30. Rilke, Hans Egon Holthusen

Pero también es verdad que la escritora italiana es capaz de apreciar las bondades de sus años de exilio gracias al recuerdo. Al echar la vista atrás para componer los relatos de su libro, tuvo que evocar las escenas que recoge en él y, al hacerlo, las dotó de un tono narrativo anterior y distinto al adoptado en el acto de escribir.

Esa voz propia de la evocación es un estilo literario al alcance de todos. Es una tonadilla que se genera automáticamente, una música dulce que no necesitamos crear porque es inherente al hecho de recordar. Y lo bueno es que el mecanismo de la memoria es tan perfecto como proceso de reciclaje que puede salvar la vivencia más anodina o la más desagradable. Antes de ponerlo en marcha, es decir, todavía en el lugar, notamos que falta algo, que, a pesar de la intensidad del momento, nos queda un trecho por recorrer. Es el vínculo final al que alude Rilke cuando, después de contemplar un paisaje durante una excursión, dice sin estar convencido del todo: Me falta la línea sensible que convierte la impresión en experiencia.

Lector: Ya que has elegido una biografía y, teniendo en cuenta que esta selección es también un repaso a distintos géneros, quiero aprovechar la ocasión para preguntarte qué ventajas le ves respecto a la autobiografía.

Antes, si me daban a elegir, siempre escogía las memorias escritas por el protagonista. Deseaba escucharle, conocer su versión del asunto. Al comentar aquí el libro de Paul Auster, ya vimos cómo en el caso de algunos autores eso nos permite acceder a los pasajes decisivos de sus vidas. Gracias a la honestidad con que abordan la retrospectiva de sí mismos, el lector tiene la oportunidad de saber cuándo dudaron, qué cosas temieron y cómo reaccionaron en todos esos instantes de incertidumbre.

Ahora no lo tengo tan claro. A veces, tratándose de un escritor demasiado vanidoso, es más razonable recurrir a la visión de un tercero a la hora de conocerle. Lo curioso es que a menudo éste es el más beneficiado por el hecho de que sea otro quien se ocupe de volver sobre sus pasos. Sí, porque el texto que le habría salido a él habría sido algo imposible de digerir, un panegírico sin interés. En manos de un biógrafo, en cambio, el personaje aumenta de estatura, queda envuelto en una aureola magnífica, se convierte en una figura aún más admirada por el lector.

En cuanto a Rilke, no estoy seguro a cuál de esos dos grupos pertenece. A través de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge o de Cartas a un joven poeta, que no son ninguna autobiografía, podemos intuir el tono y los asuntos que habría escogido si la hubiese escrito.

En todo caso, el libro de Holthusen no pretende profundizar. Se trata de un trabajo divulgativo cuya finalidad es despertar un primer interés por Rilke en quienes aún no le conozcan. Y su mayor virtud es que lo consigue. Gracias a una combinación armoniosa de texto y fotografías, el autor hace referencia a los hitos principales presentándolos de un modo atractivo. Menciona a Lou Salomé, a Rodin, a Paula Becker, a Cézanne, a la princesa Marie von Thurn und Taxis, la colonia de artistas de Worpswede y el palacio de Duino, y logra que el lector desee saber más al terminar el libro.

Lector: Y supongo que la mejor sensación después de la lectura es la de haber estado con el personaje, o quizá la pena de no haberle conocido en vida.

Ahora, cada vez que empiezo uno de los talleres literarios, miro hacia la derecha para ver quién se sienta en la silla que está más cerca de mi mesa. Es el lugar que ocupaba mi alumna del hospital psiquiátrico mientras asistió al curso de escritura autobiográfica. Sé que ya no volveré a verla ahí, y sin embargo no puedo evitar fijarme en ese sitio. Hay un momento, a mitad de la sesión, en que empiezo a recordarla con más intensidad. Me acuerdo de las objeciones que planteaba en clase, de su discrepancia constante con los ejercicios que yo proponía. Es cierto que entonces me sentía incómodo, pero, aun así, la echo de menos. Embellecida por el tiempo transcurrido desde aquel taller y por lo que después he sabido de ella, su imagen evocada crece y mejora, ya es un relato que me cuento a mí mismo.

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