CULTURA RENTABLE

Juntar los conceptos de cultura y rentabilidad en una misma frase provoca que a cierta intelectualidad se le laceren las carnes, pero si uno quiere que un nipón le entienda, lo mejor es hablarle en japonés.

      No sé cómo sucedió, ni en qué momento exacto, pero hace ya algún tiempo cometimos un error que activó el principio del fin para los que nos dedicamos a esto. Me refiero al concepto de gratuidad, pegadito a ese otro anatema llamado subvención pública. Aquel maná nos ha traído hasta hoy, día en el que lo cultural se taja a mamporros porque no es rentable. La gente cree a pies juntillas que en este país todo lo nuestro está subvencionado. Que le cuesta dinero al saco público y no reporta nada, y el político corta sin miedo a perder votos.

        Hace unos días, la Spain Film Comission presentó en el Festival de Málaga una app sobre turismo cinematográfico que contiene rutas por las localizaciones de distintas películas rodadas en España a lo largo de los años, que son unas cuantas. El apartado referido a Navarra –aún en desarrollo- lleva el nombre de The Way en referencia a la película dirigida en 2010 por Emilio Estévez. Durante el mismo acto, Susana de la Sierra, directora del ICAA (Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales), se refirió a la importante contribución económica de las oficinas de filmación de las distintas Comunidades Autónomas y ciudades que la tienen, las Film Comission. Tanto en el beneficio directo que generan, como en el retorno económico de futuro en forma de turismo que suponen.

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     Les cuento grosso modo cómo funciona el asunto. Cuando una productora decide rodar parte de una película en una localización, desplaza a un equipo que tiene la costumbre –ya conocen a esta gente del cine- de dormir y comer en la zona mientras dura el rodaje. Pongamos que les hablo de una producción de unas 60 personas y de un tiempo medio de dos semanas de filmación (es imposible ofrecer una cifra concreta, cada rodaje es único, los hay de más de 200 personas y 3 meses, los hay de 6 personas y un día, o dos). ¿Qué impacto económico acarrea su presencia? Déjenme que les haga un cálculo torpe: pongamos una media de gasto en comidas de 10 euros por persona (10 euros por comida y 10 por cena x 60 individuos/día x 14 días = 16.800 euros). A eso súmenle –tiremos por lo bajo- 50 euros por persona/día en camas, lo que suponen 42.000 euros más. La suma es fácil: 58.800 euros en beneficios directos para la hostelería de la zona, que luego pagará sus impuestos.

 Pero esa no es la única guita contante y sonante que deja una producción. Las empresas –eso son, empresas cinematográficas- también pagan por los permisos de rodaje. Para que se hagan una idea: filmar en Bardenas, donde se rodó parte de la superproducción El consejero (Ridley Scott, 2013), costaba 1.000 euros/día en 2012 (http://www.bardenasreales.es/notificacion.php?id=12), lo que supone un ingreso para el Consorcio de 14.000 euros. Llevamos 72.800.

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       Además de comidas, pernoctaciones y permiso de rodaje, las producciones foráneas suelen contar con ayudantes de producción locales que les facilitan el trabajo, incluso con sonidistas y cámaras, lo que supone un ingreso en sueldos –contratos temporales que cotizan-. A eso súmenle el trabajo de carpinteros, pintores, atrezzistas, maquilladores, peluqueros, eléctricos, transportistas y empresas de carpas contratados como apoyo para levantar o vestir escenarios, desplazar equipos y gentes… Y los extras. Como ven, el dinero dejado en la comunidad por nuestro rodaje se incrementa a cada paso.

     Para que se hagan una idea (arrimo el ascua a mi sardina, lo sé): Exodus, de Ridley Scott, ha movilizado hasta Fuerteventura a un equipo de 400 personas, que han permanecido en la isla 4 semanas. Añadan a eso 300 extras, 65 caballos, 4 burros, 9 mulas, camellos autóctonos, cabras, todos animales alquilados allí. El gasto final que ha dejado la producción ha sido de aproximadamente 7.000.000 de euros para Canarias.

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     En Navarra se rueda mucho. Más de lo que ustedes creen, especialmente publicidad (uno no puede ver un anuncio de coches sin la Bardena de fondo últimamente). Pero también videoclips, documentales, cortometrajes, tv movies, reportajes y algunas cintas de postín. En 2009 se rodaron 52 proyectos audiovisuales aquí. Tras el ejercicio de 2010, la cosa había subido a 103. Solo en 2013 hubo 73 rodajes, y, en 2014, el número de proyectos atendidos por la Fundación INAAC había alcanzado los 250. La mayoría de ellos ha supuesto un impacto económico directo, primero, e indirecto después (turismo), para nuestra comunidad. Unos más, otros menos. Dejen que me aventure en el mundo de la ficción verosímil. Si la media de cada una de esas producciones hubiera sido de 72.800 euros, el INAAC habría facturado para las arcas 18.200.000 euros desde sus inicios. Si somos más realistas y rebajamos esa cifra –no todas las producciones mueven tantos cuartos, por supuesto- a, pongamos, 20.000, el montante hubiera alcanzado los 5.000.000. Pueden seguir ustedes calculando por su cuenta, hacia arriba o hacia abajo.

   ¿Cómo conseguimos que una gran producción cinematográfica se venga a rodar a nuestra casa? Fácil: invirtiendo. En promoción. Y ofreciendo incentivos y desgravaciones fiscales (Canarias ofrece el 38%). Ese es el trabajo que realiza una Film Comission. Una inversión de presente y de futuro. Hace dos semanas me di una vuelta por Zugarramurdi y uno de los chicos que atendía la taquilla me comentó que las visitas se habían multiplicado por 3 tras la película de Álex de la Iglesia. Doy fe. A 4 euros la entrada, más comida en la zona, la aritmética sale positiva. Y es fruto de la película (del mismo modo que la tarea literaria de Dolores Redondo ha supuesto un impacto económico para Baztán, y supondrá aún más si la trilogía se convierte en celuloide).

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       Son muchas las películas que se han rodado en Navarra a lo largo de los años. Orgullo y pasión, Patton, Cromwell, Robin y Marian, La batalla de las Ardenas, El mundo nunca es suficiente, El hombre que mató a Don Quijote, Furtivos, Tasio, Bajo las estrellas, Campanadas a medianoche, Obaba, Visionarios, Tierra, Secretos del corazón, Silencio roto, Vacas, Camino…  Cito solo unas pocas. Entre las mencionadas suman 8 Oscar, 1 Concha de Oro, 3 Fotogramas de Plata, 16 Goya, 1 Ángel Azul en Berlín, 3 Sant Jordi, un premio en Cannes y 1 Gaudí. En todas se ha visto Navarra.

     Esta Comunidad es una tierra única para rodar, capaz de ofrecer localizaciones tan dispares como el árido desierto de las Bardenas, las campas de Urbasa, los hayedos de Irati, los bosques de Quinto Real, la alta montaña de Belagua… Todo a una hora u hora y media de distancia en coche. Castillos, cercos, palacios, pueblos grandes, pueblos pequeños, ciudad… Pocas comunidades disponen de semejante elenco en tan poco espacio. Solo nos falta el mar.

      ¿Por qué les cuento todo esto? Porque no es cierto que la cultura sea deficitaria. Todo lo contrario: es rentable. Y puede serlo mucho. Debemos asumir que ese es el único idioma que entienden. Que no les importan los beneficios ajenos al parné, la salud del alma, el disfrute, la risa y el llanto terapéuticos, la educación, la simple distracción, la seria catarsis; todas esas cosas que nos hacen mejores personas. Las gentes de la cultura debemos dejar de rasgarnos las vestiduras y comenzar a defender lo nuestro en términos económicos. Nos toca aprender japonés, señores. A todos. Si no, seguirán recortando con la excusa de que costamos dinero.

 

 

 

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