ESTO NO ES TARANTINO

Llega un director de cine británico y hace una película sobre la esclavitud en los estados del sur de Estados Unidos. Y encima se llama Steve McQueen. Sí, como el actor de Bullit. Como Thomas Crown, vaya. El primero. El bueno. Debería limitarme a escribir que dejaran lo que están haciendo y corrieran a su sala de cine más próxima. Ahora mismo. Vayan. Ya. No porque estemos ante la película que probablemente se llevará casi todo lo gordo en los Oscars. Eso se lo dejo a los fetichistas. Sino porque estamos ante una de las mejores películas del año. Suerte la mía, llevo dos semanas de pleno al quince.

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12 años de esclavitud es una de esas obras que a uno le quiebran el espinazo y le sacuden toda la química cerebral, o el corazón y el alma, si lo prefieren poético. Profunda, apabullante, dura, despiadada, honesta, brillante. Y uno de los mayores aciertos de casting de los últimos tiempos. Chiwetel Ejiofor es uno de esos actores. Es probable que, a pesar de que lleva un buen montón de películas sobre los hombros (Amistad, Love Actually, Plan oculto, Hijos de los hombres, American Gangster, Cinturón Rojo –no puedo resistirme a citar a Mamet, ya lo saben, y menos si hay jiujitsu de por medio-, casi nada, ¿verdad?), piensen que no le habían visto hasta ahora. Pues les digo que este londinense de padres nigerianos es uno de los mejores actores británicos de los últimos años. Tiene en su haber nada menos que el Olivier por su trabajo en Othello sobre las tablas –que es donde, para algunos, uno da o no da la talla como cómico de verdad-. Y en esta película da una muestra de lo que es capaz. Si a eso le sumamos que el resto del reparto funciona a la perfección, ya tenemos la cena servida en el mismísimo Noma o en El celler de Can Roca. ¿Es este el mismo Michael Fassbender que vimos hace un par de semanas en El consejero? Sí. ¿Recuerdan que les hablé de eso llamado dirección de actores hace un tiempo? Ahí tienen la prueba, vivita y coleando, de la importancia de llevarles bien.

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Les digo lo del Sr. Fassbender porque, antes de que se convirtiera en pieza de caza mayor, comenzó trabajando con Steve McQueen. No el actor de La gran evasión, por supuesto, sino el director de Hunger (2008), su primer largo –aunque es un cortometrajista de lo más prolífico, género que no abandona, nada menos que 23-, en el que ya trabajaba Fassbender, y de Shame (2011), en la que fue protagonista. Aquí nos ofrece una interpretación que me hace recordar al funestamente real Amon Leopold Göth (director del campo de concentración de Plaszow-Cracovia) que tan brutalmente interpretó Ralph Fiennes en La lista de Schlinder: un psicópata caprichoso, despiadado, vulgar, de bajas pasiones y temoroso de dios. Un tipo banal como el que describió Hannah Arendt.

Quizás lo más terrible del filme sean sus primeros fotogramas. Una pantalla en negro y esa frase que tantas veces hemos leído marchando delante de  multitud de telefilmes de sábado o domingo por la tarde. Basada en hechos reales. Porque 12 años de esclavitud cuenta la historia de Solomon Northup, hombre libre del norte (Nueva York, estamos en 1850) secuestrado y llevado a las plantaciones del sur de Estados Unidos (Luisiana) en las que sobrevivió como un esclavo más. Uno de tantos, tantísimos, que poblaban las plantaciones de algodón, de caña de azúcar y otros cultivos por aquel entonces. Algo en lo que, por cierto, nosotros y nuestros vecino de península tenemos tanto que ver.

La historia está adaptada para la pantalla por John Ridley, novelista y guionista (la serie de culto El príncipe de Bel Air, Giro al infierno, de Stone, o la historia de Tres Reyes, de David Russell), con fotografía de Sean Bobbit (que trabajó con McQueen en sus dos primeros largos y que acaba de firmar la versión americana de la indispensable Old Boy, de Park Chan-wook dirigida por Spike Lee y protagonizada por Josh Brolin) y la edición de Joe Walker, también con McQueen desde el principio. Pero si algo destaca por encima de su trabajo es la apuesta de Hans Zimmer (Rain Man, Thelma&Louise, Piratas del caribe, El rey león, Marea roja, Gladiator, Mejor…Imposoible, La delgada línea roja o El caballero oscuro, entre decenas más), uno de los padres de la integración de la electrónica junto a los arreglos más tradicionales, en la banda sonora. Escuchen. Escuchen.  También es de primera la contribución de John Legend, icono del Rythim&Blues en la elección de las canciones.

Hans-Zimmer

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El único pero que me surge con 12 años de esclavitud tiene que ver con la forma poco acertada en la que el filme nos muestra el paso del tiempo. Me refiero a esos 12 años, añazos, que Northup pasa –pasó- como esclavo. No es tanto una cuestión de caracterización, sino de saber transmitir de un modo dramático el peso tic-tac, tic-tac, terrible, de esos doce años. La película está llena de buenas escenas, pero, en algún momento, la puntada que las hila  no acaba de funcionar del todo. Digamos que es de punto de cruz y no de punto yugolslavo.

En cuanto al trabajo de McQueen, fiel. Firme a su lenguaje, el ya mostrado en Shame y en Hunger, con sus encuadres, su tempo, sus momentos largos en los que aparentemente no sucede nada, pero en los que pasa mucho. La única diferencia es que ahora juega en Champions.

No se la pierdan.

 

 

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