31. Luz de agosto, William Faulkner

Esas historias propias con las que nos entretenemos acaban conformando un aprendizaje alternativo, una enseñanza paralela a otras que incorporamos desde fuera o que nos imponen los demás. El caudal de recuerdos no es sólo una novela por capítulos con la que distraernos en ciertos momentos, sino una confesión de uso privado. Hay veces en que, en lugar de rezar, hacemos memoria y de ese modo logramos un alivio parecido al que proporciona la oración.

En Luz de agosto, al empezar el episodio donde cuenta la infancia de Joe Christmas en el orfanato, Faulkner escribe: la memoria cree antes de que el conocimiento recuerde. Cree mucho más tiempo que recuerda.

Lector: ¿Lo consideras un ejercicio recomendable a cualquier edad?

Ese profesor al que seguí por las calles de Barcelona nos había enseñado Filosofía. Al principio, como era una materia nueva, había bastante expectación entre nosotros. Los que tenían hermanas o amigos en niveles superiores ya habían oído hablar del señor Beltrán y de las clases tan raras que daba, pero los demás aún no le conocíamos. Cuando entró en el aula el primer día, estábamos sentados en silencio con el libro encima de la mesa. Suponíamos que, después de presentarse, nos pediría que lo abriéramos por el índice y que luego todo sería igual que en el resto de asignaturas. Sin embargo, él se quedó de pie mirando por la ventana y nos dijo que la primera lección consistiría únicamente en recordar. Nos aconsejó que dirigiéramos la vista hacia el jardín o que cerráramos los ojos sin dormirnos, y que a continuación pensáramos en el último verano, en los cursos anteriores o en los años en que todavía no íbamos al colegio.

A algunos de mis compañeros aquello les pareció una estupidez, pues a los quince años preferían imaginar el futuro, mirar sólo hacia delante, pero a mí me encantó esa manera de comenzar y a partir de entonces ya no dejé de escuchar al profesor.

Aparte del fragmento que he transcrito más arriba, de Luz de agosto me gustan los personajes y ese aire de brutalidad arraigada que envuelve toda la novela. Aunque a ratos Faulkner se extiende demasiado o se hace un lío con ciertas descripciones, es asombrosa su manera de construir un mundo propio mientras va soltando frases brillantes sobre un lugar, unas personas y sus vidas. Admiro cómo, con breves introducciones o diálogos lacónicos, es capaz de levantar de la nada una serie de figuras con su presente y su pasado, un conjunto de hombres y mujeres tensionados por deseos y sentimientos miserables.

Si bien pertenecen a una sociedad muy distinta a la nuestra, alejada en fundamentos y costumbres, algunos personajes del libro alcanzan una dimensión literaria que sigue siendo enorme a miles de kilómetros y muchas décadas después. Así, el reverendo Hightower podría ser el protagonista de una historia independiente. Es una de esas creaciones con tanto potencial novelesco que incluso en manos de un autor mediocre daría mucho de sí. Todo lo que se cuenta sobre las escapadas de su mujer a Memphis, sus arengas desde el púlpito de la iglesia o su caída en desgracia dejan en el lector la impresión de haber vivido algo con mucha intensidad.

Resultado de imagen de imagenes de reverendos del Far West

Lector: ¿Crees que hay oficios más literarios que otros? El predicador, el aviador, el jefe de estación, el telegrafista, el soldado que regresa del frente, el…

Aquel día de noviembre ya había anochecido, de modo que me acerqué más a mi profesor para no perderle de vista. Habíamos dejado atrás el Ensanche y ahora estábamos en las calles peatonales del Borne. Hubo un momento en que él empezó a andar despacio y yo pensé que no tardaría en pararse en algún sitio.

No había preparado ningún plan. Aún no tenía claro si me dirigiría a él o si me bastaba con saber qué asunto le llevaba a ese barrio. Iba dando vueltas al dilema, cuando, de repente, vi cómo el señor Beltrán abría la puerta de un recinto ajardinado y entraba sin cerrarla del todo. Yo dudé unos segundos, pero al final también me metí.

Lector: ¿No era una propiedad privada?

Era un edificio antiguo cuya estructura habían conservado construyendo en su interior viviendas nuevas. El patio era una zona común, así que, si el profesor se volvía hacia mí en ese momento y me pedía explicaciones, yo podía alegar que iba a visitar a cualquier otro vecino.

Lector: Sin embargo, tú ya habías decidido que le seguirías hasta el final. Que irías a su casa y hablarías con él, ¿verdad?

            (…)

Resultado de imagen de imagenes de patios entre edificios

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *