Navarros en la Aldea Global

Juan Palop Martínez (28 años) Aldea global
Juan Palop Martínez (28 años)
Periodista en Yakarta (Indonesia)

Superficie: 1.919.440 km². Población: 245.452.739 habitantes. Densidad: 119 h/km². PIB: 410.317 millones de dólares. Por habitante: 4.684. Moneda: Rupiah. Índice de desarrollo humano: 107 del mundo. Lema: Unidad en Diversidad. Jefe del Estado: Susilo Bambang.


Domingo, 22/02/2009

Kafka, el aprendiz

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

A veces me imagino a Franz Kafka, el genial escritor checo, abrumado y deprimido, repasando alguno de los capítulos que nunca completó del libro “El proceso”. Lo puedo intuir, tímido e inseguro, pensando que se había excedido al bosquejar un mundo burocrático tan oscuro, complejo e irracional. Tan absurdo y angustioso. Lo veo dándose por vencido, confesándole a Max Brod, su amigo y editor, que no se sentía capaz de acabar esa magnífica novela. ¿Que estaba exagerando? ¡Qué va! Tendría que haberse venido a Ind

onesia para darse un chapuzón de realidad: pecaba de costumbrismo.

El 11 de junio del año pasado, tres meses después de aterrizar en Yakarta logré ser un “con papeles”. Por el camino me dejé varias semanas de esfuerzos estrellados en ventanillas y salas de espera, una veintena de fotos de carné en distintos formatos, una docena de formularios repetidos, varias copias de todas mis huellas dactilares, unos cuantos millones de rupias y, de paso, la paciencia, el ánimo y la confianza en el ser humano. A cambio, me entregaron cinco carnés de identidad emitidos por distintos organismos, nueve certificados de otras tantas instituciones (directorados, agencias, subsecretarías,...) y un coqueto librito de trabajo.

Volvía a casa con todos mis documentos, psicológicamente extenuado, cuando me llegó un mensaje al móvil. Era una de las personas que me había ayudado a legalizar mi situación, un experto en contraburocracia y papelismo. “¡Enhorabuena! Pero no te olvides de revisar las fechas de caducidad de tus documentos. Estamos en contacto”. Al principio, no entendí el mensaje. Pero al llegar a casa, por curiosidad, saqué la carpeta para echar un vistazo a los hijos de mis desvelos administrativos. De pronto todo empezó a darme vueltas. Me temblaba el labio de abajo. Los ojos amenazaban con salírseme de las órbitas. El cielo se me venía encima: los permisos caducaban a los tres meses, los certificados al semestre, los visados al año. Me derrumbé. ¡La pesadilla no había hecho más que empezar!

Kafka, hazme caso, nunca es demasiado.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 21:19 pm    Hacer comentario

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Domingo, 15/02/2009

El ocaso de los besos

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

Se reúnen allí. En el parque de Menteng, en el centro de Yakarta, al caer la tarde. Un poco más allá de donde alcanzan los anémicos haces de luz de las últimas farolas del camino, casi al final de los jardines, donde pocos se adentran una vez llegada la noche. Ahí, casi a escondidas, disfrutando de las sombras, un puñadito de parejas de adolescentes y veinteañeros, no muchos, siempre dos por banco, se encuentran a robarse besos furtivos y primerizos aprovechando la oscuridad. Algunos se susurran al oído. Otros miran el cielo en silencio cogidos de la mano. Supongo que ese es uno de los pocos lugares de esta ciudad para gigantes desde donde, con suerte, se pueden ver las estrellas. Aunque el cielo esté nublado.



Culturalmente, los indonesios son poco dados a las efusiones. Nuestros rituales “dos besos” de saludo les parecen algo excesivo. Como la mayoría de asiáticos, consideran que las demostraciones de afecto deben ser algo estrictamente privado. Es más frecuente ver a dos amigos pasándose el brazo por el hombro o dos amigas cogidas del brazo que a una pareja de la mano por la calle.

Además, los islamistas -que son una apabullante minoría, pero socialmente muy influyente- están presionando para que Indonesia, tradicionalmente relajada en sus formas y tolerante en el fondo, cierre filas en torno a un conservadurismo en el que la gran mayoría, a pesar de ser musulmana, no se ha sentido nunca cómoda.

Su última gran victoria ha sido conseguir aprobar en el parlamento un ley, llamada contra la pornografía, que mete en el mismo saco una caricia en público de un matrimonio, un bikini en la playa, la prostitución y la pederastia. Todo es lo mismo. Todo está prohibido. Este mes, un gobernador regional exigió a las bailarinas de jaipong, una danza tradicional de Java, que contoneasen menos las caderas. ¿Qué pasa? ¿Que no tienen nada más de qué preocuparse? Están equivocados: el problema está en sus cabezas, no en el parque de Menteng.

Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 23:32 pm    Hacer comentario

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Domingo, 08/02/2009

El agente políglota

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

Nunca me he tenido que someter a una entrevista de trabajo en el extranjero. Nunca he tenido que verme las caras con un chino, un japonés o un indonesio de quien dependiera mi futuro laboral. Nunca... aunque, ahora que recuerdo, sí que hubo una ocasión en la que me reuní con alguien que tenía en sus manos mi futuro inmediato...



Fue en una comisaría de Tokio. Un sitio de paredes grises, mesas atiborradas de papelajos y un enjambre de personas pululando entre timbrazos y conversaciones cruzadas. Yo tenía una mano escayolada, magulladuras en el costado y un fuerte dolor en la cadera. Apenas había pasado una semana desde el accidente. La policía ya había tomado declaración al conductor que me había atropellado y ahora yo, el ciclista, tenía que relatarles mi versión.

En un alarde de cortesía, me trajeron un agente que sabía castellano. Eso dijo. “¿Por qué sabes español?”, le sonreí para romper el hielo. “Delincuencia de extranjeros crecer mucho”, me contestó. Gracias por el voto de confianza, colega.

Empecé mi declaración lo más despacio que pude. Él iba traduciendo sobre la marcha a su superior -que copiaba al otro lado de la mesa-, pero se perdía entre balbuceos y vacilaciones. Desalentador. En un par de ocasiones le tuve que parar y decir que eso no era lo que yo había dicho. Y mi japonés era pésimo. Me empecé a asustar. El tipo sería voluntarioso, pero se las traía. “Con éste acabo en la cárcel por atropellar a un coche con una bici”, me dije. Tiré de inglés, pero el agente políglota era un hacha: tampoco me entendía.

Acabé pidiendo papel y lápiz, y dibujándole directamente al jefe el cruce del accidente, el coche, la bici y un montón de flechitas. Ellos se lo rumiaron durante un buen rato en silencio, luego discutieron y al final se volvieron hacia mí, herméticamente nipones, y me soltaron: “Gracias, puedes irte”.

Me marché cojeando en un mar de dudas. Nunca más me volvieron a llamar.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 22:30 pm    Hacer comentario

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Lunes, 02/02/2009

Urgencias de palacio

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

En un lugar de esta aldea, de cuyo nombre no quiero acordarme, el amigo de un amigo -¿quién si no?- tuvo la desgracia de perder su pasaporte en uno de sus primeros días de vacaciones. Nos contó que se lo robaron en una estación desangelada, mientras esperaba, de madrugada, la llegada de su tren. De paso, le quitaron la cartera, las tarjetas y hasta el carné de la piscina. La malicia, me sospecho, se la dejó en casa.



Nuestro protagonista descubrió entonces que viajar por el extranjero sin documentación era un juego peligroso. Que un 'sin papeles' puede acabar, como mínimo, en comisaría. Y con el aliciente de que allí casi nadie habla inglés. Nos llamó por teléfono lógicamente tenso y salió de inmediato para el consulado español más cercano... estratégicamente enclavado a más de mil kilómetros. Para colmo, se vio forzado a tomar un tren, que sin documentación no se puede viajar en avión. Dos días más tarde y con material para escribir una novela, llegó a su destino. De la estación fue directamente al consulado.

Le habían dicho que había una cosa llamada pasaporte de urgencia. Una especie de salvoconducto temporal: el madero en medio de su particular naufragio. Él quería que aquel contratiempo no le arruinase las vacaciones. Pero las cosas de palacio... “Una semana”, nos gritaba por teléfono: “El pasaporte de urgencia tarda una semana”. Unos amigos míos le dieron cobijo, asistencia lingüística y apoyo moral. El psicólogo se lo pagó él a la vuelta, supongo. Aquellas vacaciones no fueron las mejores de su vida.

Yo, por ahora, no he tenido que ponerme nunca en manos diplomáticas. Y así por muchos años. De vez en cuando me toca tratar con la embajada por motivos profesionales o personales, pero poco más. Y no tengo ninguna queja. Todo lo contrario: vaya a ser que me oigan y este año no me llegue la invitación a la fiesta del 12 de octubre.

¿Se extrañan? ¡Claro! No recuerdo haberles visto en la última.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 15:19 pm    Hacer comentario

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