Amores compartidos. Por Javier Uriz.

Son retazos no musicales quizás los que conforman el lado menos conocido del Orfeón. La excursión, el espontáneo Cumpleaños Feliz o correr por la mañana en algún viaje. La fuerza, nos cuenta Javier Uriz, que canta en el Pamplonés desde el pasado mes de marzo, está a veces en el momento más delicado.

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Cuando se escucha al Orfeón Pamplonés, se palpa la complicidad, se escucha el sentimiento, desnudo, de cada uno, de todos. Detrás del Orfeón Pamplonés está esa persona, muchas, varios coros, de todas las edades. Historias entrelazadas.

 

 

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El 5 de octubre visitamos Amaiur/Maya (Valle del Baztán)

 

Espontáneamente se organizó una excursión al valle de Baztán, y, ¡cómo no!, los miembros del Orfeón Pamplonés acudimos en masa.

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El mismo día, visitamos las Cuevas de Urdax.

 

 

 

 

 

 

 

Ejemplo de complicidad, química, que inevitablemente, por gracia, se traslada a la comunión que desplegamos cuando interpretamos tantas grandes obras. Constancia y complicidad, hobby y responsabilidad, familias que pacientemente entienden la pasión del orfeonista por la música, gracias.

Es la diferencia, en el Orfeón Pamplonés, como coro amateur que es, cada uno aparca su vida profesional, pero son esa pasión, esa amistad, esa comunión, junto con las virtudes musicales, abonadas ensayo tras ensayo, tres días a la semana, si no más, las que nos regalan lo inalcanzable, y no sólo la constancia o poder compartir escenario con grandísimas orquestas y directores, nos regalan momentos irrepetibles, irrepetibles en la memoria colectiva, de orfeonistas, y espectadores, por igual.

Y no, no se trata de gritar más fuerte, afinar exquisitamente cien voces es lo que da la mayor fuerza, El Orfeón Pamplonés es navarro, Navarra es musical. La música tiene el don de expresar más allá de las palabras, y el canto de desnudar los sentimientos del cantante. Quizás sea el momento de ensalzar los amores compartidos.

Esas pequeñas cosas, el footing, a las 8 de la mañana, en Burdeos, un concierto improvisado en la calle, tras los llenos absolutos en el Teatro Campoamor en Oviedo, los sentimientos que se revuelven escuchando al Orfeón Pamplonés cantándote un cumpleaños feliz; son herencia del compañerismo, fruto del trabajo, y un placer.

PD.: La unión, de corazón, realmente hace milagros.

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