¿Hacia dónde irá Juego de Tronos?

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Spoilers de la sexta temporada

Ha sido difícil permanecer ajeno al final de Juego de Tronos. Ninguna serie en el mundo despierta tanto interés como la ficción de HBO, un auténtico fenómeno mundial que agita redes y conversaciones entre compañeros de trabajo. He pasado de puntillas por Twitter y Facebook con el objetivo de llegar ‘virgen’ al último capítulo de la sexta temporada. ¿Posiblemente uno de los mejores de la serie en toda su historia?

Han pasado seis años desde que se emitió el primer capítulo de la primera temporada. Desde entonces, la serie se ha pasado a cuchillo a sus principales protagonistas, sin miramientos, dejándonos un tablero final que se prevé más apasionante que nunca.

Vayamos por partes. Empezamos por Desembarco del Rey, donde el ‘atentado’ con fuego valyrio de Cersei he eliminado de un plumazo al Gorrión y sus secuaces del Septón Supremo, así como a Margaery, Loras, Mace, Kevan y Lancel. Todo para conseguir una revancha que Cersei ha cocido a fuego lento, resguardándose primero detrás de la Montaña y protegiendo después a su hijo de las atrocidades que estaban por venir. A través de un inicio sensacional guiado por un piano y un contrabajo maravillosos, la serie deslizó un desenlace perfecto que terminó con el suicidio de Tommen, ejecutado de una forma poco común en Juego de Tronos: en segundo plano, de espaldas y en silencio. Pero ni siquiera eso perturbó el rostro de Cersei, a la que sólo la tortura de quien le hizo daño le sacó una expresión de felicidad en la cara. No lo hizo la conquista del trono de hierro, que ha llegado a ella de forma natural tras perder a su padre, madre y tres hijos: los enemigos debían ser ejecutados y la paz, restaurada.

Repuesto el poder de los Lannister –Tommen nunca llegó a gobernar, y sus decisiones nunca tuvieron influencia en el mapa territorial de Juego de Tronos-,  Desembarco del Rey se prepara ahora para hacer frente a los enemigos que están por venir. Y esos no son otros que Daenerys Targaryen, Jon Snow y el Rey de la Noche.

Empezamos con la Reina de los Ándalos y los primeros hombres, Khaleesi del gran mar de hierba, Rompedora de Cadenas y Madre de Dragones, que ha instaurado de forma definitiva la paz en Meereen a lomos de sus dragones y que ahora tiene a su mando una gran flota con la que reclamar su derecho al trono. A su lado tiene también dos de las piezas más interesantes, Tyrion Lannister, mano del rey tras una escena enternecedora entre ambos; y Varys, que resultará fundamental en el futuro tras pactar una alianza con Dorne y la poderosa Olenna Tyrell, que clamará venganza tras el asesinato de su hija Margaery. ¡Por fin Dorne tendrá algún interés!

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Definido este frente, y con la suma de los hermanos Yara y Theon Greyjoy de las Islas del Hierro, nos vamos hasta Invernalia para encontrarnos con el renacido Jon Snow. Un personaje fundamental para la serie al que no hacía falta matar, y mucho menos resucitar. ¿Qué línea roja traspasó Juego de Tronos con esta decisión? La más importante de todas: la muerte. Si un elemento había definido a la serie durante todos estos años era la capacidad para eliminar a sus principales protagonistas, sin miramientos. Esto había dotado a la muerte de una carga dramática que no tendrá a partir de ahora, ya que no resultará inevitable -por lo menos sí poco probable, tras el destierro de Melisandre-.

Dicho esto, la sexta temporada nos ha dejado por fin la muerte del asqueroso Ramsay, un personaje detestable con el que la serie había sido indulgente pero al que le llegó su hora en el noveno capítulo. Un sensacional episodio -como viene siendo costumbre- que reinstauró el apellido Stark en Invernalia en una batalla épica con detalles únicos: el cruento juego de la flecha, el montón humano de cuerpos sin vida y la entrada in extremis de los estandartes azules con águilas blancas. En este punto, la decisiva actuación unilateral de Sansa introdujo en el tablero un dilema muy interesante: ¿quién es el legítimo sucesor en el trono? ¿Están Sansa y Jon Snow lo suficientemente unidos? Seguro que Meñique tiene mucho que decir en todo esto. De momento, nos quedamos con la imponente presencia de la pequeña Lady Mormont, un personaje que la serie debería explotar más tras el triste adiós de Hodor -sin duda, el mejor momento de toda la temporada-. Qué triste fue verse despedir al gigantón de una única palabra, al que su vida le fue sacrificada por una causa mayor. Ahora, Bran es el nuevo Cuervo de Tres Ojos, lo que le permite viajar al pasado y alterarlo. En su último viaje, la serie abrió el turno de preguntas sobre la discutida paternidad de Jon Snow. Ahora ya sabemos que su madre es Lyanna Stark, la hermana de Ned Stark. Por lo tanto, corre por sus venas sangre Stark, lo único que ha importado para proclamarle nuevo rey de Invernalia. Pero, ¿quién es su padre? ¿Podría correr por su venas también sangre Targaryen? ¿Podría ser el sobrino de Daenerys Targaryen? ¿Qué posibilidades tiene esto para el futuro? ¿Acabarán casándose Jon Snow y Daenerys Targaryen, que ha renunciado al amor con el objetivo de forjar una alianza matrimonial en el futuro? Veremos. Aquí tenéis una teoría sobre todo esto.

De momento, hemos dejado a Bran a las puertas del Muro, que parece estar protegido contra la magia y, parece ser,también contra el Rey de la Noche. Un horda de zombies que llegará tarde o temprano tras la venida del invierno más frío en 1.000 años. Winter is here.

Lo que no sabemos es qué sucederá primero: si la guerra Norte-Madre de Dragones contra Desembarco del Rey o la entrada en tromba del ejército de los muertos. Y si Arya llegará a tiempo de unirse a la fiesta tras demostrar que ha llegado a ser más despiadada que nadie: no sólo mata, sino que disfruta con la confección de un pastel macabro.

Tampoco sabemos qué papel jugarán Bran, El Perro, Samwell Tarly o Brienne of Tarth en todo esto. Por eso esperaremos la séptima temporada con absoluta devoción: promete emociones fuertes que los aficionados a la serie estábamos esperando desde hacía años. Veremos. De momento, ya está confirmado que Juego de Tronos tendrá, por lo menos, dos temporadas más, posiblemente más breves.

 

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¡La política puede ser interesante!

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¡Ojo! Queda un mes de campaña electoral y decir que la política puede ser interesante puede condenarte al ostracismo. Pero sí, oye, la política puede ser interesante. Puede serlo si se cuenta desde dentro, en lo que pasa en la sombra, desde las conversaciones a puerta cerrada, en los despachos, en las amenazas y en las primarias de los partidos, en esas personas que aparecen y desaparecen de la primera línea.

Esa lucha maquiavélica por el poder, que tanto ha atraído siempre a los políticos, mueve la trama de una las series más celebradas de nuestro tiempo: ‘House Of Cards‘. En esta cuarta temporada (ojo, spoilers a partir de aquí), hemos podido ver la lucha de Frank Underwood por aferrarse al poder, la disputa matrimonial con su mujer Claire Underwood, la pugna política entre ambos y la pelea por dejar en la sombra las sucias artimañas que le han llevado al poder.

Qué placentero y desagradable es ver esta serie. De una tacada, uno se devora los 13 capítulos de la cuarta temporada sin pestañear. Cuando parecía que ya todo estaba contado (y es verdad que el relato se ha estirado hasta el límite), los guionistas nos han conseguido entretener con el amarillismo de la crisis matrimonial de los Underwood, tan despiadados que son capaces de quererse el uno al otro por puro egoísmo.

Qué duda cabe que los momentos más interesantes de esta cuarta temporada se han alojado en las conversaciones no verbales entre Frank y Claire, pero también ha sido un verdadero acierto introducir el elemento inesperado de las elecciones, la propuesta para la vicepresidencia de ella, la entrada en escena del candidato republicano Will Conway y el disparo contra el presidente. Todos ellos aciertos. Y como desengrasante, el regreso del escritor Thomas Yates, necesario para verbalizar los sentimientos de dos personajes inexpresivos que habrían enfriado la trama con sus silencios.

Una cuarta temporada en la que seguimos observando la implacable mano firme de Frank Underwood y el amanecer de un elemento que promete dar mucho juego en la quinta temporada: la guerra (esto nos suena de algo). El miedo utilizado como arma política.

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¿Qué ha fallado? Para mi gusto, la investigación periodística. Es verdad que a House of Cards le habría sido imposible desarrollar una trama tan compleja como Spotlight, pero es cierto también que la investigación ha corrido demasiado. Cuando en un principio pensábamos que todo se cocería a fuego lento (como también en The Wire), y que el periodista Tom Hammerschmidt uniría las pruebas para demostrar el asesinato de Zoe Barnes, la información final solo refleja una parte de lo que Underwood había cometido. Algo que resulta precipitado para la trama y que podría haberse desarrollado mejor a lo largo de la quinta temporada: un bonito final con Underwood sentado en el banquillo de los acusados, al más puro estilo Nixon, y que habría escrito la primera línea de una sinfonía a la que no le vendría mal ir entonando sus últimas notas.

Si House of Cards consigue terminar pronto, y no estirar más de lo necesario las crisis matrimoniales de los Underwood, podríamos ver el final de una serie que se ha manejado como nadie en las intrigas políticas, la tensión y el desconcierto, y que ha sabido huir con acierto del realismo y la verosimilitud.

En definitiva, una serie que vendrá muy bien para este mes en el que escucharemos muchas promesas, mucho juego político y mucha estrategia. Pero en la que debajo habrá, como sabemos, muchas intenciones ocultas.

 

PD: 

1. La escena de la mano en la pared entre Meechum y Frank nos encogió a todos, sobre todo tras la muerte del primero. Sensacional detalle de esta cuarta temporada.

2. Hace muy bien la serie en introducir continuamente referencias a la actualidad: los vídeos del candidato republicano, las declaraciones estratégicas, las conversaciones por Whatsapp, los análisis de la CNN, lo que se dice y lo que no desde los gabinetes de comunicación…

3. La idea de una pareja abierta, en la que cada cual se relaciona con quien desea, ha sobrevolado la serie desde el principio. Pero seguramente nos habrá sorprendido más en esta cuarta temporada, en la que ha jugado un papel fundamental para la supervivencia de la relación. También ha funcionado como pegamento político: ninguno está ahí por amor, sino por interés y espíritu de equipo.

 

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Miniseries (III): Wolf Hall, la serie sobre Enrique VIII que deslumbró en 2015

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Estaba esperando en la nevera sin meter mucho ruido, pero le ha llegado su momento. Es la hora de hablar de Wolf Hall, aquella maravilla de la BCC (Two) que se alzó con el Globo Oro a mejor miniserie en 2015. Una auténtica obra de orfebrería basada en la novela de Hillary Mantel (titulada en España como En la corte del lobo). Según los expertos, una obra literaria muy recomendable.

¿De qué trata esta miniserie? Tranquilos. No se trata de otra serie sobre intrigas palaciegas, desamores, asesinatos y localizaciones interiores. Aunque también. En este caso, Wolf Hall explica la historia del intempestivo e histriónico rey Enrique VIII en la Inglaterra,  pero contada a través del novedoso punto de vista de su mano derecha: Thomas Cromwell.

Si en Los Tudor pudimos comprender la historia de la dinastía (aunque esto también se cuenta en Wolf Wall –el divorcio de Enrique de Catalina de Aragón, su ruptura con la Iglesia católica, su relación con Ana Bolena…-), en esta serie observamos la relevancia de las personas que se encuentran tras el telón del escenario principal.

Thomas Cromwell, interpretado por el maravilloso Mark Rylance, es un humilde hijo de un herrero convertido en abogado al que su pericia y habilidad política le llevan, primero, a ser mano derecha del cardenal Thomas Wolsey y, posteriormente, a ser consejero real de los asuntos parlamentarios. Todo un poder en la sombra.

Marcado por la muerte de su mujer y sus hijas, el actor Mark Rylance despliega lo que mejor sabe hacer: el gesto contenido, la mirada inerte y la locuacidad del gesto mínimo. Un personaje muy parecido al que interpretó en El puente de los espías y que le valió una nominación al Oscar. 2015 fue su año.

¿Y quién interpreta a Enrique VIII? Os preguntaréis… Pues bien, no es otro que Damian Lewis, el famoso pelirrojo de Homeland y que en esta ocasión interpreta al famoso rey inglés. He de reconocer que este actor no me resulta del todo brillante -tiene poca riqueza gestual-, aunque su guion está tan bien escrito que sobresale por encima de la interpretación.

Por lo tanto, Wolf Wall es una serie recomendadísima para todos aquellos amantes de las ficciones medievales o de palacio. Y, también, especialmente interesante para los que, como yo, no somos fans de las ficciones de la época.

En total, son seis capítulos de una hora que se pasan volando y que os harán disfrutar de una de las mejores series del año pasado.

¡A disfrutar!

 

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