DE MAL EN PEOR. POCO A POCO (TRANSFORMERS BIS)

Vengadores_La_era_de_Ultr_n-182285335-largeToda lona, tela, tejido, goma tienen un punto a partir del cual se rajan. Sin remedio. Prueben. Estiren y estiren hasta el ñeeeec, hasta el raaaaaas y lo comprobarán. El cine no es una excepción. Y no me refiero al celuloide mismo –que también-, sino a las sagas. La nueva entrega de Los vengadores alcanza niveles de piel tungsteno. No hablo de su calidad técnica, sino de su guion –permítanme que insista, como Matías Prats: ya saben, el pilar sobre el que se sustenta toda obra narrativa-. Un botón de puño de camisa de muestra: “Thor, me estás empezando a fastidiar”. Sí. Tal cual. “Thor, me estás empezando a fastidiar”. Josh Whedon (uno de los papás de Buffy, cazavampiros) va camino de asesinar la saga al teclado antes de que crezca.

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El despliegue de medios técnicos es realmente espectacular, sí, y algunas de las escenas de acción están filmadas con brillantez, con fuerza, mucha fuerza, pero poco más. Por mucho que Whedon ha tratado de aportar algo de profundidad dramática a este pedazo de universo Marvel, su intento se ha quedado sonrojantemente corto, especialmente en lo tocante al dibujo de los personajes y a los diálogos que les acompañan. Lo que me lleva a sospechar que la franquicia de Los Vengadores lleva camino de convertirse en un bluff tipo Transformers.

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Si lo único que le piden a una película es una orgía de medios, Los Vengadores: La era de Ultrón no les decepcionará. Como no lo ha hecho, al parecer, a medio planeta, que la ha convertido en la tercera película más taquillera de la historia. Si, por el contrario, su criterio es un poco –basta con una miaja- más exigente, es probable que esta entrega les decepcione. Por mucho que Whedon haya tratado de individualizar algo más a cada uno de los personajes, de bucear en su yo, en las supuestas profundidades cavernarias de su psique, buscando esquinas y aristas. Porque lo que acaba quedando es el chiste fácil –y malo-, la frase escrita al revés, la sentencia que te azora nada más ser pronunciada. Una pena que el personaje más interesante de todos, Ultrón, no pase de sombra patética y descafeinada de un H.A.L. 9000 de pacotilla. Quizás con su voz original de James Spader la cosa sea más soportable.

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Como escribía mi buena amiga Angélica –que de estas cosas entiende un rato, como de ilustrar, se lo digo yo- hace unos días en su Facebook: “Vengadores: La era del Tostón. Joss Whedon, al menos, cuando tengas a Robert Dwoney Jr y a Chris Evans partiendo troncos, ten la decencia de abrir el plano y hacer que los siete euros y medio merezcan la pena”. En fin, una película en la que el personaje más interesante sigue siendo el irreverente Tony Stark –aunque a veces la rosca se le da de sí-, en el que se muestra el lado más débil del más fuerte –Hyde y Jeckyll, Banner y Hulk– en sus amoríos con Natassha “La viuda Negra” Romanoff, en el que Thor sigue pareciendo un pegote raro –lo fue desde el principio- y el Capitán América el tío más insufriblemente plano e insulso del planeta. Capítulo aparte merece Ojo de Halcón en sus escenas caseras y mortalmente terrenales, a los que se unen en esta ocasión Scarlet Wich y Quicksilver, que empiezan en un lado de la línea y terminan, por supuesto, en el otro, y Visión, que, al igual que Ultrón –quizás la cosa sea una cuestión de tildes-, rozan el ridículo.

Pero oigan, los efectos están muy, pero que muy bien.

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