Momentos. Por Javier Lacunza.

Se sumergió en el coro para el Réquiem de Verdi con el que Baluarte celebraba sus primeros diez años. Parecía confirmar la teoría de que todo pamplonés tiene al menos un amigo o conocido en el Orfeón, y si no es así es porque forma parte de él. Al menos por unas horas, el gerente de Baluarte contempló el auditorio desde el escenario. Así nos lo cuenta.

IMG_6429 (2)Tenía once añitos cuando cantamos “La Muerte del obispo de Brindisi” con el coro de voces blancas de  la Escolanía Loyola, acompañando al Orfeón Pamplonés y a la Orquesta Sinfónica de Euskadi bajo la batuta de Odón Alonso. Recuerdo que en los limpísimos y remozados camerinos del Teatro Arriaga de Bilbao tuve un ataque de nervios, porque aquello era mucho más grande de lo que jamás hubiera cantado y de repente, me asusté. Este momento lejano, casi enterrado, del pasado, ha regresado con fuerza a mi memoria en este Día del X Aniversario de Baluarte, casi casi a devolverme a la niñez. La Sala de los Espejos durante la vocalización y los pasillos de camerinos formando filas eran un auténtico “deja-vu” de aquel momento en Bilbao a mediados de los ´80.

Pero no es el único. Compartir con Iñaki Fresán momentos entre bambalinas, tras haber vivido muchas veces, de niño y no tan niño, el acontecimiento de que “hoy viene Fresán” a cantar las “Cazuelicas” en las Misas de Navidad en la Iglesia de los Jesuitas con la Escolanía Loyola, era otra vez volver a aquellos tiempos de coro, de grupo, de sacrificio y disciplina, de madrugones y autobuses eternos,  sin otro ánimo que el de cantar, aprender y convivir. Y qué decir del Padre Javier Sagüés, que el Jueves 31 de Octubre desde el patio de butacas observaba y escuchaba  a cantidad de nosotros, a los que él con sacrificio y paciencia nos ha enseñado a cantar desde muy pequeños.

Momentos del pasado que vuelven también semanas antes, el día de la prueba de admisión al Orfeón, donde una lectura a primera vista del “Lacrimosa” del Requiem de Verdi, y un pedazo de “La Tabernera del Puerto”, me enfrentan a un a la vez afable y severo Maestro Ijurra que analiza y juzga las posibilidades de uno para acceder a poder cantar en tan consagrada Institución.

Momentos del pasado que vuelven estudiando la partitura, nuevecita de la Editorial Peters con una pegatina que reza “Barítono Coro I”, en casa primero, por cuerdas y en conjunto después en los Lunes, Martes y Jueves que dedicamos durante un mes a preparar la obra y que le dejan a uno con la sensación de nunca saberla suficientemente bien y con la permanente necesidad de abrir la partitura de nuevo para desbrozar en mayor medida sus pasajes y matices.

Momentos del pasado, al volver a esa sede en la Calle Comedias, que ve un pasado mucho más longevo que el mío, en lo que es un auténtico viaje en el túnel del tiempo hacia una Pamplona en blanco y negro, distinta entonces, pero que cantaba como también hacemos hoy. Volver a esa sala principal, que mira y canta a la Plaza del Castillo con el piano al otro lado de donde lo conocí hace más de veinticinco años.

Momentos del pasado cuando la música te absorbía a base de ensayo, haciéndote tararear y cantar entre dientes esos pentagramas que se pegan a la memoria en cualquier momento y lugar a lo largo del día. “Huic ergo”s  o “Liberame Domine”s que han perseguido  mis horas de vigilia e incluso alguna de sueño como antaño lo hacían otras partituras.

lacunzaMomentos del pasado, cuando vuelvo a colocarme la ingobernable pajarita al cuello después de la última vez, allá por el año ´98 en la serie de conciertos que con el Coro de la Universidad Pública de Navarra dimos en Galicia con el “Gloria” de Vivaldi.

Momentos del pasado que se mezclan con éstos actuales, de cumpleaños del ya no nuevo Auditorio de Pamplona, éso por lo que también desde pequeño oí a mi padre suspirar, “porque había cosas que no podían venir a Pamplona”.

Recuerdos y vivencias casi olvidadas, que vuelven a uno durante este mes de preparación de un día especial, donde gente “de casa” prepara y celebra una de las obras más universales de la música, como dicen algunos “Una misa que es la mejor “ópera” de Verdi”. No habrá muchas ciudades de nuestro tamaño que puedan encontrar en su seno la orquesta, el coro y los solistas para poder acometer tan compleja y exigente obra. Ojalá dentro de veinticinco años, los niños y jóvenes de ahora puedan como mínimo recuperar y evocar un pasado de niñez musical, en un presente reconducible por el trabajo y de dedicación de muchos. Lo cual dirá mucho del hoy, y también del mañana. Cuidemos a esta Pamplona musical y coral. Lo merece.

Fotos: Iñaki Zaldúa.

Esta entrada fue publicada en Orfeonistas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Momentos. Por Javier Lacunza.

  1. Elena dijo:

    Qué bonita y entrañable tu experiencia…. Los que “vivimos” los sabores del canto, sintonizamos y disfrutamos del buen hacer musical que esta noble ciudad nos proporciona, nos empapa de sentimientos hacia lo más grande….LA MÚSICA

  2. jmbarrero dijo:

    Me ha encantado el artículo y todo lo que me ha recordado. Especialmente el homenaje que rindes al Padre Sagúés, tan poco amigo como merecido acreedor del reconocimiento y homenaje de todos los que hemos tenido la suerte de formar parte de la Escolanía Loyola; mucho más que un coro o un lugar donde disfrutar de y con la música.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *