana con la introducción del estilo recitativo, las arias da capo y el estilo compositivo de la ópera seria italiana.  Estas influencias italianizantes provocaron que el villancico fuera definitivamente borrado de la liturgia a finales de este siglo XVIII, de tal manera que en el siglo XIX los villancicos habían desaparecido de la liturgia y habían sido sustituidos por los responsorios gregorianos. En la catedral de Pamplona se siguieron escribiendo hasta el primer tercio del siglo XIX.

El villancico se fue quedando relegado a la celebración de festividades navideñas. Por este motivo, el villancico quedó en la memoria popular como un género de canción específica de la Navidad, pasando a denominar por extensión a toda canción de temática navideña.

Hoy en día, por “villancico” hacemos referencia a la canción de navidad que tiene sus orígenes en distintas culturas populares de cualquier nacionalidad. El villancico que estamos acostumbrados a oír en estas fechas tiene una estructura melódica y armónica sencilla.

Por citar un paralelismo con otras tradiciones y países, en la Inglaterra del siglo XV se comenzó a desarrollar un género musical llamado carol, que tenía su origen en bailes populares de los siglos XII al XIV que, de forma similar a los villancicos ibéricos, se interpretaban fuera de la liturgia religiosa en celebraciones tales como la época de la cosecha y también la Navidad.

Se cantaban de puerta en puerta a cambio de una pequeña donación, de forma similar a la tradición española del aguinaldo, y también se cantaban en los campos de cultivo para propiciar una buena cosecha. Posteriormente, se incorporaron a las celebraciones religiosas, y pasaron de este modo a denominar a toda canción navideña. Hoy en día son numerosos los villancicos en habla inglesa que se han hecho populares en todo el mundo.

En nuestra tierra, el pueblo vasco-navarro expresó su alegría navideña en idioma vasco. Según el Padre Donostia, algunos de los villancicos populares que todavía se cantan datan del siglo XVII, por lo menos en cuanto a la letra y algunos en cuanto a música. La mayor parte del repertorio navideño está formado por villancicos de ronda, es decir, melodías que se cantan por las calles a modo de felicitación que eran recompensadas en algunos lugares con presentes como dulces o frutos secos. Las melodías son de origen pagano (Olentzero) y de origen cristiano (Alabatua de Etxarri Aranatz, Eguberri de Garralda, Abaurrrea, Jaurrieta…) con temas como el misterio de Belén o la adoración de los Reyes Magos. Dentro de la tradición navideña existen además las rondas de año nuevo.  Esta tradición se conserva  en Urdiain –donde el primer chorro de agua que mana por la fuente  es recogida al sonar las campanas de año nuevo y llevada por los jóvenes a la casa parroquial para su posterior bendición por parte del párroco – en Bakaiku y Etxarri Aranatz con el texto “Ur goiena-Ur barrena…”

Siguiendo la tradición de nuestros ancestros, el Orfeón Pamplonés se irá de ronda a cantar villancicos el próximo día 27 por las calles de Pamplona.

 ¡Feliz Navidad! -Eguberri on!

 

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¡Qué a gusto en Elizondo!

A las cinco del sábado 15 salíamos de autobuses camino de Elizondo en una tarde muy gris. Viaje bonito, en el que inevitablemente piensas en los compañeros orfeonistas que tres veces por semana se hacen este recorrido de ida  y vuelta, haga el tiempo que haga, y admiras más su dedicación.

Tras un largo ensayo en la iglesia parroquial de Santiago apóstol, nos fuimos a tomar un café acompañado de un “jesuita” en la pastelería que mejor los hace de Elizondo, según me dijo Juan Mari ¡¡Qué ricos!!

Bien pasadas las ocho comenzábamos el concierto en homenaje al maestro Eraso. Qué gusto  ver la iglesia llena y expectante. Disfrutamos, y se notó. Corrió buena energía en el coro y tanta derrochó Igor que casi se deja el dedo con el golpe que se arreó con el diapasón.       ¡¡¡¡¡ JAJAJAJAJAJA!!!! Calidos aplausos de los elizondarras y muchas sonrisas. Momento entrañable el que compartimos los dos coros, el de Elizondo y el Pamplonés al final del concierto. Chulo, rechulo y emotivo “el Goizian”, ¡bien por Javier y Josune!

Y todo terminó, cómo no , en torno a unas mesas con unas buenas viandas. (Echamos en falta la compañía de los coralistas de Elizondo)

Es un gustazo sentirte bien recibido y bien cuidado allá donde vas. Sólo puedo manifestar mi agradecimiento por la generosidad de cuantas personas han participado en la organización de este concierto y su posterior cena.

Hasta siempre.

 

MARÍA ETXAMENDI

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Nuestras grandes pequeñas voces.

Noelia tiene seis años y canta en el Coro Infantil del Orfeón Pamplonés. Entró nueva este año. Noelia, dice su madre, es una prueba más de que en la música no existe la discapacidad. Ésta es su historia.

Por Isabel García, madre de Noelia Del Vado.
Al último ángel le dijo: -“Serás genio, te quitaré las alas antes de llegar a la tierra y  bajarás con la espalda ahuecada. Los hombres repararán tu cuerpo, pero tendrás  que ingeniártelas para triunfar: Tendrás mielomeningocele (espina bífida), que significa “miel que vino del cielo”.”

La espalda de Noelia se reparó a las doce horas de vida, y precisó de otra cirugía a las veinticuatro horas, a lo que siguió un año entero de consultas y pruebas semanales y de mucho trabajo, amor y cariño.

Los pronósticos nunca fueron buenos: no iba a poder andar sin muletas, ni mucho menos correr.

Sin embargo, y gracias a su predisposición, su afán de superación y una fuerza de voluntad tremenda, a los dos años y medio comenzó a andar. Y desde ese momento, en la vida de Noelia no tiene cabida la discapacidad.

Cada reto que emprende supone para ella un esfuerzo físico y mental importante, del que nunca desiste ni abandona.

Aunque pequeña de estatura, se ha hecho mayor  y ha madurado muy rápido.

A los cinco años, cuando se dio cuenta que era distinta a las demás, empezó a preguntarse el porqué, y en muchas ocasiones las respuestas no la convencían ni tampoco la tranquilizaban.

 Quería saber y quería entender muchas cosas, pero sobre todo… ¿por qué no era igual que las demás?, y ¿por que no podía hacer las mismas cosas que el resto?

 Esas preguntas le producían una gran tristeza interna, muchas veces imposible de detectar, ya que la sonrisa jamás ha desaparecido de su cara.

 Noelia es una niña alegre. Nunca se la ve triste. Le interesan y motivan las mismas cosas que al resto de niñas de su edad.

 Desde su primer día, la vida ha sido un constante aprendizaje para las dos. Hemos crecido juntas, hemos sufrido juntas y hemos aprendido grandes lecciones juntas.

 Está muy contenta en su colegio, quiere mucho a sus profesoras, y a sus amiguitas, le encanta bailar, correr, hacer gimnasia…  pero donde se siente feliz, igual a las demás y donde se siente especialmente bien es en el Orfeón Pamplonés.

 Algo que surgió como por arte de magia (creo que la música tiene una gran dosis de magia), sin buscarlo ni perseguirlo. Surgió en el momento preciso para hacer aún mejor la vida de Noelia.

 La Música apareció para ella.

 Siempre le ha gustado la música, y le gusta cantar, pero el Orfeón es mucho más que eso. Esperábamos encontrar una escuela de música y hemos conocido a una nueva familia.

Desde su primer día, y con una gran ayuda de sus profesoras (Teresa y Diana), se ha sentido feliz, integrada con sus nuevas amigas, en el grupo,  y con todos los que forman esa gran familia.

Disfruta de momentos en los que exterioriza todo su interior. Se siente fuerte para desarrollar sus aptitudes, se siente capaz…..sabe que va a establecer relaciones fuertes y sanas que la van a ayudar a seguir adelante.

Ahora que formamos parte del Orfeón, la música ha disipado las dudas, ha hecho aflorar aun más los sentimientos, ha dado comodidad y consuelo….pero sobre todo, ha llenado esas preguntas y palabras vacías como solo la Música las puede llenar.

Noelia es una prueba más de que en la Música no existe la discapacidad.

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QUÉ GRANDE ES EL GOSPEL

Será inolvidable el concierto del miércoles 12 de diciembre, de  apertura de la temporada navideña de Baluarte con The Mississippi Mass Choir.

¡Pero qué suerte tan inmensa tenemos de que el canto nos lleve a estas experiencias!

¡Hemos cantado y bailado! ¡Nos hemos movido a gusto en escena! ¡Hemos reído, sonreído, dado palmas, disfrutado…! y todo eso mientras acompañábamos las oraciones de nuestros compañeros norteamericanos…..¡¡¡Flipante!!!

Qué hermoso expresar la esperanza, el dolor, el amor, el perdón, la gratitud cantando con una música que invita a la alegría. Es un chute y un derroche de energía, ¡un subidón!

Claro que si pensamos en nuestros clásicos, Mahler, Brahms, Mendelssohn, Beethoven, Bach…., también nos llevan a expresar todo esto, aunque por caminos bien diferentes. Está claro que no son los únicos caminos, y que hay que explorarlos todos.

El colofón lo puso lo que ocurrió en la zona de camerinos tras el concierto. Gracias Cris por esa estupenda idea y a tu gomaeva por crear momentos mágicos. Y luego el Maitia nun zira desde el corazón, y las lágrimas, los besos, abrazos, fotos….

Oh happy day!

Oh happy concert!

A beautiful experience!

Wonderful Mississippi Mass Choir!

 

MARÍA ETXAMENDI

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Desde mi butaca.

Por Silvia Ansorena Coyne. Salí del concierto y entré, desde el escenario a su parte trasera, donde están los camerinos. Backstage en inglés y en el mundillo artístico. Acababa de bailar viendo un concierto, y había estado a punto de salir al escenario, primera vez en mi ya no tan corta vida trabajando la comunicación en el Orfeón Pamplonés. Desconcertante.

Se nos pegó el ritmo a los de las butacas, y se nos pegó de verdad, no tuve la sensación de que la gente se hubiera puesto en pie por inercia, o por no quedar de rancios.
Había hablado con Iñaki Izal, del Orfeón, que me contaba el miedo que le daba un concierto tan diferente. Ese miedo que nos da a muchos de aquí, de hacer el ridículo intentando pasar del estatismo al swing desenfrenado.
Desde la butaca los veía a todos, orfeonistas, moviéndose y cantando el Happy Day con aquel coro del Mississippi, envueltos en sus túnicas y en su desparpajo de película americana.  Y me gustó la mezcla.
Se veía un coro grande grande ahí atrás, disfrutando con el cambio, y se veía a nuestros visitantes de color también contentos con aquello que sonaba a sus espaldas.
Por eso, cuando pidieron que el público saliera a escena, algunos lo estaban deseando. Yo no llegué a tanto. Estuve a punto, que ya es decir mucho, pero no llegué a salir.
A mi izquierda estaba Begoña, que canta en la Escolanía y que tenía a su padre en el coro, y ella voló hacia el escenario. Me han contado también que a ese escenario salieron bailando algunos maridos de orfeonistas y también algún padre.
Normal, después de toda una vida entre las butacas a algunos familiares de esta gente ya le entran ganas de actuar.
Luego volvieron a sentarse, con algo de pena, para brindarles un aplauso fuerte, muy fuerte.
Corrí para saludarles al backstage, como contaba al empezar este post, justo cuando empezaban a cantar Maitía Nun Zira. Y allí llegó el momento más mágico.
De pronto, el desparpajo y soltura de los chicos y chicas de Nueva Orléans se pasó a los nuestros, en un intercambio de canto único. Quiero creer, porque les vi cómo lloraban, que sentían que aquello era algo antiguo y muy de la tierra, algo para lo que uno tiene que empezar desde niño. Como ellos con el Góspel.
Me quedé pensando que había vivido uno de esos momentos coleccionables en la mente. El momento en que cada coro le daba al otro un regalo sin precio.

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El Góspel desde muy dentro.

“Me sorprendió y maravilló que la gente del Coro Mississippi se reunieran cinco minutos antes de salir a actuar y su director les animara, como a los equipos de fútbol americano antes de un partido. Después, hicieron un círculo, juntaron sus manos y se pusieron a rezar”. Javier Elío, orfeonista, recuerda hoy los momentos previos al concierto de Góspel de ayer en Baluarte.

‘Sirviendo a Dios a través de la música’. Este es el lema y ‘leitmotiv’ del Mississippi Mass Choir. Confieso que muchos miembros del Orfeón estábamos, cuando menos, expectantes ante el reto de conjugar un coro de Gospel del profundo sur de USA, con un coro sinfónico europeo, aparente caos contra orden, sentimiento contra rigidez, improvisación contra tempo…
Pero esa sensación de nerviosismo duró apenas diez minutos, los que le costó a Jerry C. Smith, director, pianista y arreglista del coro, meternos en su bolsillo durante el primer ensayo. Nuestra habitual dependencia de la partitura debía pasar a segundo plano.
Su marcado acento sureño se nos hacía cuesta arriba a los que hablamos un inglés de primer curso, pero nos hizo saber qué y cómo quería cada canción a base de expresivos gestos, alguno tan peculiar (índice y meñique arriba, corazón y anular unidos al pulgar) que, fuera de contexto y por estos lares, podrían provocar una buena bronca. Un ensayo distinto y emocionante.
Lo fue también el ensayo general, donde tuvimos el primer contacto con los miembros del coro, una gente estupenda, de una simpatía desbordante, todos muy grandes (en todos los sentidos),  y todos afro-americanos, expresión políticamente correcta que denota que el Gospel, la oración hecha música y el canto a la libertad son, esencialmente, parcela privada de los negros. Su forma de entender la religión y de conjugarla con la música es radicalmente distinta. Además, parecen tener una capacidad innata para el ritmo, como si lo llevaran de serie.
Y llegó el concierto. In crescendo, cada vez más intenso, con algunas canciones muy conocidas que el público de Baluarte ha disfrutado de lo lindo. Tanto que, con el ‘O Happy Day’ final, no contentos con bailar y aplaudir desde sus butacas, muchos espectadores han subido al escenario y se han mezclado entre los Mississippi y el Orfeón. Espectacular.
Una vez dentro, entre bambalinas, momento para risas, fotos, felicitaciones y abrazos. Siempre es bonito compartir escenario con otro coro, más aún si es del otro lado del mundo y tiene, entre sus muchos premios, dos Grammy, nada menos.  Así que debíamos hacer que nuestros amigos de Jackson, tuvieran una despedida difícil de olvidar. Igor ha entregado a Jerry una caja con dos de las maravillosas muñecas que hace nuestra compañera Cristina, una con la túnica del Mississippi y la otra con el traje del Orfeón. Para terminar, ‘Maitia nun zira’.
Agradecimiento y admiración mutuas. Gracias, friends. See you soon, espero.

 

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colorín, colorado….

Ya todo acabó.

 Cosí fan tutte ya es historia, nuestra y de todos con cuantos la hemos compartido. El sueño de convertirte en un personaje de ficción  y cantar y actuar ha terminado. Es el baile de la cenicienta y las doce en el reloj, el regreso de Wendy y sus hermanos de Nunca Jamás, la vuelta de Alicia del País de las Maravillas….

   Y de nuevo a la rutina diaria. En realidad no la habíamos perdido, todos seguíamos en nuestros trabajos, quehaceres y obligaciones, pero el gran espectáculo de la ópera nos esperaba cada tarde.

Toparse de bruces con la realidad ha sido  mi primera clase de canto, hoy, tras Cosí. Pues, que me he quedao sin chicha ni limoná. Ni un ápice de energía tenía para cantar esta mañana. ¡¡Y cómo me cuesta retomar el repertorio diario después de tanto faranduleo!!

Nada….Hoy reencuentro con los compañeros, con mi carpeta blanca llena de partituras, a rebosar, que nunca la he visto tan gorda, y a esperar a que el telón baje definitivamente en mi cabeza y en un pedacico de mi corazón.

¡¡¡Hasta la próxima ópera!!!

MARÍA ETXAMENDI

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