Domingo, 12/04/2009 Lejos del cielo, allí en la Tierra Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) Todo lo que la Semana tenía de Santa el Papa se encargó de joderlo unos días antes. Volvió a mostrar lo lejos que la Iglesia está del pueblo y lo distante que las instituciones eclesiásticas se encuentran de una realidad de la que viven completamente ajenos. El Papa visitó Angola y dejó a su paso una estela de improperios: no por lo que dijo, que ya fue bastante, sino por todo aquello que dejó de decir. Los angolanos necesitan la religión. Necesitan creer que “alguien” está velando por ellos, que hay luz al final del túnel y que sus vidas de sufrimiento serán recompensadas en el más allá. Y de que lo supieran el Papa se encargó de sobremanera. Pero no es ahí donde tenía que incidir: la vida espiritual y el más allá están demasiado lejos del terreno como para hacer de ellas una urgente necesidad. La verdadera necesidad se encuentra mucho más abajo, mucho más cerca de la Tierra. Está allí donde se encuentran los verdaderos baluartes de la iglesia y los representantes de su verdadero sentido, donde cientos de miles de curas se matan por conseguir que el más allá sea bueno y el más acá mucho mejor. Si no vean esto: el otro día paré en un pequeño poblado de la provincia de Malanje, en el interior del país. Viajaba con unas amigas y al ver a unos blanquinhos todo el pueblo se acercó a saludarnos. Allí nos recibió el hombre más importante del pueblo: el Shoba, un líder tradicional pero también catequista católico. Le pedimos que nos enseñara su iglesia. Era una pequeña construcción de adobe y paja de color rojizo que había sido construida por toda la comunidad. En su interior, cuatro bancos por fila hechos con caña y una mesa. Y en el fondo un pequeño crucifijo de madera labrado artesanalmente. Allí se daba la misa, se realizaban las reuniones del pueblo y se hacían todas las actividades sociales animadas por la alegría de un pueblo que había encontrado la quintaesencia de la doctrina cristiana original: la búsqueda del bien común terrenal. Aquella iglesia reunía en escasos veinte metros cuadrados toda la carga moral que la Iglesia ha tratado de preconizar a lo largo de su historia. Todo ese sentido que se ha perdido en los fastuosos palacios vaticanos y sus privilegiadas mentes universitarias, fue capaz de captarlo un cura analfabeto de un pueblo perdido en África Austral. Algo está mal en todo esto… Escrito por Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) a las 23:30 pm Hacer comentario
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