Jueves, 12/03/2009 Azul oscuro ¿casi negro? Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) Ver el número de personas que leen tus artículos es un aliciente importante para escribir el siguiente. Cuando el número es más elevado de lo normal te sientes reconfortado, cuando es menor, sientes que tienes que escribir otro para redimirte. Y si el número de lectores es importante, los comentarios lo son aún mucho más. Y lo son porque son los lectores los que, desde fuera de tu realidad, se están formando una visión, quizás excesivamente sesgada por mi mirada, de lo que es Angola y sus gentes. Y eso me hace tener que tenerlos en cuenta mucho más de lo que incluso quisiera: ayer un comentario me hizo sentarme y reflexionar: me hizo daño. Y me hizo daño seguramente porque decía una verdad que, en un principio, no quería creer. Fernando, un lector del Diario de Navarra, tuvo la delicadeza de dirigirme el siguiente comentario: “Todos tus post son excelentes pinceladas sobre Angola que construyen un imborrable cuadro impresionista en nuestra imaginación, pero... solamente hay en tu paleta colores oscuros??”. Al leerlo no puede evitar que una mueca de terror se dibujara fugazmente en mi cara. ¿Es esto lo que estoy transmitiendo? –me pregunté aún aturdido por el comentario- ¿Cómo puede ser que sintiéndome tan feliz como me siento en Angola, mis artículos sólo estén llenos de colores oscuros?. Este planteamiento pobre y básico me sirvió para deslegitimar para mis adentros aquel comentario y apartarlo de mi mente durante el resto de las horas de trabajo. Sin embargo, al meterme a la cama, el comentario volvió a mi mente y me hizo reflexionar sobre el fondo del asunto: si yo veo Angola en colores claros, y transmito tonos oscuros ¿Cuál es el fallo comunicativo que estoy cometiendo para que mi mensaje llegue tan distorsionado? La respuesta me vino en forma de frase célebre (mía por supuesto) justo antes de que el sueño y el cansancio me hicieran caer dormido: Hay colores claros porque existen oscuros con que compararlos, con lo que allí donde haya un claro, tendrá por fuerza que haber también un oscuro. Y entonces volví a plantearme porque allí donde yo pretendía enviar claros, llegaban oscuros. Y la conclusión fue también bastante básica: no hay colores claros u oscuros per se, es el mundo de colores de cada uno el que hace que esos colores sean más claros o más oscuros en función de la gama de tonos de la que estemos rodeados. Con lo que entonces, los mismos hechos pueden ser claros u oscuros en función de los ojos de quién los mire, que están también condicionados por los colores que rodeen dichos ojos. Un galimatías muy básico que se puede expresar por ejemplo, con el mismo artículo que este lector calificó de oscuro, Sangre de mujer. En él, mi pretensión principal era la de ensalzar la labor de una mujer que ha sabido guiar a un país que había perdido absolutamente el rumbo. La de demostrar que aquí, en Angola, la mujer es un elemento fundamental del desarrollo y que su figura es digna de un reconocimiento que ninguno de sus gobernantes merece. Y este es el color claro al que, de acuerdo con mi teoría, le debe acompañar también un tono oscuro: la evolución dentro de la vida social de la mujer angoleña tiene aún muchas barreras que romper, principalmente en lo que se refiere a su vida más íntima y personal. En general, para mí, el artículo era más claro que oscuro, a fin de cuentas, con lo que veo aquí todos los días, esa imagen no era tan tétrica como allí ha podido parecer. Pero esto, en un contexto de Estado de derecho, en el que la mujer ya ha encontrado casi por completo su hueco en la sociedad, y en el que todos los derechos laborales están más que superados, no se entiende de la misma manera. Por eso quizás pareció oscuro. Por eso quizá parezcan todos oscuros. Pero debéis tener en cuenta, queridos lectores, que las normas de allí no sirven aquí. Que las construcciones mentales que allí tenemos, no sirven para entender un mundo en el que las realidades son tan diferentes de base, que la transposición de razonamientos lleva siempre a un callejón de salida. Allí las cosas tienen otros tonos, otros colores. Las concepciones son diferentes, para hacernos una idea: allí no hay nada peor que que un ser humano sea explotado. Aquí peor que ser explotado sólo hay una cosa: no serlo. Escrito por Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) a las 14:10 pm Ver/Hacer comentario (3)
Comentarios:
Comentario de: Fernando [Visitante]
Siento que mi comentario te hiciese daño. Créeme, mi intención está en las antípodas.
Entiendo que yo pueda 'filtrar' Angola desde mi 'cultura occidental', al igual que tú, a pesar de la empatía que transmites. Pero yo hablaba de luz entre sombras...de esperanza... porque al final, tu mujer, regresa a la ciénaga. Un cordial saludo.
Comentario de: Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) [Usuario]
No me hizo daño Fernando! es una forma de decir que me impactó. Por supuesto que yo filtro todo desde mi cultura occidental, no lo pongo en duda, lo que si te digo es que, dentro de mi punto de vista occidentalizado también, todas las cuestiones se relativizan por fuerza cuando tu realidad diaria cambia tan radicalmente. Lo que hago, de alguna manera, es, observando lo que me rodea, intentar pensar un poco más como ellos lo hacen.
Te agradezco muchísimo este tipo de comentarios. Son los que de verdad ayudan a mejorar los artículos. Un fuerte abrazo!
Comentario de: Miguel Duran de Bernardo [Visitante]
Es increible saber que de algo bueno ha salido algo mejor Borja y me alegro de saber que andas bien y que estas haciendo algo importante. Siempre pense que llegarias lejos, pero hasta Angola ... Lo cierto es que me alegro, y me gusta lo que escribes si señor, El tercer mundo es algo que no deberia existir, pero ya que existe me alegro que seas tu quien nos lo narre a los que estamos aqui.
Un Fuerte abrazo Señor Monreal de tu amigo y ex-entrenador del Sporting Mike. Espero saber de ti pronto y cuidate! Hacer comentario:
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