A veces la vida te regala momentos mágicos. Momentos que lo único que puedes hacer es disfrutarlos y vivirlos.
Uno de esos momentos fue ayer por la noche. Había acudido a Elizondo a escuchar a la Coral Andra Mari en un concierto enmarcado dentro de los actos que desde el mes de diciembre se vienen desarrollando en la localidad baztanesa en homenaje al director y maestro Juan Eraso. Con dicho concierto se cerraban los actos que homenajeaban al citado músico y que habían comenzado con una mesa redonda y un concierto a cargo del Orfeón Pamplonés, en el que tuve el honor de participar.
Sin embargo, la noche de ayer tuvo un aliciente especial ya que, al término del concierto fui invitado a la cena que se ofreció a la Coral Andra Mari y me ubiacaron en una mesa en la que estaban sentados tres de los hijos del homenajeado Juan Eraso.
Sobremesa interesante. Me tenían que obligar a comer porque yo estaba pendiente de lo que me contaban los hijos acerca de su padre. Tuve así el placer de recordar, o en mi caso conocer, al Juan Eraso padre, músico, persona. Conocí anécdotas familiares, las ideas de Eraso sobre la música, su orgullo para aceptar proposiciones laborales que rechazó y que cualquier otro hubiera aceptado sin pensarlo dos veces…
Conocí también una interesantísima anécdota ocurrida con el Orfeón Pamplonés y un reputadísimo director de orquesta francés…
En fin…como digo. Noche mágica. Además la luna llena acompañaba adornando el cielo con una luz de la cual, de regreso a casa mi pensamiento quiso creer que había sido el propio Juanito Eraso quien había encendido esa lámpara maravillosa en forma de luna para iluminar la velada cumbre de su homenaje.
También me iluminó el flash de un radar al exceder un poco la velocidad…pero las multas se pagan…..noches como la de ayer ni tienen precio ni se pueden pagar.
Óscar Salvoch


