El juego y las apuestas son sin duda un gran negocio en los Estados Unidos. Bastante regulado, este negocio mueve millones (seguramente miles) de dólares al año. Especialmente los casinos, con su ruleta, su Black Jack y sus mesas de póker.
“Es una locura”, me dice mi amigo Taka. Acaba de volver de un fin de semana en Macao, el paraíso del juego. A estas alturas de la partida, ese rinconcito de China pegado a Hong Kong se ha convertido en la ciudad que más dinero hace gracias a los casinos. Por delante, incluso, de la cinematográfica Las Vegas.
La verdad es que conozco muy poco sobre el tema de apuestas en India. No es algo tan habitual y accesible como en España, donde hay lotería, quinielas, bonolotos, casinos, timbas, máquinas tragaperras.
Apostar era ilegal hace algún tiempo, lo mismo que la prostitución. Desconozco si esta ley ha cambiado. Eso sí, nunca he visto un casino (aunque apostaría lo que fuera que habrá más de uno por ahí) ni tampoco máquinas tragaperras en ninguno de los chiringuitos que hay dispersos por toda la India, donde los camioneros se paran para comer, dormir o tomar un chai (té con leche). En cambio sí te topas con algún cartel anunciando películas porno. No tan evidentes y realistas como los europeos, pero vamos, todo es un empezar.
Otra cosa es el críquet, deporte donde los partidos pueden llegar a durar hasta 8 días. Siempre que pregunto algo sobre su funcionamiento, todos mis amigos rehúsan educadamente a intentar explicarme algo que apostaría que ni ellos mismos comprenden. Todos los años suele haber algún escándalo de gente que es pillada intentando amañar algún partido. Alguno de los jugadores ha sido sancionado y expulsado y hace unos pocos años un capitán de equipo fue acusado por aceptar sobornos. De todos modos, la gente de la calle apuesta y continuará haciéndolo al menos en el críquet.
Mientras unos hacen apuestas, otros tantos juegan a sobrevivir.
Con lo que sí me he topado habitualmente es con gente jugando a las cartas en la calle. Todos ellos pobres, normalmente hombres, aunque también niños y mujeres. Utilizan la baraja americana, con picas, diamantes que no tienen, tréboles de tres hojas y corazones llenos de ilusiones.
Debe ser algo habitual, pues tras el paso del tsunami, estuve un par de meses retirando escombros y limpiando poblados y encontré bastantes barajas de cartas, entre rosarios y otros despojos.
Aquella vez el mar les dio un buen órdago.
Una de las cosas que mas sorprende a cualquier turista al entrar en el típico bar australiano es el gran número de maquinas tragaperras por metro cuadrado. Amplias zonas de los pubs albergan todo tipo de maquinas ¨sacaperras¨.Son un oscuro negocio y al mismo tiempo un problema de envergadura nacional.
Especialmente acuciante es cuando nos adentramos en la Australia rural. He visitado multitud de pueblos donde a partir de media tarde se convierten en auténticos pueblos fantasma. Sólo quedan abiertos los pubs. La oferta de ocio y entretenimiento se reduce a beberse una cerveza tentando a la suerte enfrente de estas ¨pockie machines¨. Ello provoca que decenas de trabajadores (muchos de ellos emigrantes) se gasten su paga semanal en tan letal adicción. Y todos sabemos los problemas que se derivan cuando un currela llega a casa habiendose gastado el sueldo en alcohol y el juego... la familia, mujer e hijos son las víctimas inocentes de esta lacra social.
Es por ello, con mucha coherencia, que no está permitido apostar dinero en lugares públicos o en la calle. Unicamente los casinos, bares o hipódromos son lugares donde el juego esta permitido. Dicha ley solo se incumple un día: El 25 de Abril o ¨Anzac day¨. En esa fecha, que se conmemora el sacrificio de las tropas australianas en la primera guerra mundial, se juega por todas partes a un juego convertido en deporte nacional: El ¨two up¨, donde se tiran dos monedas al aire y se apuestan a ver si salen dos caras o dos cruces. Es muy divertido ver a los monárquicos apostando por la cara de la reina de Inglaterra y los republicanos por el escudo de Australia, en el otro lado de la moneda. Pero cuidado, es un juego absurdo que engancha. Alguna vez he vuelto a casa cabizbajo y sin un dólar en el bolsillo, con la imagen de las malditas monedas voladoras grabada en mis pupilas.
En este país hasta que no visitas Las Vegas te consideran extranjero. Bueno, precisemos. En este país hasta que no te dejas tus ahorros como un estúpido en Las Vegas te consideran extranjero. Yo de momento sigo siéndolo. Es lo que tiene vivir en una ciudad donde el alquiler de un estudio cuesta 2.000 dólares, aparcar el coche una hora 24 dólares y tomarse una cerveza 8 dólares. Uno acaba gastándose el dinero en cervezas y luego no te queda dinero para irte a Las Vegas. Pero lo de la cerveza es una necesidad. Cuando te cobran ese dinero por un piso en el que hay que andar de costado para no chocar con las paredes, uno tiene que beber mucha cerveza antes de entregar la mensualidad a la agencia inmobiliaria.
Aunque en este país hay tanto dinero que Las Vegas se ha quedado pequeño para acoger a todos los americanos dispuestos a perderlo. En las últimas décadas han proliferado cientos de casinos en las reservas indias después de que en 1988 el tribunal supremo reconociera que dichas reservas no estaban sujetas a las leyes estatales del juego. Y los indios que ya prácticamente habían exterminado a los búfalos vieron la oportunidad de robar de nuevo a los vaqueros pero de una forma elegante y políticamente correcta. En dos décadas las escasas 300 reservas indias del país han abierto más de 400 casinos en los que facturan 18.5 billones de dólares al año. Vamos, que ahora en vez de trasladarse en caballos sin monturas agarrados de las crines los ves cabalgando Ferraris y Maseratis. Si John Wayne levantara la cabeza.
Cerca de Nueva York también tenemos nuestra pequeña “Las Vegas”. Se llama “Atlantic City”. Allí todos los que nos roban en los alquileres de nuestros pisos van a depositar nuestras mensualidades en las maquinas tragaperras. No les debe importar. Saben que los jóvenes profesionales que nos dejamos la vida trabando en Nueva York depositaremos sus nuevos boletos para el bingo todos los primeros de mes. Más dolares para los indios.
Varias pantallas, muchas pantallas, gente relajada tomando unas bebidas o de conversación en estado de agitación. Deportes muchos deportes, fútbol, baloncesto, boxeo, cartas, esquí y cuantas otras cosas. Esta es la comidilla de los locales que están creciendo como setas en nuestro alrededor. Publico mayoritariamente masculino, pero no solamente, pues al fin y al cabo para todos los gustos hay.
El término con lo que describen es apuestas deportivas y los locales que se dedican a ello parecen tener más éxito por estos lares que los tradicionales casinos. A cambio de una tarde de deportes y una conversación entretenida uno puede apostar a su caballo, futbolista o cualquier otra cosa que a uno se le pase por la cabeza.
Y es que el truco parece ser el de apuesta pequeña, y ganancia pequeña pero donde la posibilidad de ganar supera a las que uno tiene en una Lotería tradicional. No siendo gran fororo de las apuestas, no me han llamado la atención, pero hay que reconocer que en estos días de invierno donde las tardes son largas, las temperaturas afuera bajas y las actividades alternativas reducidas pues tienen su público fiel.
Y ya me imagino como estarán cuando llegue el verano con la Eurocopa. El Mundial de Alemania”06 ya fue a todo dar, así que mejor nos preparamos. Y la nota curiosa, según las casas de apuestas España es la segunda favorita para ganar la Eurocopa de este año. Claro que ojo, pues por delante va Alemania!
El mundo del juego y las apuestas en Suecia ha experimentado un crecimiento más que notable en los últimos años, hasta el punto de que es casi imposible evadir la invasión de programas de póquer en televisión o de anuncios en periódicos sobre el juego “online”. La última novedad al respecto es un programa de televisión, cuya idea original es una copia de un programa en EEUU, en el que “famosos” asiduos a la prensa rosa juegan entre ellos al Texas Longhorn póquer. La guinda de todo este tinglado es el hecho de que el programa se graba en salas de juegos de algunos de los más lujosos hoteles del mundo. Así que a cambio de un par de primeros planos y unos cuantos faroles, la estancia de lujo es gratuita.
En fin, que me distraigo del tema a discutir… Este incremento se debe en parte al interés que ciertas empresas multinacionales han expresado por entrar en el mercado sueco del juego. Y aquí es donde empezó el problema.
El Estado sueco ha mantenido el monopolio sobre el mercado del juego desde 1943, sin haber sido cuestionado y sin competencia alguna, por supuesto. El argumento utilizado para justificarlo es que el juego debe regularse a través de autoridades competentes para controlar problemas de adicción. Además, como un bono, asegurarse de que el posible superávit se utilice para beneficio de todos, invirtiendo gran parte en subvención de asociaciones deportivas juveniles.
Así que cualquier forma de juego legal en Suecia, ya sea lotería, carreras de caballos o casinos, es propiedad del Estado. Os imaginaréis el problema que se creó con la llegada desde otros países de compañías tratando de llevarse un trozo del pastel a través del ciberespacio. Una forma inteligente de no ir en contra de la legislación que les prohíbe establecerse físicamente en el país. Dicho problema llegó hasta la Unión Europea, que creó una comisión para investigar si la legislación sueca cumple con la ley de libre comercio.
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Superficie: 111.370 km². Población: 3.482.211 habitantes. Densidad: 31 h/km². PIB: 2.903 millones de dólares. Por habitante: 900 (el 181 del mundo). Moneda: Dólar liberiano. Presidenta: Ellen Johnson-Sirleaf.