Viernes, 20/02/2009 Atrapado por los encantos de Sydney Iñaki AIZPUN RIVAS (SYDNEY, AUSTRALIA)
Lo mío con Australia fue un flechazo a primera vista. Ya antes de aterrizar en tan variopinta isla hace quince años me atraía el halo misterioso que la rodea, su lejanía inalcanzable. A lo largo de todo este tiempo me he enamorado de sus gentes tan alegres y campechanas. He conectado con su naturaleza exuberante, he sentido una química especial por sus paisajes salvajes. En las playas de Sydney he cumplido mi sueño, trabajar en lo que es mi pasión: El submarinismo. Mi pequeño negocio me ha dado la oportunidad de enseñar a mucha gente los secretos del mar e inculcarles el respeto por las criaturas marinas. Todo ello en el contexto de una sociedad extraordinariamente cívica que disfruta de una gran calidad de vida. No es difícil ser feliz y realizarte en este entorno mágico. Pero no todo ha sido un camino de rosas en esta relación. Cuando las fuerzas flaquean, la idea de dejarlo todo y volverme a Europa aparece acechante, revoloteando por mi mente. Porque aquí tengo una vida plena y mi lugar pero con la familia en Pamplona está mi hogar. Más de una vez he estado a punto de sucumbir al deseo de volver a mis orígenes. Pero claro, a nivel profesional, no hay comparación. Se me hace muy duro imaginarme buceando en las turbias y gélidas aguas del Arga. Como soy de los que ven la botella siempre medio llena a rebosar, para mi vivir en el extranjero tiene un sinfín de ventajas. Disfrutas de lo mejor de dos mundos, cada uno en un hemisferio distinto. Esta circunstancia me permite trabajar en el verano-primavera austral y tras ocho meses de inmersiones, tomarme unas merecidas vacaciones en el verano de España. Justo a tiempo para zambullirme en la fiesta sanferminera. Valiéndome de un símil amoroso, Pamplona fue esa novia de pubertad por la que guardo un cariño especial, y Sydney es esa amante que ejerce una atracción irrefrenable sobre mí. A veces me siento como el Ulises de la mitología griega, luchando contra el influjo de las sirenas en su retorno con Penélope. No importa cuantas veces abandono Sydney, siempre vuelvo a ella. ¡Estoy atrapado por la bahía más hermosa del mundo! Escrito por Iñaki AIZPUN RIVAS (SYDNEY, AUSTRALIA) a las 10:17 am Ver/Hacer comentario (2)
Domingo, 08/02/2009 Granizado de sangria. Iñaki AIZPUN RIVAS (SYDNEY, AUSTRALIA)
Sydney 1995. Estaba buscando trabajo desesperadamente. Apenas me quedaban 200 dólares en la cuenta y con mi paupérrimo inglés, ya me habían rechazado en unas cuantas entrevistas para trabajos de camarero. Tenía la moral tocada pero no pensaba rendirme. Esta vez me estaba presentando para un puesto de barman en una cocktelería de alto standing que iban a inaugurar en el casino. Había pasado con éxito las dos primeras entrevistas. Buen síntoma. Esta vez la última y definitiva prueba era en un exclusivo edificio de una de las zonas más caras y clasistas de la ciudad. Ahí estaba yo rodeado de decenas de aspirantes; jóvenes australianos esbeltos y apolíneos, ellas guapísimas chicas con talla de modelos. No me desanimé ante tal competencia. Estaba decidido a echarle morro y venderles mi lado Spanish. Nunca me ha fallado esta estrategia en Australia. Llegó mi turno y me emplazaron en una incómoda banqueta con las piernas colgando rodeado de un nutrido grupo de gente. Cinco managers, dos secretarias, un contable y el gran jefe, un judío inmensamente rico que fumaba un habano al estilo Fidel. Notaba sus ojos clavados en mis movimientos. El contable empezó con las preguntas de rigor. Al comentarles que era de Pamplona, el gran jefe dejó de fumar y dijo que su nuera era vasca. Qué bien pensé, empieza la cosa con buen pie. Entonces me preguntó si apoyaba a los terroristas de ETA. Se hizo el silencio. Vaya pregunta más fuera de lugar. Sin amilanarme le rebatí con otra pregunta. -¿¨Apoya usted a los terroristas de Hamás¨? ¿¨No, verdad¨? El puro le tembló en la mano. Un murmullo de perplejidad invadió la sala. Sin embargo, por inesperada, al gran jefe le había gustado mi respuesta. -¨Eres atrevido hablando¨, dijo, ¨veamos cómo te desenvuelves preparando cocktails¨. Me giré y a mi espalda había una barra con zumos y alcoholes a rebosar. Hasta entonces toda mi experiencia se limitaba a algún margarita que había elaborado en alguna fiesta de amigos. Con una receta de mi invención y aprovechando unos kiwis y fresas que había por ahí, les obsequie con un terrorífico granizado de sangría. Mi primera sangría .Y causó sensación, a tenor de las ganas conque se la bebieron. -¨ Empiezas este viernes¨, me susurró el gran jefe con una expresión de aprobación. Escrito por Iñaki AIZPUN RIVAS (SYDNEY, AUSTRALIA) a las 22:38 pm Hacer comentario
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