Navarros en la Aldea Global

Juan Palop Martínez (28 años) Aldea global
Juan Palop Martínez (28 años)
Periodista en Yakarta (Indonesia)

Superficie: 1.919.440 km². Población: 245.452.739 habitantes. Densidad: 119 h/km². PIB: 410.317 millones de dólares. Por habitante: 4.684. Moneda: Rupiah. Índice de desarrollo humano: 107 del mundo. Lema: Unidad en Diversidad. Jefe del Estado: Susilo Bambang.


Domingo, 07/02/2010

Hogares con raíces

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

Las quijadas de cerdo cuelgan, perfectamente ordenadas, de una de las robustas vigas maestras de la casa, a dos metros sobre mi cabeza. Cuento más de treinta. Su blanco pulido y sabio contrasta con el color de la madera, ennegrecido tras mil noches de hogueras. Éstas son las mandíbulas de los animales que se sacrificaron en la inauguración de la casa, me explica mi amigo Yoga. “De eso hace ya más de un siglo”, añade. La casa es uno de los más perfectos ejemplos de arquitectura tradicional de la isla de Nias. Con sus quince metros de largo y casi diez de alto, está levantada exclusivamente en madera, sin un sólo clavo, y mediante un complejo sistema de pilares oblicuos, es capaz de soportar fortísimos terremotos. Varias generaciones de la familia noble de la aldea de Onohondro han residido allí. Nadie ha pensado nunca en abandonarla.



He visitado casas así por toda Indonesia. Hogares profundamente enraizados en la memoria, la tierra y la familia: viviendas entretejidas para siempre en la idiosincrasia del pueblo, no inocuas estancias de tránsito. De las increíbles cabañas cónicas de la isla de Flores, de hasta quince metros de alto, a las altivas construcciones de Tana Toraja, en las Célebes, donde los tejados a dos aguas recuerdan en silencio las proas de los barcos que trajeron hasta aquí a sus ancestros. Y las de la remota Sumba, donde las viviendas tradicionales, rústicas pero increíblemente adaptadas al medio, pasan de padres a hijos, como los conocimientos del campo, los búfalos y los rasgos físicos.

¿Por qué se van los jóvenes de casa en Occidente? Porque quieren ir a estudiar a una universidad de otra ciudad. Porque se marchan en busca de trabajo o nuevas experiencias. Porque consiguen un sueldo que les permite independizarse. En definitiva, porque desean emprender un camino propio. Se van para progresar, por su cuenta y riesgo. Pero esta idea de cambio, de avances aunque tímidos, apenas tiene arraigo aquí, en las Antípodas de lo Común.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 22:10 pm    Hacer comentario

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Miércoles, 27/01/2010

La tragedia de siempre

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

Los países tropicales se diferencian de los de clima templado en que en lugar de cuatro estaciones, tienen solamente dos. La seca y la húmeda. La primera se caracteriza por la casi total ausencia de precipitaciones. La segunda, sin embargo, es conocida por dejar todos los años, sin excepción, un terrible reguero de muertos. Porque en esa época, las lluvias, muchas veces torrenciales, generan una inexorablemente oleada de inundaciones, riadas y corrimientos de tierras en la mayoría de países tropicales y siempre acaban cobrándose decenas de vidas humanas. Indonesia, con sus más de 5.000 kilómetros de islas enredadas en torno al Ecuador, no es una excepción.



Esta semana una decena de personas han muerto en la hiperpoblada isla de Java por el desbordamiento de un río. Varios miles han huido de sus hogares con el agua al cuello y la certeza de haber perdido lo poco que poseían. Esto es lo desgraciadamente habitual entre noviembre y febrero en este país. Unas semanas atrás escribí historias similares de inundaciones en las islas de Sumatra y Célebes. Y otra sobre un corrimiento de tierra que sepultó medio pueblo en Java mató a más de una docena de vecinos.

Todas estas tragedias apenas tienen repercusión en la prensa internacional. No levantan el más mínimo interés. Pero lo sorprendente es que aquí tampoco. Apenas un breve aquí, un recuadro allá, consiguen ganarse en los periódicos nacionales estas informaciones de sucesos. Y a veces, una de las cosas que más me sorprende, es que ni siquiera se informa en el titular del número de muertos. Hay que descolgarse hasta el cuarto párrafo para enterarse de las cifras de víctimas.

¿Cómo se explica eso? Pues no lo sé. Mucho me temo que la capacidad humana de acongojarse ante la tragedia es parecida al sentido del olfato. Que si topa con un olor persistente, al cabo de un rato, comienza a ignorarlo. Como cuando nos acostumbramos a una colonia. Y aquí, las tragedias, son el pan nuestro de cada día.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 12:44 pm    Hacer comentario

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Lunes, 25/01/2010

El vértigo

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

El viento se divertía a manotazos con mi pelo. Yo no decía nada. Arriba, a 405 metros de altura, encaramado a la azotea del mayor rascacielos de Hong Kong, el 2-IFC, estaba en sus dominios. No tenía derecho a réplica. Yo simplemente disfrutaba. De la inenarrable vista de la urbe, del sordo silencio que inundaba todo, del embriagador vértigo que produce saberse tan insignificante. Había llegado hacía más de una hora para contemplar un atardecer de tú a tú

con el sol. Y ahora, poco antes de marcharme, acababa de descubrir, entre el espeso bosque de espigadas torres a mis pies, el titán de cristal y acero en el que yo trabajaba entonces. Con sus 48 pisos, apenas se le distinguía.

Los rascacielos ejercen un extraño magnetismo sobre mí. Supongo que es por su peculiar mezcla de arte y ciencia, de desafío y arrogancia. Los persigo allá donde voy. Recuerdo la vista del trepidante Shangai desde lo más alto de la torre Jing Mao y también la alfombra infinita de minúsculas viviendas que se extendía bajo el edificio del Gobierno de Tokio. Recuerdo la sólida monumentalidad del Yokohama Landmark y la estilizada robustez del Taipei 101. Y, por supuesto, el enigmático anochecer que disfruté en el hotel Park Hyatt de Tokio, aupado a uno de los gigantes geométricos del distrito financiero de Shinjuku, contemplando la ciudad noctámbula perfectamente iluminada mientras escuchaba a una banda de jazz en directo en el bar en que se rodó Lost in translation.

En Yakarta también hay rascacielos. Una generosa treintena de ingenios altaneros que, aunque no pueden compararse con los mayores colosos del mundo, se tutean sin remilgos con los monstruos recién erigidos en Madrid. No obstante, muchas veces tengo la impresión de que estos enormes bloques de oficinas de diseño y enseña publicitaria en la cumbre son mucho más altos. Casi inalcanzables. Quizá porque aquí el punto de referencia es la anárquica marejada de chabolas que los rodean. Y eso es lo que de verdad da vértigo.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 11:41 am    Hacer comentario

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Lunes, 18/01/2010

El país de las toallas

Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA)

“Vosotros occidentales oléis como animal”, nos soltó un día el bueno de Yuki como si tal cosa. Y luego se hizo el silencio. Un vacío abismal que se podía cortar en trocitos y regalar al enemigo para envenenarlo. Yuki, al principio, no se dio cuenta de lo que había dicho. Se nos quedó mirando extrañado unos segundos desde sus rasgados ojos nipones. Y entonces, de golpe, saltaron todas las alarmas en su cabeza. Comenzó a balbucear para intentar remediarlo, pero ya era demasiado tarde. Entonces rompimos a reír todos.



El español de Yuki era bastante bueno, suficiente para defenderse en la calle, pero quizá algo ralo para terrenos tan delicados. Entró a degüello, con la picardía que aprendió en sus años en la piel de toro, y acabó en un lodazal. Lo que quería decir -porque más tarde logró explicárnoslo- es que pensaba que nosotros, la raza blanca hablando en términos genéricos, tenemos un olor corporal más fuerte que los asiáticos. Algo que yo, con todas las excepciones que quieran, firmo ahora mismo. Es simple genética.

Pero no se me enfaden. No es que nosotros pequemos por defecto, es que lo de los japoneses es extraordinario. De lo que conozco son, con diferencia, la cultura que más atención presta a su higiene personal. La norma habla de ducharse dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche. Muchos llevan permanentemente una toalla pequeña en el bolso o la cartera, para secarse las cuatro gotas de sudor de la frente si aprieta el calor o las manos en un baño público sin recurrir a la común. Los hombres llevan camiseta interior, sobre todo en verano, para no sudar la camisa bajo ningún concepto. Es increíble: siempre van perfectamente peinados, arreglados, aseados y afeitados. La prueba de fuego: el metro de Tokio, a las ocho de la mañana, huele a colonia. Y si no saben a qué me refiero, pásasense a esa hora por el de Madrid... o mejor no.
Escrito por Juan PALOP MARTÍNEZ (YAKARTA, INDONESIA) a las 09:22 am    Hacer comentario

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