CORRE, CORRE, CORRE

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ClickClackClickClack. Jaume Collet-Serra y Liam Neeson van camino de convertirse en uno de esos matrimonios estables tras Sin identidad (2011) y Sin escalas (2014). Visto lo visto, bien podrían haber traducido el título de esta Run all night (Una noche para sobrevivir) por Sin descanso; hubiera quedado más redondo. ClickClackClickClack. Como todas las películas de Collet-Serra –otro de esos talentos expatriados-, Una noche… es una película de factura impecable. Algunos argüirán que se trata de una simple cuestión de presupuesto -50 millones de dólares frente a los irrisorios (y menguantes) 1,3 millones de euros de media de una producción estatal-, y no les digo que no. ClickClackClickClack. Pero la principal diferencia va por otro lado; por hacer una apuesta seria por una forma de narrar. Y por creerse lo que uno está haciendo. A pies juntillas.

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No me entiendan mal: Una noche para sobrevivir no es una obra maestra. Ni mucho menos. Pero sí es una buena película de acción. A ratos y escenas, incluso mejor. ClickClackClickClack. Collet-Serra es uno de esos directores que saben lo que se hacen; que narran con esa cosa tan difícil de calibrar (y de conseguir) llamada ritmo: aceleran cuando deben, pisan el freno cuando la cosa lo exige. Un director eficaz y con cada vez más oficio -su cámara recurre aún a algunos  manierismos innecesarios-, fiel a los que uno intuye que son sus maestros: Lumet, Friedkin, Frankenheimer. ClickClackClickClack.

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La historia, un thriller más de bajos fondos –Queens y la mafia irlandesa-neoyorquina como escenario, más Lumet que nunca-; de padres con demasiados pecados que purgar e hijos que los pagan . ClickClackClickClack. En el fondo, esa historia de redención que buena parte del cine de mamporros y tiros  lleva contando con mayor o menor acierto desde el principio. Una cosa muy yanqui, pensarán ustedes. Muy isabelina, shakespeariana, marlowiana, les contestaré yo. Incluso muy de nuestro Siglo de Oro; sin descuidar, por supuesto, el preceptivo toque de tragedia clásica. Todo a un ritmo endiablado. ClickClackClickClack.

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Quizás la mayor virtud de la película resida, no obstante, en un elenco de actores que, por mucho que estén ceñidos al arquetipo sobre el papel, hacen creíbles, reales, humanos, a los personajes. ClickClackClickClack. MrLiam Neeson lleva camino de convertirse en el Charles Bronson de este siglo; un tipo bruto, duro, oscuro, despiadado e inmisericorde, pero también terriblemente frágil. Y posee el físico –y la voz, el doblaje no le hace justicia- ideal para ello. Le da réplica un fuera de serie, Ed Harris, que saca lo mejor de sí cuanto más cabrón es su rol –uno no puede dejar de recordar al Carl Fogarty de la magnífica Una historia de violencia de Cronenberg-. ClickClackClickClack. Si el resto del reparto lo componen actores de la altura de Vincent D’Onofrio, Bruce McGill o el desacreditado –doblemente, por la propia industria y porque, debido al recorte final del metraje, su aparición no ha merecido ni crédito- Nick Nolte, la cosa, sencillamente, funciona sola.

Por cierto, ese ClickClackClickClack de fondo que han estado escuchando durante todo el texto pertenece a las ruedas del engranaje perfectamente engarzado por el guionista Brad Ingelsby, toda una clase magistral de cómo construir un texto de acción: presentación de personajes medida, unidades aristotélicas de Acción, Tiempo y Lugar de libro, detonante y puntos de giro milimétricamente ajustados, doble clímax, cuenta atrás, breve epílogo… ClickClackClickClack. De manual.

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