Atacaban los tenores el Ewig Ewig del coro místico de la octava de Mahler en el Carnegie hall,y yo me preguntaba que hacia yo en un escenario con un señor de cabellos revueltos que dirigía con un palillo -la mirada lo decía todo-y la orquesta del Mariinski
Como los que mueren-dicen- me pasó en tres segundos toda mi vida musical y decidi que ya me podía morir musicalmente.
No me he muerto tampoco la segunda vez que he experimentado parecidas sensaciones en el Lincoln Center
sino que estoy ansioso por experimentar la tercera
