Las letras grandes de la música

CARMINA BURANA, STA. CRUZ DE TENERIFE 3S. Ansorena. Ya se me ha vuelto a disipar el efecto Carmina. Con acento en la primera “a”, que diría Pérez Ollo. Carmina Burana, la cantata de Orff que habré oído y visto, y sentido, veintitantas veces desde que en 2009 se entrenó en la Quincena Musical de San Sebastián, con el Orfeón Pamplonés no sólo en los coros sino en la producción, junto con Agencia Cámera.
Y me ha vuelto a sorprender, quizás no tanto ya por el espectáculo (que más de veinte veces ya sería raro, no?) sino porque al público le gusta. Ha gustado. Y ha sido un placer ver cómo se vendían las entradas de cada concierto como si fuéramos estrellas del rock. No es habitual en el mundo de la clásica, por mucho que el Pamplonés tenga tirón.

Carmina Burana, con la Fura dels BausEl secreto de este Carmina Burana furero, de cuya partitura impactante tiene desde luego todo el mérito el señor Orff, ha sido a partes iguales su sencillez y su perfecta comprensión (y exhibición) de las pasiones eternas. Cuando a Carlus Padrissa, director de la Fura, le preguntaron qué era para él esta obra, lo tuvo muy claro. “Son las letras grandes de la música clásica, o con qué aprendiste tú a leer?”, le preguntó al periodista.

He de reconocer que, cuando íbamos a conocer a Padrissa (sería el 2008) y fuimos  a verle al Palau de las Arts de Valencia, tenía mis dudas sobre cuál sería la ida de olla de esta gente de la Fura. Después de ver el ensayo general de Sigfrido, de Wagner, nos fuimos a cenar con él y apareció con una visera, subido en una bici plegable pequeñita, de estas de ciudad.

DSC_0736Un individuo tímido, con unos ojos tremendamente azules y un fortísimo acento catalán. Mucho antes de acabar de cenar ya había sacado el portátil a la mesa y estaba soltando su chorro de ideas, hablando con Igor (Ijurra, el director del Orfeón),  sugiriendo locuras, escuchando, apuntando. Y me gustó. Porque lo que proponía complementaba sin exagerar lo que decía la obra. Y porque cuando Igor dijo “No, no, eso no que no sonaría bien”, entendió perfectamente y cambió de tercio. La partitura, sagrada, la fuerza de las notas apoyada con la imagen de vídeo que no existía cuando Orff concibió su obra apoyada en “imágenes mágicas”.

CarminaY así ha sido desde que el proyecto fue cogiendo forma. Aquel calurosísimo verano del 2009 en los ensayos del Anaita, aquellos primeros pases gráficos con los fotógrafos disparando como metralletas sus cámaras al aparecer la solista dentro del agua, con el mínimo vestuario furero.

DSC00959Desde entonces, tanto en Barcelona como en Murcia, en Lyon con el público arrojando almohadillas al escenario, (algo que luego nos dijeron que era bueno, más vale), en la propia Quincena en el estreno, en el Teatro Campoamor de Oviedo, donde hubo reventa como en los toros, en nuestro Baluarte, en Chile o en Florencia… nos han acompañado los aplausos. La gente ha disfrutado, y los de las primeras filas se han mojado con el agua que soltaba el barítono desde la Taberna, y la hora se ha hecho corta. Y eso es bueno.

Es bueno que nos haya visto, además de la habitual, gente que de normal no viene a nuestros conciertos, y es bueno que hayan disfrutado con la música clásica. Igual con letras grandes, pero tan viva y tan real como el día que la compuso Orff, con los textos que aparecieron en el monasterio de Beuren.

Con el cisne convertido en pollo, con sus patatas y todo, engullido y consciente del Carpe Diem que era el medievo y que es la vida. Hasta la próxima.

 

 

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