Alain Altinoglu: “Ravel era muy de su padre y de su madre”.

Esta noche, el Orfeón interpreta Dafnis y Cloé, de Ravel, en Toulouse, con la orquesta del Capitolio. Alain Altinoglu, una de las batutas jóvenes con más proyección de Francia, dirigirá la obra. Entre ensayo y ensayo nos dedicó un rato de charla en el que reflexionó sobre los coros, la música, la sensualidad de Ravel…

alain-altinoglu-fred-toulet1Por Silvia Ansorena. “Ravel era de su padre y de su madre, y sin esa mezcla quizás su música no podría entenderse”. Así se explica Alain Altinoglu, que dirige a la orquesta del Capitolio de Toulouse y al Orfeón Pamplonés en Dafnis y Cloé esta tarde, en lo que será la vuelta para el Pamplonés a Toulouse, escenario habitual en los años setenta y ochenta.

Altinoglu es hoy por hoy una de las batutas jóvenes con más proyección de Francia. Director fundamentalmente lírico, aunque él niega esta afirmación y defiende su lado sinfónico, ha trabajado en los grandes escenarios europeos y estadounidenses. Todavía tiene recientes los últimos éxitos en el Metropolitan de Nueva York, Ópera de San Francisco, Chicago, Staatsoper de Viena, Berlín, Teatro Colón de Buenos Aires…

Cuando se le pregunta con quien o dónde quiere trabajar, reconoce que la mayor parte de sus sueños en este sentido se han cumplido, cuando apenas tiene 38 años, casi la adolescencia para un director de orquesta. Es una persona cercana, que habla con sencillez y que afirma disfrutar cada minuto de su profesión. Dirigiendo a las voces se da tiempo a aprender a respirar, dirigiendo a los instrumentos se siente capaz de encontrar el color de los sonidos.

Volvamos a Ravel, uno de los autoDapnis-et-Chloe-1-webres que quizás Altinoglu conoce más o mejor, de quien entiende que la mezcla de culturas hizo de él un músico a la vez técnico y detallista, con ese toque de sensualidad y locura que se atribuye a su lado español. Aunque, cuenta con cierta picardía, que no era un gran director. “Se ponía a reflexionar sobre la partitura y se olvidaba de dirigir”. Por cierto que en 1928, Ravel dirigió al Orfeón Pamplonés varias de sus obras.
Ravel, hijo de madre española y de padre suizo, del cual heredó esa precisión de ingeniero relojero, unió a esta mezcla un sonido francés. Tan francés que, a la hora de intentar dirigir a una orquesta rusa con el Bolero, recuerda Altinoglu, al principio el sonido era demasiado ruso y aquello era un auténtico desastre.
“El sonido expresivo era ruso y no francés, la vocalización, la percusión a la hora de hablar incluso si escuchamos a un francés y a un ruso, o a un alemán, es diferente- comenta- y eso se notaba en la orquestación”.

Un sonido francés, con técnica suiza y sensualidad española, esa sería la definición de Ravel para Alain Altinoglu.  Con Dafnis y Cloé, además, se une la percepción particular de cada maestro al hacer suya la partitura, que en su caso atribuye una gran importancia a la escena. “Puede que yo haga un Dafnis diferente al de otros porque yo pienso mucho en el ballet, en la escena, en esa historia con un bueno y un malo, y busco el color en lo que creo que está pasando en la escena”, concluye.
Altinoglu se considera afortunado y adolescente en lo que a trayectoria en dirección se refiere. Adolescente sin las locuras que ello conlleva, aclara, y comenta que en su hijo de ocho años ya ve algo de esa adolescencia impetuosa de la que se desliga. Adolescente porque hay mucho que progresar.

Las grandes obras, comenta, son tan geniales que habría que escucharlas durante años para ir alcanzando nuevos niveles de entendimiento. Como Don Giovanni, menciona, como la Solemnis, como Dafnis y Cloé, con sorpresas increíbles en cada nuevo aprendizaje.
Inmerso en la música desde pequeño, con madre pianista y profesora de piano, padre profesor de matemáticas, si no fuera músico tarda un rato en pensar a qué se dedicaría. Sería quizás matemático, o filósofo…
Altinoglu recuerda que con cinco años leía mejor las notas que las letras. Casado con una cantante de ópera, cuya madre es a su vez musicóloga y especialista en Ravel, la música rodea su vida sin escapatoria. Desmiente ser un director únicamente lírico porque cree que su lado sinfónico completa a la perfección su forma de ser como maestro.
“Soy pianista y es importante para mí dirigir porque no soy yo quien hace el sonido sino otros, es mágico- comenta”.

Dapnis-et-Chloe-3-webEse sonido que en esta ocasión, en su parte vocal, corre a cargo del Orfeón Pamplonés en una partitura difícil, hecha con sonidos, “con esa atmósfera un poco fantasma”.
Altinoglu dice adorar España, país en el que sin embargo trabaja muy poco. En 2017 tiene un proyecto en el Liceo de Barcelona, pero por el momento no tiene previstas más actuaciones. “La crisis afecta sin duda_ comenta_ a que en España no planifiquen las cosas como se está haciendo en otros países, con cinco o más años de antelación. Esperemos que todo mejore”.
También dice adorar los coros amateurs. “Me encantan _ explica_ porque ya sólo con ver sus ojos se puede apreciar ese amor que profesan a lo que hacen. Los adoro”.
Con muchos de sus sueños musicales cumplidos, algo que cuenta con gran sencillez, quizás pediría repetir con muchas de las grandes orquestas con las que ya ha trabajado, o incluir en su amplia lista alguna de las grandes que todavía le falta como Concertgebouw. “Tengo suerte- concluye- porque soy joven y he hecho muchas cosas. No pido más”.

Foto1: Fred Toulet.  Fotos 2 y 3: Paloma Marticorena. Ensayos en Halle Les Grains con el Orfeón Pamplonés.

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Una respuesta a Alain Altinoglu: “Ravel era muy de su padre y de su madre”.

  1. Alberto Ilarregui dijo:

    Extraordinaria entrevista Silvia!! Me gusta!! Mucha suerte hoy Orfeón!!

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