SOSHITE CHICHI NI NARU. DE TAL PADRE, TAL HIJO

Si Kore’eda Hirozaku (是枝裕和) fuera un valor en bolsa, sería de esos a los que uno se agarraría. Les aseguro que uno no puede decir semejante cosa de muchos directores. Ni de muchos valores. Bueno, seamos sinceros: de casi ninguno. Lo escribía la semana pasada: en este mundo de la pantalla, nadie sabe nada. Además, todos tenemos horas, días, meses, años horribilis. Kore’eda, al parecer, no. O menos que nadie. Su última película, De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni maru) es una maravilla. Así de simple.

Kore'eda Hirokazu

Kore’eda Hirokazu

Kore’eda (Tokio, 1962), que quiso ser novelista, pero se lo pensó, es probablemente el mejor director de cine japonés actual. Es un japonés típico, pero atípico. Si lo prefieren, un japonés atípico, pero típico. Aunque les confieso que, si lo pienso, ni yo mismo soy capaz de razonar tal afirmación. Es más bien un sentimiento que se ha instalado en alguna grieta de mi seso al ver sus obras. A sus espaldas, jóvenes, un puñado de buenas películas, nada menos que 9 desde que debutó en el largo de ficción con Maborosi (1995). Después vinieron After life (1998), Distance (2001), Nadie sabe (2004), Hana (2006), Still walking (2008),  Air doll (2009) y Milagro (2011). Y, entre película y película, sus documentales, que nunca ha dejado de lado y con los que empezó allá por 1991; nada menos que 11. El último, un corto dedicado a la tragedia de Fukushima.

Cartel de la película.

Cartel de la película.

Les decía que De tal padre, tal hijo, su último largometraje, es una maravilla. Lo es. La casualidad ha querido, además, que coincida en pantalla con otra película nipona, Una familia de Tokio, de otro de mis directores japoneses favoritos, Yoji Yamada, una revisión (me resisto a usar la palabra remake) de Cuentos de Tokio (Tokyo Monogatari, 1953), la obra maestra del más grande y más japonés de los directores de cine nipones, el maestro Yasuhiro Ozu. Debido a semejante circunstancia, uno podría pensar precisamente que Yamada es el nuevo Ozu. Pero no. Yamada, que lleva colgados sobre los hombros 82 años y la friolera de 79 películas como director (la última, titulada Chiisai ouchi, está en fase de postproducción y tiene previsto ver la luz en enero-febrero de 2014), es Yamada. El nuevo Ozu del cine japonés, pero sin serlo, porque tiene identidad propia, es Kore’eda.  Su forma de narrar, de encuadrar, sus travellings suaves, casi imperceptibles, su modo de mirar a los personajes recuerdan en muchos momentos a Ozu. TAmbién algunas de sus historias. Yasujiro Ozu murió en 1963, un año después del nacimiento de Kore’eda. Ambos tokiotas. Me hace gracia pensar que parte del espíritu vital expirado por Ozu lo respiró Kore’eda.

Han pasado muchos años entre Ozu, Kurosawa, Naruse, Mizoguchi y Kore’eda, pero uno constata con alegría que el cine japonés sigue viviendo un gran momento, aunque los amantes de lo asiático hayan derivado últimamente más hacia lo coreano, con Kim Ki-duk, o hacia lo chino, con Wong Kar-wai, que tampoco son mancos, todo sea dicho. No es una cosa de gafapastas, no se crean, sino simplemente de amantes del buen cine.

Hace unas entradas, en este blog hablaba de Caníbal y la tildaba de fría. Muchos rechazan el cine japonés escudándose en que les parece lento y frío. No es así. Lo que es el cine de Kore’eda es contenido. Les vaticino algo. Steven Spielberg, que presidía el grupo de señores y señoras que otorgó el Premio del Jurado de la última edición del Festival de Cannes a De tal padre, tal hijo, compró los derechos para una versión norteamericana nada más llevársela a los ojos. Aunque ni siquiera se ha rodado, estoy seguro de que la cinta será mucho menos contenida en su forma, pero, seguro, ni una pizca más dramática. Porque por estos lares tendemos a confundir y mezclar términos. Será por nuestra afición a los gintonics y el roncola. Tenemos una tendencia equivocada a creer que lo verdaderamente dramático, trágico incluso, es inconcebible sin llanto desgarrador, sin lágrimas con más metros cúbicos que las cataras Victoria, sin histrionismos, sin personajes expresando en voz alta cómo se desgarran por dentro. Sin manierismos. Eso es lo que nos parece verdaderamente dramático, verdaderamente trágico, qué le vamos a hacer. Claro que esos mismos espectadores son los que luego aplauden American Beauty.

Así será la versión de Dreamworks, se lo aseguro. Como también les aseguro que De tal padre, tal hijo es una de las películas más dramáticas, mejor contadas y construidas que he visto en mucho tiempo Es cine. Por fin, buen cine. Nada más y nada menos que eso: buen cine. Un apunte más: las Variaciones Goldeberg de Bach le sientan como un guante a la película. Sí señor.

Aquí les dejo el trailer de la película, para que abran boca.

http://www.youtube.com/watch?v=fs7Bo_fmzUI

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Una respuesta a SOSHITE CHICHI NI NARU. DE TAL PADRE, TAL HIJO

  1. Silvia dijo:

    Totalmente de acuerdo, una gozada de película.

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