Domingo, 22/02/2009 Cuando el límite tiende a infinito Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) Cuando la vida se complica es fácil volverse. Es fácil decir adiós y dejar atrás todas las dificultades, allí donde sólo se mantengan en el recuerdo, allí donde el recuerdo las haga desaparecer y las haga renacer como meras anécdotas. El día a día en Luanda te da dos mil razones para volverte y sólo una para quedarte. Luanda te pone a prueba hasta que llegas al límite de tus fuerzas y entonces, cuando ve que ya no puedes más, cuando ve que respiras con dificultad y que te cuesta sacar la cabeza del agua y tomar una bocanada de aire sucio, contrariamente a la lógica más básica, te hace una nueva aguadilla y te obliga a tragar aún más agua. Y con eso te demuestra que ese no era el límite, que el límite está mucho más lejos todavía. Y entonces encuentras un nuevo límite que crees el definitivo, el que ya supera con creces todas las reglas de la paciencia, y Luanda, con el paternalismo característico de esta ciudad sombría, vuelve a agarrar con delicadeza tu cabeza y a sumergirla otra vez en una piscina de mierda. Y al llegar al decimonoveno límite el veinteavo parece difícilmente ser el último. Y desde allí miras atrás y el límite original, el que situaste como tu límite cuando vivías en la plácida comodidad madrileña, queda ya tan lejos que ni siquiera lo reconoces como propio: te parece hoy una niñería. Y al verlo desde la distancia te viene a la mente la brillantez de aquel poema de Kipling: If you can force your heart and nerve and sinew/ To serve your turn long after they are gone,/ And so hold on when there is nothing in you/ Except the Will which says to them: "Hold on!" (Si puedes forzar tu corazón y tus nervios / para aguantar después de que ellos se hayan ido / y así mantenerte cuando no queda nada contigo / excepto la Voluntad que te dice: continua). Y al recordarlo con una sonrisa irónica en los labios miro a Luanda a los ojos, inyectados en sangre por el humo y la humedad de esta ciudad perdida, y le mantengo la mirada hasta que la retira asustada. Entonces cierro los ojos y me doy cuenta de porqué estoy aquí: Luanda me hace más fuerte. Luanda me enseña lo que antes no veía. Luanda me ha dado la oportunidad de salir de la burbuja, quedarme es lo menos que puedo hacer para pagárselo. Escrito por Borja MONREAL (LUANDA, ANGOLA) a las 21:30 pm Hacer comentario
|
Archivos
Buscar Categorías del blog RSS |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|