David Simon, el genio de la televisión que nunca tuvo audiencia

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Es verdad, no es fácil engancharse a The Wire. La situación suele producirse más o menos de la siguiente manera: una persona te cuenta que The Wire es una de las mejores series que ha visto en su vida, que tienes que verla a toda costa y que, a pesar de todo, te costará devorarla hasta por lo menos el séptimo capítulo. Con fe devota, uno comienza con el primer episodio, deslavazado y confuso, en el que una multitud de personajes, unos negros y otros blancos, desfilan por el escenario decadente de Baltimore.

Con suerte, en el primer capítulo uno puede quedarse con los nombres del detective Jimmy McNulty o del traficante de bajo nivel D’Angelo Barksdale. Pero poco más. Y si uno está de que sí, y tiene un buen día y no tiene que trabajar a la mañana siguiente, puede que consiga un hueco para verse los dos o tres primeros episodios de la serie. Y entonces, y puede que sólo entonces, el espectador se encuentre de repente ante la mejor serie emitida en televisión hasta la fecha.

¿Es justo decir que el arranque de The Wire es seguramente lo peor de la serie? Podría ser. Pero, ¿cuántas veces hemos escuchado aquello de que para engancharse a una gran novela es preciso leer unas cuantas páginas del principio para conseguir sumergirse en la historia? Con The Wire sucede lo mismo. En este caso, su creador David Simon escribió la Gran Novela Americana, pero para la televisión.

Por aquella época, en 2002, los episodios piloto solían estructurarse -también sucede ahora- en torno a uno o dos personajes centrales, sobre los que pivotaba la acción y por los que, en 60 minutos, debías sentir curiosidad, intriga, miedo, odio o interés. Así ocurre en ficciones como Los Soprano, Mad Men, Breaking Bad, Prison Break y un sin fin de series televisivas.

Pero, ¿qué pasa si la narración no tiene un personaje principal? ¿Qué sucede si una serie tiene múltiples protagonistas y sólo se acerca a ellos cuando en su vida pasa algo interesante? Sobre este planteamiento asentó los cimientos de su narrativa David Simon, el director y guionista que empezó su carrera laboral como periodista en el Baltimore Sun y que más tarde se pasó a la televisión tras escribir el libro ‘Homicide: A Year on the Killing Streets‘, cuya adaptación para la televisión le reportó la posibilidad de escribir su propia serie televisiva. Así llegó The Corner, una miniserie de seis capítulos que supuso el germen para The Wire, su obra cumbre. 

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Desde entoces, David Simon es una de las figuras más importantes de la narración contemporánea.

En una entrevista para El Mundo, el año pasado, el guionista y director estadounidense adjetivó de la siguiente manera su interesante método para el relato: “Las historias no tienen por qué ser blancas o negras y no todo se soluciona eligiendo o señalando al tipo correcto y dándole poder. Hay cosas sistémicas, como por ejemplo cómo funcionan las instituciones, pero se puede mostrar si estableces el contexto apropiado. Si no alcanzas ese contexto, llegas a soluciones estúpidas. Una vez que creas un gran héroe o un antihéroe, o incluso un villano, tienes una muleta muy firme para la narración. Resuelve muchos de tus problemas, y deja muy claro a cualquiera que se conecte acerca de qué va la serie. Por otra parte, narrar una historia sobre un periodo en un lugar concreto ofrece la oportunidad de contar algo más grande que el bien o el mal que haya en un solo personaje. Grabar sobre una comunidad requiere más trabajo y te vuelves más vulnerable, porque mucha gente no se va a enganchar. Pero, ¿cómo si no contar la historia de la Nueva Orleans post Katrina o del Baltimore post industrial?”.

De su ingenio nació en 2002 la serie The Wire, una historia en la que la vida de decenas de personajes alumbraba el día a día de narcotraficantes, drogadictos, policías, alcaldes, políticos, maestros, sindicalistas o periodistas cuyas decisiones daban forma a la comunidad de Baltimore. Cinco temporadas grandiosas que permanecerán por siempre en el Olimpo de la cultura de nuestro siglo.

Aun así, el camino de David Simon hasta el altar no ha sido sencillo. Hoy, en 2015, uno puede hacerse el interesante afirmando que The Wire es su serie favorita de todos los tiempos. Pero, en los años de su emisión, la serie obtuvo pobres números de audiencia a lo largo de sus siete años. Y en España, su seguimiento siempre fue nulo. Esa ha sido su condena: las series de David Simon nunca han encontrado el calor del gran público, aunque sí de la crítica especializada.

¿Cómo entonces se lanzó la HBO a producir una serie que, a todas luces, reportaría unos niveles tan bajos de audiencia? Porque su producción podría contribuir -y terminó haciéndolo, de la misma forma que Los Soprano-, a revalorizar la ‘marca HBO’. David Simon lo explicaba así hace dos años en una entrevista para Onda Cero: “Hay gente que vino a HBO por Los Soprano, otros por Deadwood, gente por The Wire… Tan pronto consigamos seguir manteniendo gente en el negocio, el modelo funcionará. Nosotros no tenemos que mantener a todo el mundo, sería bonito si pudiésemos, pero sabemos que no podemos. Así que vamos a contar la historia que queremos contar, vamos a añadir valor a la marca. Este es un nuevo modelo, una revolución en la televisión de mi país, porque la historia no tiene que ser lo menos importante. Puede ser algo. Y por eso puedes contar una historia un poco deprimente, u oscura, o políticamente cabreante, una historia para adultos”.

Y así nació The Wire, una serie emanada en mitad de la revolución de internet que no encontró su público pero que, sin embargo, se vendió extraordinariamente bien en DVD. “Cuando se estaba emitiendo la serie –rememora David Simon– éramos muy bien ignorados, no por la crítica, la crítica ponía atención, pero no podíamos encontrar nuestra audiencia. Mientras, en internet, la serie estaba siendo un boca a boca y con el tiempo los DVDs se vendían muy bien a lo largo del mundo. Tengo que decir que nosotros no anticipamos eso, porque cuando empezamos a hacer la serie las cajas de DVDs no se vendían en la tienda de HBO, la cadena empezó a hacerlo con Los Soprano. El éxito de The Wire en DVD, o en descargas legales a través de HBO, ha sido una sorpresa para todos. Yo creía que habíamos hecho una serie que la HBO no podía vender”.

Tras la emisión el 9 de marzo de 2008 del último capítulo de The Wire, el nombre de David Simon ya había recibido suficientes alabanzas de los críticos televisivos. Así que, a pesar de que nunca llevaría a la HBO grandes cifras de audiencia como Juego de Tronos, los directivos de la cadena decidieron darle carta blanca para su próxima creación. “Gracias a ella”, reconocía David Simon, “fui capaz de hacer Generation Kill y Treme. The Wire tuvo una cola lo suficientemente larga como para que yo le dijera a la HBO dame más dinero y déjame hacer más cosas“.

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Aprovechando el tirón de The Wire, en 2008 vio la luz Generation Kill, “en un tiempo en el que al menos los americanos estaban muy muy cansados de las noticias de Irak”, como reconoce Simon. Compuesta por siete episodios, la miniserie relata la esquizofrenia y el sinsentido de la guerra de Irak, de una forma tan cruda que el polvo del desierto se te mete en los ojos. El resultado final fue un producto menos ambicioso que The Wire, pero igualmente efectivo. “Generation Kill fue lanzada en una época en la que los americanos estaban tocados emocionalmente, y esto ocurre por el hecho de que acudió principalmente el cuerpo de voluntarios: involucraba a los hijos de muchos y muchos de ellos no conocían a nadie del ejército. Fue una guerra ciertamente esquizofrénica”, cuenta Simon.

Tras dos años de silencio, la HBO anunció para 2010 el nuevo proyecto de David Simon: Treme, una serie sobre Nueva Orleans y sus músicos, a los que el huracán Katrina estuvo a punto de borrar del mapa.

Acogida de nuevo con entusiasmo por los seguidores de Simon -y sólo por ellos-, Treme se estrenó con malos datos de audiencia, y así siguió hasta su último capítulo. En una maravillosa entrevista a El País, David Simon explicaba el milagro de haber ‘dado a luz’ a una serie como Treme, tan delicada y falta de artificio como una melodía de jazz: “El gran problema de Treme es cómo coño vendes esa serie. En serio, es muy jodido tratar de vender algo donde no hay sexo, ni violencia planificada, ni nos dedicamos a volar mierda por los aires. En cierto modo tiene que ver con la cadencia del jazz: es una música maravillosa aunque pocos músicos pueden vivir de ello y es un género desconocido para la mayoría del público. Yo he podido grabar Treme porque antes hice The Wire. Y solo por eso. Así que, en cierto modo, ya me doy por satisfecho”.

Con Treme regresó el mejor David Simon, el más sensible y humano de los narradores televisivos. Un auténtico humanista cuyo relato miró la vida desde el optimismo que, a pesar de la tragedia que asoló Nueva Orleans después del Katrina, llevó a la gente a luchar por salir adelante, reconstruir sus casas, conservar sus tradiciones, preservar su música y tratar de morir con dignidad.

David Simon, que tiene una casa en Nueva Orleans, dice que a través de sus historias simplemente intenta contar lo que ve a diario en una comunidad. “The Wire iba sobre cómo el poder y el dinero se relacionan con una ciudad. Treme trata sobre la cultura. Cuando ya no se recuerde a EEUU por nuestra ideología, alguien entrará en un bar en Katmandú y podrá oír a Michael Jackson, a John Coltrane o a Otis Redding. El origen de eso son los músicos que empezaron aquí con Louis Armstrong. Esa es nuestra exportación al mundo. Y ese legado peligró con el Katrina. No la música, pero sí su punto de origen. Treme, el barrio más europeo, latino y tercermundista de EEUU, pudo haber desaparecido”.

¿Cómo entonces consigue un director captar la humanidad que le rodea de una forma veraz? Entre otras muchas cosas, mediante la planificación de los planos y los movimientos de cámara, como contó en una entrevista para Caimán Ediciones. “No quiero que la cámara sea estúpida, pero tampoco que sepa más de lo que debería saber. Estamos pidiendo al espectador que siga una historia complicada, y no es justo que guardes información o reveles pistas para alimentar un misterio. Si la cámara resuelve la trama porque falta información textual, estás traicionando al espectador. No me gusta que la cámara sea omnisciente”.

Desde ese punto, el relato permite al director construir una “trampa” a través de la cual pueda contar su verdad de los hechos. “Es ficción y sé que hago trampa. Tu responsabilidad como periodista es informarte y añadir puntos de vista. En ficción no hay otro punto de vista. La gente me dice “¡The Wire es superreal!”. Es un retrato de la América de hoy, pero es mi retrato. A lo sumo, se podría considerar un editorial”, dijo Simon, para añadir después: El motivo por el que uno cuenta algo sin inventar chorradas es dotarlo de profundidad, pero sigue siendo ficción. Hay una gran frase de Picasso, y no me estoy comparando con él, que dice: El arte es la mentira que nos ayuda a ver la verdad. El periodismo puede contar la verdad, y cuando elige hacerlo es muy poderoso. El arte a veces tiene que mentir para poder contar la verdad con la intensidad necesaria para hacernos sentir algo respecto a esa verdad”.

David Simon

El 6 de abril de 2014, la HBO emitió el último capítulo de Treme, un precioso relato de cuatro temporadas que cerró un nueva etapa en la currículo de David Simon. ¿Qué será lo próximo? A finales de este año estrenará Show Me A Hero, una serie escrita por él mismo, protagonizada por Oscar Isaac y dirigida por Paul Haggis (Crash) en la que se contará la historia de Nicholas Wasicsko, el alcalde de la ciudad estadounidense de Yonkers que, con tan sólo 28 años, ganó las elecciones tras oponerse a una sentencia de 1985 por la que la ciudad debía construir 200 viviendas sociales por toda la ciudad, incluidos los barrios blancos.

Un relato muy del gusto de Simon, quien sin embargo habría preferido producir dos series que no recibieron el visto bueno de la HBO: una serie sobre la historia de la CIA  y otra sobre la prostitución en Times Square en los 70 y 80.

Llegados a este punto, el director reconoce que no tiene muchas esperanzas en que el estreno de Show Me A Hero resulte un éxito de audiencia. “Nadie vio The Wire cuando estaba en antena. Tampoco The Corner Y nunca pensé que Generation Kill tendría audiencia. ¿Haces una pieza sobre las desventuras americanas en Irak cuando la gente aún recuerda Fallujah? Luego lanzamos Treme, una serie sobre cultura y músicos… Buena suerte. Y, hum, no creo que nadie vaya a ver esto”.

 

Bonus Track:

1. El pasado mes de marzo, la Casa Blanca publicó un vídeo en el que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, entrevistaba a David Simon (en inglés).

 

En Twitter: @sanchez_josemi
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2 respuestas a David Simon, el genio de la televisión que nunca tuvo audiencia

  1. F.A. dijo:

    Extraordinario análisis de la figura de David Simon…confieso que con “The Wire” lo he intentado en infinidad de ocasiones, pero nunca he pasado del tercer capítulo…en cambio “Treme” en seguida me atrapó…ahora a la espera de “Show me a hero”

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