‘House of Cards’ y la soledad

(Este post contiene spoilers de la tercera temporada de House of Cards)

House of Cards, el gran estandarte de Netflix, regresó el pasado 28 de febrero con la emisión (mejor dicho, distribución) en bloque de la tercera temporada. La serie de Kevin Spacey, en la que interpreta al político Frank Underwood, es en estos momentos uno de los pesos pesados de la televisión, una de las historias que más pasiones despierta en todo el mundo.

Tras 13 capítulos, House of Cards ha cerrado este mes una tercera temporada en la que el foco narrativo se ha desplazado, casi de forma definitiva, hacia la relación entre Frank y Claire Underwood, instalados ya en la Casa Blanca, el lugar más alto de la colina.

Beau Willimon, creador de la serie, explicaba así sus intenciones en esta tercera temporada. “En las primeras dos temporadas dedicamos mucho tiempo al esfuerzo político de Frank y Claire. En lo que realmente queríamos centrarnos en esta temporada -porque ahora están en lo alto de la montaña y no hay un lugar más alto al que ascender- era en cómo se sentían los personajes al respecto. El estrés al que son sometidos ellos mismos y su matrimonio nos ha ayudado a descubrir nuevas capas a las que no habíamos tenido acceso antes. Creo que si Frank no hubiera sido puesto contra las cuerdas en la tercera temporada habría sido falso. Desde donde estábamos, si no hubiéramos intentado eso, nos habríamos acomodado en la rutina y no nos habríamos desafiado a nosotros mismos o a la audiencia”.

¿Ha sido esta la mejor temporada de House of Cards? Para muchos, no. Pero ha sido una buena temporada, con 13 interesantes capítulos en los que la serie ha conservado intacta, a pesar de los cambios, su habilidad para presentar los claroscuros, la ironía, el cinismo, la ambigüedad y la soledad del poder. Pocas series contienen tantos sinsabores y, a la vez, tantas cosas interesantes, lo que no impide que Frank Underwood supere en popularidad al mismísimo Barack Obama.

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¿Conocen a alguien que no pueda vivir sin su trabajo y que, al llegar a casa, se siente a solas frente al televisor? Seguro que sí. En House of Cards tienen un buen puñado de ejemplos. No hace falta ser presidente, primera dama, asesor, jefe de gabinete o líder de la oposición. El objetivo de esta tercera temporada era precisamente eso: mostrar el barranco al que empuja la soledad. Todos los personajes de esta temporada, en mayor o menor medida, luchan contra su propia soledad o tratan de vivir con ella -o a pesar de ella-. Vayamos por partes.

Frank Underwood. Nunca Kevin Spacey había interpretado a un personaje tan interesante como el de este político. Sentado por fin en el Despacho Oval, su gran objetivo será la aprobación del plan America Works, para cuya firma tendrá que luchar con el Congreso -donde le esperan hambrientos los republicanos-, su propio partido demócrata y sus compañeros de gabinete, quienes no desean su reelección.

Después de dos primeras temporadas en las que Frank Underwood había luchado por todos los medios por llegar a la Casa Blanca -¡te echamos de menos, Zoe Barnes!-, Frank se convirtió en presidente de los Estados Unidos tras el escándalo del expresidente Walker. De esta forma, Underwood comenzó a liderar una nación en la que ya no le serían tan útiles la coacción y la amenaza, sino que tendría que llegar a acuerdos. Pero, ¿puede una persona como Underwood despertar empatía entre sus compañeros y aglutinar las fuerzas de su partido en torno a su figura? Parece imposible.

De esta forma, la soledad llevará al presidente no-electo a gobernar el país con mano de hierro y forzar situaciones tan extremas como la retirada de fondos del FEMA para su proyecto con America Works. Mientras su popularidad cae en picado, su matrimonio se deshace: Claire quiere pasar a la acción y tomar sus propias decisiones, pero fracasa como embajadora de la ONU y su política exterior es un desastre. Solamente el escritor Thomas Yates entiende cómo se siente, lo que les lleva a una ambigua atracción (“Es un hombre con un gran apetito -cuenta Beau Willimon sobre Frank Underwood- que no se permite que lo clasifiquen en un ambiente o en una definición. No tiene que ver con un género o con una preferencia, tiene que ver con la confianza. Hay muy pocas personas en su mundo en las que pueda confiar”). Una de ellas era Claire. Pero puede que esa confianza se haya terminado. Como describe el escritor Thomas Yates (Paul Sparks), ahora “su legado es su único hijo”.

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Claire Underwood. Siempre a la sombra de su marido, la conquista del Despacho Oval ha despertado en Claire Underwood (Robin Wright) ambiciones inesperadas que la han situado, más que nunca, a la sombra de su marido. Conquistada ya la cima de la montaña, la mujer del presidente se pregunta ahora qué sentido tiene conservar los lazos que unen su matrimonio, toda vez que la figura de Frank deja en la sombra su libertad para decidir. Primero intenta hacer su camino como embajadora de los EEUU en la ONU, pero la muerte en una celda rusa de un prisionero estadounidense la pondrá en evidencia. Tras su revelación en el último capítulo de la tercera temporada, la primera dama se marcha de la Casa Blanca dejando una pregunta en el aire. ¿Puede el matrimonio Underwood subsistir el uno sin el otro? ¿Aspirará Claire a presidir la Casa Blanca?

Doug Stamper. Lo golpearon con una piedra y lo dejaron desangrarse en el bosque. Después de una larga recuperación, el jefe de gabinete de Frank Underwood no sabe vivir sin su trabajo. Encerrado en su casa, vacía y sin recuerdos, Doug Stamper descubre el amor de su hermano y el de sus sobrinos. Pero echará de menos el amor de Underwood. Obsesionado por encontrar a Rachel Posner (Rachel Brosnahan), su búsqueda se convertirá en su motor. Y su tumba, en su salvación para huir de la soledad de su casa. Esta ha sido la temporada de Doug.

Jackie Sharp. La política Jackie Sharp (Molly Parker) dio por terminada su relación con Remy Danton y ahora sólo busca la forma de alcanzar el puesto más alto en la Casa Blanca. Su trabajo, antes sobre el terreno y ahora en los despachos, se ha convertido en una fuente de frustraciones: nunca será capaz de ocupar el sillón de la Casa Blanca, lo que la convertirá en una persona insatisfecha. Ni sus ambiciones políticas se ven consumadas ni su vida familiar, después de un matrimonio y de engañarse a sí misma, es la que deseaba. Sin Remy Danton, se encuentra sola.

Remy Danton. Mano derecha de Frank Underwood, Remy Danton (Mahershala Ali) sabe qué es lo que le hace feliz. A pesar de trabajar para el presidente, y de buscar la manera en que su trayectoria política no se detenga, luchará por no inmiscuirse en la vida de Jackie Sharp, su gran amor. Pero una escena con la policía, en la que es detenido por exceder el límite de velocidad, le dejará expuesto ante la soledad de no tener a nadie a quien contárselo. Los dos, Jackie y Remy, acabarán besándose en una habitación por culpa del miedo a estar solos.

Thomas Yates. Él (Paul Sparks) y Kate Baldwin (Kim Dickens) han sido las dos grandes novedades de esta tercera temporada. El primero, como escritor del libro sobre America Works. La segunda -a quien recordamos con cariño por Deadwood y Treme-, como la punzante periodista del Wall Street Telegraph. Ambos, lobos solitarios de las letras, se buscarán mutuamente para compartir su soledad y acercarse, desde diferentes ángulos, a la figura del presidente.

Viktor Petrov. La tercera temporada tenía que mostrar algunos elementos de la política exterior de los Estados Unidos y la elección de los guionistas no fue otra que la de situar en el centro de la historia al presidente de Rusia, Viktor Petrov (Lars Mikkelsen), con el que algunos ven ciertas similitudes entre él y Vladimir Putin. En esta relación de países, que gobierna el mundo en la actualidad junto a China, la serie ha querido representar una suerte de ‘Guerra Fría‘, en la que la amenaza global hace ponerse de rodillas al mismísimo Tío Sam. Imperdibles aquellas escenas con las Pussy Riot, el numerito del puro en el sótano de la Casa Blanca y el ‘momento Madelman’ en el Valle del Jordán.

En resumen, esta tercera temporada de House of Cards ha sabido realizar un buen aterrizaje después de precipitar la llegada del matrimonio Underwood a la Casa Blanca en la segunda temporada. Y ha quedado claro que la historia central, la que hace girar a toda la serie, es la de ese matrimonio que duerme en habitaciones separadas, no tiene relaciones sexuales y sonríe de forma postiza antes de salir al escenario. ¿Es realmente así la vida política? ¿Es todo esto cierto o House of Cards es un pelín exagerada? Puede ser, aunque Bill Clinton cree que “el 99%” de las tramas corruptas de la serie son reales…

 

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