ÉPICA DESCAFEINADA

George Clooney se ha montado un disfrute. Un guateque de 70 millones de dólares. Y ya se sabe que, cuando uno tiene la cartera llena, como el soldadito marinero de Fito Cabrales, pues todos te dicen te quiero. La bebida es de primera, como los canapés, y los invitados son de postín: Matt Damon, Bill Murray, Cate Blanchett, John Goodman, el señor Dujardin, Bob Balaban y Hugh Bonneville. De guionistas tenemos al propio Clooney y a Grant Heslov, un tipo que tan pronto te escribe Buenas noches, y buena suerte y Los idus de marzo, como te dirige Los hombres que miraban fijamente a las cabras o te produce El americano, Argo o Agosto. Eso, además de actuar en un puñado de películas y series. Otro miembro del club Clooney.

monuments-men-220131027212321

Nada de todo esto, sin embargo, te asegura que el evento se convierta en algo tan memorable que el couché lo recuerde durante generaciones. Porque The Monuments Men tiene todos los elementos (sumen a los anteriores la Fotografía de Phedon Papamichael, que no solo hace casi todo lo de Clooney, también lo de Alexander Payne; y el Montaje de Stephen Mirrione), pero queda lejos de los trabajos anteriores del Clooney director, que son también los del Heslov guionista. Quizás es culpa mía. A estas alturas, uno pide algo más. Un discurso un poco más profundo. Al menos.

George Clooney;Matt Damon;John Goodman;Bob Balaban

Lo que sí es The Monuments Men es una película de factura impecable. Pero poco más. Basada en el libro homónimo escrito por Robert M. Edsel y Bret Witter (publicado por la editorial Océano), narra el trabajo del grupo de hombres y mujeres encargados de localizar y recuperar algunas de las obras de arte privadas más importantes –Miguel Ángel, Da Vinci, Vermeer, Van Dyck, Rembrandt…- del mundo mangadas por los nazis durante la IIGM. Y, para rematar –porque uno necesita un nuevo enemigo final-, de la posterior rapiña soviética. La pena es que los motivos que llevaron a ese grupo de intelectuales metidos a soldados se despacha con dos discursitos ligeros de equipaje, muy al estilo Hollywood. Épica sin ética.

Los auténticos Monument Men.

Los auténticos Monument Men.

George Leslie Stout, al que interpreta Clooney en la película.

George Leslie Stout, al que interpreta Clooney en la película.

Arte-en-la-II-Guerra-Mundial1

monuments-men

El mayor escollo de The Monuments Men es su falta total de conflicto. Y les aseguro que para todos aquellos que nos dedicamos al noble arte de juntar letras (literarias y audiovisuales), eso constituye un verdadero problema. Porque la esencia del arte narrativo radica en el conflicto. Solo de él surgen la emoción y la profundidad. La película de Clooney es plana, inocua, intrascendente. Cine de evasión con aires clásicos del que nos pasaba TVE los sábados en Sesión de Tarde. Ni siquiera una mota de polvo en los personajes. Ni una duda, ni una arista, ni una esquina. Ni un merodeo por algún callejón sórdido y oscuro del alma. Ni un momento de cine bélico de calidad. Ni un asomo a la suciedad de la guerra. Demasiada bonhomía.

Pero si no le piden ni conflicto, ni emoción, ni discurso a la cosa, y sí entretenimiento simple, es probable que The Monuments Men no les defraude. Claro que siempre pueden optar por tirar de videoteca y disfrutar de la magnífica El tren (John Frankenheimer, 1964), basada en el libro escrito por Rose Valland, la conservadora de la Galería Nacional de Jeu de Paume adjunta al Louvre, que se jugó el pellejo por salvar los tesoros privados de las colecciones judías de su país. El personaje de Claire Simone (interpretado por Cate Blanchett) en The Monuments Men está inspirado en ella.

Rose Valland.

Rose Valland.

El propio Robert M. Edsel produjo en 2006 el documental The rape of Europa (R. Berge, B. Cohen y N.e Newnham), en el que se glosa su figura, y que recoge el testimonio de algunos supervivientes del grupo y de varios de los propietarios de obras de arte robadas. “¿Qué es más valioso, una obra de arte o una vida humana?”, se plantea uno de los protagonistas. Si quieren saberlo, no duden en sumergirse en sus aguas. Se lo recomiendo.

Ya ven, si rebusca, uno siempre encuentra algo bueno que echarse a los ojos en cualquier parte.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *