Viernes, 19/06/2009 La realidad sangra en el pasillo de un hospital Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) Ha llegado el triste día en el que la realidad impone su crudeza sin contemplaciones. En el que la inmensa realidad se muestra tan descubierta que duele sólo mirarla. Porque las cosas pueden imaginarse, pero la imaginación es siempre concesiva: edulcora todo aquello que no gusta y lo hace así más digerible, lo hace al menos masticable. Hace ya algún tiempo me atreví a contar por boca de una amiga una historia de la que voluntariamente nunca quise ser parte. El miedo a que la realidad superara a mi ficción era tal, que preferí quedarme detrás de la barrera, detrás de la licencia que la imaginación y la palabra conceden a la cobardía del escritor y encima transforman a ésta en belleza. Y así conté sin ver. Conté sólo escuchando y haciendo cierto todo lo que me decían, pero olvidando que era yo quien contaba y no yo quien veía. Aún así di por bueno todo lo que ella me dijo y así creé mi artículo más trágico, “Las sombras que recubren las crisálidas”. Hoy no puedo ser tan trágico ni tan descriptivo, no puedo hacer sentir con mis palabras lo que yo mismo sentí en aquel hospital público del barrio de la Maianga. Al igual que seguramente mi amiga no sintió al leer mis frases ni sombra del dolor que fue el fundamento de mi historia. Y no puedo hacerlo porque la realidad es mucho más seca que mi ficción, es mucho más cruda y menos rica en detalles, es sencillamente lo que es, y eso le hace perder relieve. O quizás es porque al observar una imagen que te impacta no eres capaz de retener los detalles, y sólo alcanzas a recordar un todo genérico que te los ahorra para que estos no te persigan en tus pensamientos al cerrar los ojos antes de dormirte. Pese a todo hoy puedo recordar algunos detalles que no han querido abandonarme y que me hicieron parar en el pasillo del hospital a vomitar, como un novato, como un espectador que observa la realidad desde fuera pero no la soporta desde dentro, donde todo se materializa de forma palpable. Donde el olor a vómito y a mierda y a orina, no es sólo un recurso literario sino un intenso hedor que te impide respirar y que hace que tus ojos lloren porque el olor se convierte en un sólido que se incrusta en ellos, quizás benévolamente para impedirte ver de donde viene. Pero ni las lágrimas lo impiden y ves a través de ellas cuerpos languideciéndose y retorciéndose de dolor en las camillas, en el suelo y sobre las escaleras. Los ves rodeados de sangre, sujetando un brazo que ya no tiene vida, o mirando al infinito mientras su dolor se ausenta en un hilo de sangre que se desliza por su frente, o esperando secamente una muerte que parece, rodeado de toda aquella gente, más que obvia. Y reverlo otra vez me hace despertarme mientras duermo. Y vuelvo a sentir la orina de aquel cuerpo inconsciente tirado en las escaleras del hospital sin que nadie se moviera para ayudarle. Lo veo una y otra vez, y otra vez vuelve a mí la sensación de asco y de miedo, de sentirme superado por las circunstancias, de no encontrar el valor para volver a entrar y volver a acercarme a su cama y ver aquel espectáculo espeluznante. Vivo en Luanda alejado de la realidad generalizada. La veo de vez en cuando, en pequeñas pinceladas. Y la realidad es tan dura que no creo que pudiera vivir inmerso en ella. La muerte en un pasillo de hospital es aquí una realidad cotidiana. La muerte aquí no es cara. No vale un Kwanza. No hay siquiera que pedirla. Se espera en el hospital, la última parada antes del descanso eterno. Y Allí esperan todos, conscientes de que sólo un milagro puede hacerles alejarse de aquel pudridero. Lo más curioso es que los milagros, en contra de mi amoral escepticismo, se producen. Gracias a Dios (y esto también va en contra de mi amoral escepticismo) aún existen personas con el valor suficiente, no sólo de vivir inmersos en esa realidad, sino de entrar en ese hospital y aguantar estóicamente los olores, los hedores, la sangre, la materialización y plasmación plástica de la muerte, y encima, salvar vidas. Escrito por Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) a las 13:41 pm Hacer comentario
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