RETRATO DESPIADADO

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Hace ya tiempo y películas que Gracia Querejeta no vive –ni tira- de apellido, sino de profesión. Desde su debut en Una estación de paso (1992), hasta esta Felices 140. Por el camino, obras como El último viaje de Robert Rylands, Cuando vuelvas a mi lado, Siete mesas de billar francés, Héctor y 15 años y un día –unas mejores, otras peores, todas con sello- y su trabajo para televisión en series como Hospital Central, U.C.O., Cuéntame cómo pasó, Víctor Ros o Sin identidad.

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La primera sorpresa –grata- con la que uno se encuentra en Felices 140 es que ha logrado llegar al estreno libre de eso tan de moda llamado spoilers. Porque, si uno le echa un vistazo al tráiler, se espera la comedia más o menos romántica y/0 más o menos negra; incluso el drama generacional. Hasta que, de golpe y porrazo, se topa con la sorpresa. No porque la obra pierda fuerza y mude en blockbuster ñoño, sino porque, de repente, se convierte en otra cosa. En retrato humano que nos deja a todos en cueros; en radiografía social turbadora –y despiadada- llena de ironía, sarcasmo y una buena dosis de inquietud. Porque, quien más, quien menos se (re)conocerá –el tanto por ciento lo decidirán ustedes- en una actitud, en algún personaje, en determinado punto de vista, en ciertas decisiones, en según qué duda moral.

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Porque el primer gran mérito de la película reside, precisamente, en ese giro inesperado parido en la verdadera sala de máquinas de toda obra dramática: el guión. En este caso, firmado por la propia Querejeta y por Santos Mercero, otro hijo de ilustre que se ha currado el reconocimiento como teclista de dramas en el universo de las series españolas (Farmacia de Guardia, Hospital Central, Lobos, MIR, El pacto), y que debutó en el largo precisamente de la mano de la propia Querejeta en 15 años y un día. En la capacidad de ambos escritores por construir un universo de 9 personajes en el que estamos todos incluidos, la sociedad entera encerrada en el microcosmos de una maravillosa finca canaria -­propiedad de un adinerado arquitecto alemán; quien quiera verle los tres pies al gato, que se los vea-. El segundo lo constituye el maravilloso elenco de actores que les dan vida: Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Eduard Fernández, Nora Navas, Ginés García Millán, Paula Cancio, Alex O’Dogherty y Marcos Ruiz. Tipos normales –quizás el personaje de O’Dogherty constituya la excepción menos afortunada de la película- machacados por la vida, por la crisis, capaces de vender su alma al capital a cambio de un poco de (falsa) felicidad. Y es que, como decía Woody Allen: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”.  

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Lo que más duele de esta interesante  y valiente Felices 140 es que son ustedes, soy yo, quienes estamos en pantalla. Con nuestras virtudes, pocas, y nuestros defectos y miserias,  generalmente unos cuentos más. Así que, como suelo decir en ocasiones, avisados quedan.

ADVERTENCIA FINAL: Felices 140 es una película que invita al debate posterior, mejor con cervecita de por medio, así que vayan con tiempo.

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